Desenvolva uma percepção mais sutil e acurada
Por Julio Cesar Tafforelli
Mindfuless é a capacidade de concientização de todos o dados perceptivos do monento presente.
Mindfulnes o também chamada de atençaõ plena pode ser mehor compreendida a traves da propia experiencia pois qualquer descrição del por mais acurada que seja nunca seria completa e correta
Quando vocêbserva ou escuta ago, ha um curtissimo periodo de toamada de consciencia queaconteze imediatamente antes de que você coceitualiza o que está acontecendo ou o objeto
Este curto momento de acurada percepção ao qual chamamos de mindfunes ou de atenção plena apece imediatamente antes de que você comence a pensar sobre o objeto ou situação.
Antes que que qualquer objeto o objeto na sua frente ou a situaão na qual se encontra de uma forma definitiva ha uma chance , que pode ser treinada e desenvolvida ,de ter um lampejo de percepção pura, isto é , não deturpada, por seu ego, suas emoçoes , os seus propósitos etc.
Este momento de perceção pura , que chamans de mindfulnes ou de atenção plena , é bem desfocado e muito tenue
Muito provavel que você tenha desenvolvido o habito de pular esta etapa percetiva e esteja acostuma a ir diretamente para a conceitualização do objeto ou coisa , colocando um rotulo nella e ficando assim em uma perceção congelada e num simbolismo definitivo
Terapia da Meditação de Atenção Plena (mindfullness) é o metodo utilizado por Julio Tafforelli Fone (011) 3422-9135 Horario Comercial
sábado, 4 de setembro de 2010
quarta-feira, 1 de setembro de 2010
Mindfulness no tiene una palabra equivalente en el idioma español pero podríamos traducirla como atención plena. Para alcanzar la conciencia plena debemos entrar a través de la relajación. Un verdadero desafío para esta vida acelerada de hoy día. Una manera de lograrlo es al modo en Krishna nos sugiere en el Bhagavad Gita, capítulo 2, esloca 38 (trad. Ed.Hastinapura):
“Aceptando por igual el placer y el dolor, la ganancia y la pérdida, el triunfo y la derrota, apréstate a la batalla. Así no caerás en error.”
Practicar la atención plena implica percibir la realidad como si se tratara de la primera vez, despojándose de cualquier expectativa previa. . Esto permite descubrir nuevos aspectos ya que cuando se observa algo con un prejuicio sólo se ve aquello que se espera ver. La atención plena es mirar la realidad con ojos recién estrenados, con ojos de principiante.
Cuando la información procedente de los órganos de los sentidos se abre paso a través de sistemas sensoriales hacia zonas cada vez más elevadas del sistema nervioso, se ve constreñida y modelada por la actividad nerviosa de extensas redes neuronales, que la filtran con criterios basados en la experiencia vital previa de cada sujeto.
En términos neurofisiológicos, esa influencia que nos filtra la percepción de la realidad ha sido bautizada por Engel, Fries y Singer (2001) como procesamiento de arriba abajo, en oposición al procesamiento de abajo arriba, que describe la entrada de información “fresca” desde los órganos sensoriales.
Hay amplia evidencia – escriben Engel, Fries y Singer (2001)-, de que el procesamiento de estímulos está controlado por influencias de arriba abajo que conforman poderosamente las dinámicas intrínsecas de las redes tálamo - corticales y crean constantemente predicciones acerca de los eventos sensoriales entrantes. ¨
Los procesos de arriba abajo poseen un alto valor para la supervivencia al facilitar una toma rápida de decisiones, necesarias para sobrevivir.
En ese proceso de clasificación de la información, que trata de hacer encajar todo lo nuevo en categorías y moldes viejos se pierde una gran parte del material entrante, precisamente la más novedosa, la que no se deja asimilar fácilmente a las categorías previamente establecidas.
El sistema impone una serie de filtros automáticos que resaltan los aspectos ya conocidos de la realidad y atenúan, o eliminan del todo, los aspectos novedosos de la misma.
Los procesos de arriba abajo son muy poderosos ya que como dice Siegel (2007), están respaldados por una conectividad neural muy potente –mucho más potente que la incertidumbre de vivir en el aquí y ahora.
La información del aquí y ahora (de abajo arriba) tiene, por tanto, muchas dificultades para hacer llegar a la conciencia su auténtico mensaje. Esa información entrante o primaria ha sido clasificada por Siegel (2007) en 8 sentidos o corrientes de información sensorial, clasificación muy útil, sobre todo a la hora de representarnos mentalmente la información que manejamos al practicar la atención plena.
Estos ocho sentidos son: los cinco órganos de los sentidos clásicos, la interocepción (incluyendo las sensaciones viscerales y propioceptivas), la comprensión de la mente (de la propia y de la ajena) y, por último, el octavo sentido, el relacional, que nos informa sobre la existencia de resonancia o disonancia en nuestras relaciones interpersonales.
Lo interesante es que podemos relacionar cada una de las ocho corrientes informativas, o aferentes (de abajo a arriba) con sus zonas cerebrales correspondientes. Los cinco sentidos tradicionales tienen sus áreas primarias en las regiones posteriores de la corteza cerebral (menos el olfato).
Las sensaciones interoceptivas implican a la porción somatosensorial de la corteza y las zonas medias prefrontales, junto con la ínsula, que mapea estados viscerales.
En los estados de auto-conciencia interviene la corteza prefrontal medial y en la elaboración de las relaciones interpersonales están implicados los circuitos de células en espejo y la propia corteza prefrontal medial.
En condiciones normales, toda esa riqueza informativa se ve restringida por las influencias de arriba abajo, que ejercen su papel simplificador y modulador a todos los niveles. Entonces los matices presente en los niveles sensoriales iniciales se va perdiendo a medida que los procesos de arriba abajo surten su efecto y asimilan su contenido informativo a categorías previamente determinadas.
La pregunta es cómo hacemos para desactivar el proceso de arriba abajo, para mirar la realidad con ojos de principiantes.
El mindfulness es la técnica que nos permite prestar una atención más plena a esas ocho corrientes de información que acceden al espacio de la conciencia. Al prestar una atención especial y detallada a la información entrante, comenzamos a dificultar el funcionamiento de los procesos de arriba abajo y favorecemos la llegada de más riqueza informativa a las instancias prefrontales.
El proceso de prestar una atención especial a cualquiera de las ocho corrientes informativas requiere que una parte del cortex prefrontal, concretamente la corteza prefrontal dorso-lateral (CPFDL) , se active al tiempo que recibe la información que está siendo privilegiada en ese momento.
A su vez al tener la atención dirigida a las corrientes sensoriales (con la participación de la CPFDL estamos implicando nuestra capacidad de auto-observación, es decir la metacognición que nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha (y que implica la intervención de las zonas más mediales del cortex prefrontal, incluyendo la corteza órbitofrontal) entonces tendremos la oportunidad de flexibilizar la respuesta, desconectando, por decirlo así, la automaticidad que, se produce cuando dejamos que la corriente de arriba abajo module la respuesta. Esto se conoce como SODA; Si Observas, Desconectas la Automaticidad.
.Es interesante señalar que si la auto-observación se mantiene durante bastante tiempo (como la práctica cotidiana y constante de mindfulness permite), llega un momento en que realmente podemos ver o apreciar las características de los procesos de arriba abajo.
La auto observación, es decir la metacognición nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha flexibilizando las respuestas y desconectando, la automaticidad con la que habitualmente nos manejamos.
Al desechar los juicios previos nos abrirnos a la novedad y aceptamos la incertidumbre.
La mente sin expectativa es como un observador que ve pasar las emociones pero no se implica con ninguna. De esta manera, la mente del observador va adquiriendo apertura, flexibilidad y paciencia. Simplemente, observa y aprende.
A nivel neurofisiológico está comprobado que el mindfulness estimula la zona prefrontal de la corteza que según Stuss y Benson (1986 ) funciona en tres niveles.
El primer nivel es el de integración y organización de la información procedente de otras regiones cerebrales posteriores, con la finalidad de formar representaciones cargadas de sentido.
La información integrada se refiere tanto a aspectos cognitivos, como afectivos y motores. El segundo nivel se encarga de lo que se denominan funciones ejecutivas, que son aquellas que dirigen y controlan las conductas integradas del organismo (especialmente en respuesta a situaciones nuevas), que requieren soluciones creativas y que no pueden ser afrontadas por los mecanismos automatizados de rango inferior. Y el tercer nivel se encarga de la auto-conciencia, de la conciencia del propio self y de la propia mente. En los últimos años esta función se ha ampliado también al conocimiento de la mente de los demás, la llamada tdreoría de la mente.
Según el Dr. Simon la práctica prolongada de mindfulness, produce cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cerebrales cruciales para los procesos de integración, cambios que, yendo más allá de la actividad concreta que los provocó, acaban modificando una gran cantidad de comportamientos y formas de reacción del individuo, de manera que tienen un efecto multiplicador sobre su vida y sus relaciones interpersonales.
RECOMIENDO LA PÁGINA : //www.visionclara.com.ar/
“Aceptando por igual el placer y el dolor, la ganancia y la pérdida, el triunfo y la derrota, apréstate a la batalla. Así no caerás en error.”
Practicar la atención plena implica percibir la realidad como si se tratara de la primera vez, despojándose de cualquier expectativa previa. . Esto permite descubrir nuevos aspectos ya que cuando se observa algo con un prejuicio sólo se ve aquello que se espera ver. La atención plena es mirar la realidad con ojos recién estrenados, con ojos de principiante.
Cuando la información procedente de los órganos de los sentidos se abre paso a través de sistemas sensoriales hacia zonas cada vez más elevadas del sistema nervioso, se ve constreñida y modelada por la actividad nerviosa de extensas redes neuronales, que la filtran con criterios basados en la experiencia vital previa de cada sujeto.
En términos neurofisiológicos, esa influencia que nos filtra la percepción de la realidad ha sido bautizada por Engel, Fries y Singer (2001) como procesamiento de arriba abajo, en oposición al procesamiento de abajo arriba, que describe la entrada de información “fresca” desde los órganos sensoriales.
Hay amplia evidencia – escriben Engel, Fries y Singer (2001)-, de que el procesamiento de estímulos está controlado por influencias de arriba abajo que conforman poderosamente las dinámicas intrínsecas de las redes tálamo - corticales y crean constantemente predicciones acerca de los eventos sensoriales entrantes. ¨
Los procesos de arriba abajo poseen un alto valor para la supervivencia al facilitar una toma rápida de decisiones, necesarias para sobrevivir.
En ese proceso de clasificación de la información, que trata de hacer encajar todo lo nuevo en categorías y moldes viejos se pierde una gran parte del material entrante, precisamente la más novedosa, la que no se deja asimilar fácilmente a las categorías previamente establecidas.
El sistema impone una serie de filtros automáticos que resaltan los aspectos ya conocidos de la realidad y atenúan, o eliminan del todo, los aspectos novedosos de la misma.
Los procesos de arriba abajo son muy poderosos ya que como dice Siegel (2007), están respaldados por una conectividad neural muy potente –mucho más potente que la incertidumbre de vivir en el aquí y ahora.
La información del aquí y ahora (de abajo arriba) tiene, por tanto, muchas dificultades para hacer llegar a la conciencia su auténtico mensaje. Esa información entrante o primaria ha sido clasificada por Siegel (2007) en 8 sentidos o corrientes de información sensorial, clasificación muy útil, sobre todo a la hora de representarnos mentalmente la información que manejamos al practicar la atención plena.
Estos ocho sentidos son: los cinco órganos de los sentidos clásicos, la interocepción (incluyendo las sensaciones viscerales y propioceptivas), la comprensión de la mente (de la propia y de la ajena) y, por último, el octavo sentido, el relacional, que nos informa sobre la existencia de resonancia o disonancia en nuestras relaciones interpersonales.
Lo interesante es que podemos relacionar cada una de las ocho corrientes informativas, o aferentes (de abajo a arriba) con sus zonas cerebrales correspondientes. Los cinco sentidos tradicionales tienen sus áreas primarias en las regiones posteriores de la corteza cerebral (menos el olfato).
Las sensaciones interoceptivas implican a la porción somatosensorial de la corteza y las zonas medias prefrontales, junto con la ínsula, que mapea estados viscerales.
En los estados de auto-conciencia interviene la corteza prefrontal medial y en la elaboración de las relaciones interpersonales están implicados los circuitos de células en espejo y la propia corteza prefrontal medial.
En condiciones normales, toda esa riqueza informativa se ve restringida por las influencias de arriba abajo, que ejercen su papel simplificador y modulador a todos los niveles. Entonces los matices presente en los niveles sensoriales iniciales se va perdiendo a medida que los procesos de arriba abajo surten su efecto y asimilan su contenido informativo a categorías previamente determinadas.
La pregunta es cómo hacemos para desactivar el proceso de arriba abajo, para mirar la realidad con ojos de principiantes.
El mindfulness es la técnica que nos permite prestar una atención más plena a esas ocho corrientes de información que acceden al espacio de la conciencia. Al prestar una atención especial y detallada a la información entrante, comenzamos a dificultar el funcionamiento de los procesos de arriba abajo y favorecemos la llegada de más riqueza informativa a las instancias prefrontales.
El proceso de prestar una atención especial a cualquiera de las ocho corrientes informativas requiere que una parte del cortex prefrontal, concretamente la corteza prefrontal dorso-lateral (CPFDL) , se active al tiempo que recibe la información que está siendo privilegiada en ese momento.
A su vez al tener la atención dirigida a las corrientes sensoriales (con la participación de la CPFDL estamos implicando nuestra capacidad de auto-observación, es decir la metacognición que nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha (y que implica la intervención de las zonas más mediales del cortex prefrontal, incluyendo la corteza órbitofrontal) entonces tendremos la oportunidad de flexibilizar la respuesta, desconectando, por decirlo así, la automaticidad que, se produce cuando dejamos que la corriente de arriba abajo module la respuesta. Esto se conoce como SODA; Si Observas, Desconectas la Automaticidad.
.Es interesante señalar que si la auto-observación se mantiene durante bastante tiempo (como la práctica cotidiana y constante de mindfulness permite), llega un momento en que realmente podemos ver o apreciar las características de los procesos de arriba abajo.
La auto observación, es decir la metacognición nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha flexibilizando las respuestas y desconectando, la automaticidad con la que habitualmente nos manejamos.
Al desechar los juicios previos nos abrirnos a la novedad y aceptamos la incertidumbre.
La mente sin expectativa es como un observador que ve pasar las emociones pero no se implica con ninguna. De esta manera, la mente del observador va adquiriendo apertura, flexibilidad y paciencia. Simplemente, observa y aprende.
A nivel neurofisiológico está comprobado que el mindfulness estimula la zona prefrontal de la corteza que según Stuss y Benson (1986 ) funciona en tres niveles.
El primer nivel es el de integración y organización de la información procedente de otras regiones cerebrales posteriores, con la finalidad de formar representaciones cargadas de sentido.
La información integrada se refiere tanto a aspectos cognitivos, como afectivos y motores. El segundo nivel se encarga de lo que se denominan funciones ejecutivas, que son aquellas que dirigen y controlan las conductas integradas del organismo (especialmente en respuesta a situaciones nuevas), que requieren soluciones creativas y que no pueden ser afrontadas por los mecanismos automatizados de rango inferior. Y el tercer nivel se encarga de la auto-conciencia, de la conciencia del propio self y de la propia mente. En los últimos años esta función se ha ampliado también al conocimiento de la mente de los demás, la llamada tdreoría de la mente.
Según el Dr. Simon la práctica prolongada de mindfulness, produce cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cerebrales cruciales para los procesos de integración, cambios que, yendo más allá de la actividad concreta que los provocó, acaban modificando una gran cantidad de comportamientos y formas de reacción del individuo, de manera que tienen un efecto multiplicador sobre su vida y sus relaciones interpersonales.
RECOMIENDO LA PÁGINA : //www.visionclara.com.ar/
Mindfulness” o “Atención Plena” Definiciones y aplicación al ámbito terapéutico
“¿Qué es exactamente? No hay una respuesta precisa, al menos no en palabras. Las palabras son elaboradas por los niveles simbólicos de la mente y describen esas realidades en las que el pensamiento simbólico interviene. Mindfulness es pre-simbólico. No está atada a la lógica.
No obstante, Mindfulness puede ser experimentada con bastante facilidad y puede se descripta, siempre y cuando se tenga en cuenta que las palabras son sólo dedos apuntando a la luna. No son las cosas en sí mismas.
La experiencia real está más allá de las palabras y por encima de los símbolos.
La atención plena es un proceso sutil que se utiliza en cada momento, el hecho de que este proceso se encuentre por encima y más allá de las palabras no lo hace irreal, sino todo lo contrario”. Ven. Henepola Gunaratana
Mindfulness es la palabra inglesa que significa sati en Pali, lenguaje de la psicología budista que se usa desde hace 2500 años. Podemos definir el término como la práctica de ser concientes, de la experiencia presente, con aceptación.
Estos 3 elementos son básicos, están irreductiblemente entrelazados en la experiencia de la atención plena y pueden ser encontrados en la mayoría de las discusiones sobre mindfulness tanto en psicoterapia como en la literatura budista.
El término puede ser usado para describir un concepto teórico, una práctica (como la meditación) y también un proceso psicológico.
Con respecto a la experiencia en sí, se puede realizar en muy distintos niveles, desde el tipo de práctica que se realiza en los monasterios, hasta su entrenamiento en nuestra agitada vida diaria en sí, en actividades como caminar, comer, respirar concientemente.
Simplemente la podemos ejercitar al preguntarnos: ¿Qué estoy sintiendo justo ahora? ¿Qué estoy en este momento presente? ¿Estoy realmente atento?
En realidad, el objetivo es que nos conduzcamos todo el día prestando plena atención. Vivir prestando atención a la realidad toda, a las personas con las que interactuamos, a la forma en que comemos, a cómo nos sentimos, cómo hablamos, cómo escuchamos, etc...
Cuando el término se traslada al ámbito terapéutico, las definiciones incluyen:
No juzgar: significa observar la experiencia lo que ocurre interna y externamente, tal y como es.
El concepto de “aceptación”, que se refiere a la disposición a dejar que las cosas sean como son, tanto las experiencia dolorosas como las placenteras; implica una aceptación que no incluye el sometimiento pasivo a las circunstancias, sino que promueve la empatía, la comprensión y desde allí el cambio psicológico.
Sabemos que la principal herramienta de cualquier terapeuta es el sí mismo, la cualidad de sus emociones, de su propio bienestar general.
La integración de Mindfulness en la psicoterapia surge a partir de una práctica continua por parte del profesional. No es posible incluir esta práctica sin que el terapeuta experimente por si mismo, en el marco de una práctica diaria personal y sostenida, lo que implica la observación ecuánime y disciplinada de los movimientos de la mente, las emociones y las sensaciones
Mindfulness se ha vinculado de distintas maneras en algunos tipos de psicoterapias y hay variada investigación en su aplicación al tratamiento de distintos trastornos: reducción del estrés, abordaje de los trastornos de personalidad límite, depresión, ansiedad, cáncer, dolor crónico, trastornos de la alimentación, etc.
REFERENCIAS
Germer, C.K., Siegel, R.D. y Fulton, P.R. (2005) Mindfulness and psychotherapy. Nueva York: Guilford Press.
“Mindfulness In Plain English”. Ven. Henepola Gunaratana
“¿Qué es exactamente? No hay una respuesta precisa, al menos no en palabras. Las palabras son elaboradas por los niveles simbólicos de la mente y describen esas realidades en las que el pensamiento simbólico interviene. Mindfulness es pre-simbólico. No está atada a la lógica.
No obstante, Mindfulness puede ser experimentada con bastante facilidad y puede se descripta, siempre y cuando se tenga en cuenta que las palabras son sólo dedos apuntando a la luna. No son las cosas en sí mismas.
La experiencia real está más allá de las palabras y por encima de los símbolos.
La atención plena es un proceso sutil que se utiliza en cada momento, el hecho de que este proceso se encuentre por encima y más allá de las palabras no lo hace irreal, sino todo lo contrario”. Ven. Henepola Gunaratana
Mindfulness es la palabra inglesa que significa sati en Pali, lenguaje de la psicología budista que se usa desde hace 2500 años. Podemos definir el término como la práctica de ser concientes, de la experiencia presente, con aceptación.
Estos 3 elementos son básicos, están irreductiblemente entrelazados en la experiencia de la atención plena y pueden ser encontrados en la mayoría de las discusiones sobre mindfulness tanto en psicoterapia como en la literatura budista.
El término puede ser usado para describir un concepto teórico, una práctica (como la meditación) y también un proceso psicológico.
Con respecto a la experiencia en sí, se puede realizar en muy distintos niveles, desde el tipo de práctica que se realiza en los monasterios, hasta su entrenamiento en nuestra agitada vida diaria en sí, en actividades como caminar, comer, respirar concientemente.
Simplemente la podemos ejercitar al preguntarnos: ¿Qué estoy sintiendo justo ahora? ¿Qué estoy en este momento presente? ¿Estoy realmente atento?
En realidad, el objetivo es que nos conduzcamos todo el día prestando plena atención. Vivir prestando atención a la realidad toda, a las personas con las que interactuamos, a la forma en que comemos, a cómo nos sentimos, cómo hablamos, cómo escuchamos, etc...
Cuando el término se traslada al ámbito terapéutico, las definiciones incluyen:
No juzgar: significa observar la experiencia lo que ocurre interna y externamente, tal y como es.
El concepto de “aceptación”, que se refiere a la disposición a dejar que las cosas sean como son, tanto las experiencia dolorosas como las placenteras; implica una aceptación que no incluye el sometimiento pasivo a las circunstancias, sino que promueve la empatía, la comprensión y desde allí el cambio psicológico.
Sabemos que la principal herramienta de cualquier terapeuta es el sí mismo, la cualidad de sus emociones, de su propio bienestar general.
La integración de Mindfulness en la psicoterapia surge a partir de una práctica continua por parte del profesional. No es posible incluir esta práctica sin que el terapeuta experimente por si mismo, en el marco de una práctica diaria personal y sostenida, lo que implica la observación ecuánime y disciplinada de los movimientos de la mente, las emociones y las sensaciones
Mindfulness se ha vinculado de distintas maneras en algunos tipos de psicoterapias y hay variada investigación en su aplicación al tratamiento de distintos trastornos: reducción del estrés, abordaje de los trastornos de personalidad límite, depresión, ansiedad, cáncer, dolor crónico, trastornos de la alimentación, etc.
REFERENCIAS
Germer, C.K., Siegel, R.D. y Fulton, P.R. (2005) Mindfulness and psychotherapy. Nueva York: Guilford Press.
“Mindfulness In Plain English”. Ven. Henepola Gunaratana
Atencion Plena
La atención plena
El cerebro humano es la estructura más compleja conocida por… bueno, por el mismo cerebro humano. Para programar sus tareas, sus cien millardos de neuronas (un uno más once ceros) se organizan en un número también enorme de módulos o circuitos neuronales, unas especies de microchips nerviosos, que permanentemente intercambian instrucciones en una asombrosa sinfonía de mensajes electroquímicos.
De esos módulos neuronales, unos, los que le ordenan acciones al organismo, se conocen como excitadores mientras que otros, los que impiden o controlan tales acciones, se denominan inhibidores.
Estos últimos son responsables tanto de parar cosas bloqueando los módulos excitadores como de autorizar su activación y definir la intensidad con la cual han de operar.
Para no atrofiarse, las neuronas requieren gimnasia. Las excitadoras se fortalecen con la repetición continuada de la tarea a su cargo; las inhibidoras se ejercitan mediante la práctica de la meditación de la atención plena (mindful meditation en inglés), frecuentemente referida como meditación budista.
Cuando un módulo inhibidor está al ciento por ciento de su facultad, su socio excitador se encuentra en cero, totalmente bloqueado; recíprocamente cuando uno inhibidor está en su nivel cero, el correspondiente excitador está a máxima capacidad.
El alumbrado de una habitación, por analogía, consiste de una lámpara “excitadora”, la función iluminadora, y un interruptor graduable “inhibidor” que decide tanto si envía o no electricidad a la lámpara como la intensidad con la cual quiere hacerlo.
Si la luz está apagada, el interruptor está cortando todo el flujo y bloqueando la función de la lámpara; si la luz está prendida, el inhibidor no solo está permitiendo el paso de la corriente sino que además está regulando el nivel de iluminación.
Los módulos inhibidores, en su mayoría, están permanente ocupados, a plena carga, bloqueando a sus contrapartes excitadoras las cuales, en consecuencia, se encuentran inactivas y quietas. Si así no ocurriera, enloqueceríamos en cuestión de segundos, pues nuestro cerebro intentaría hacer demasiadas cosas al mismo tiempo.
La armonía no es siempre perfecta y desafortunadamente la orquesta sinfónica cerebral se desafina con cierta facilidad.
Cuando los módulos inhibitorios hacen mal su trabajo y comienzan a permitir lo que deben evitar o a dosificar mal sus señales, entonces mente y cuerpo dejan de funcionar correctamente.
La glotonería, por ejemplo, resulta de trastornos en los módulos inhibitorios del apetito cuando, una vez estamos satisfechos y con el estómago razonablemente lleno, se abstienen de emitir oportunamente las órdenes de cerrar la boca.
Todas las adicciones —sean gula, lujuria, avaricia o alcoholismo— operan de manera similar. Y de la misma forma también operan las aversiones dañinas: El miedo es una señal nerviosa natural para que evadamos o enfrentemos peligros, señal ésta que debe apagarse tan pronto las amenazas se manejan o desaparecen. Si los módulos inhibitorios no paran las órdenes de alarma cuando los peligros ya han desaparecido, entonces desarrollamos pánicos o fobias recurrentes.
En las adicciones (los deseos descontrolados) y en las aversiones (los temores desordenados) se encuentra la raíz del sufrimiento; así lo enseñó el Buda. Los desórdenes mentales son una forma extrema de sufrimiento.
¿Cómo se ejercitan los módulos inhibitorios para que recuperen su forma correcta de operación? La meditación budista es una de las opciones. Los psicólogos cognitivos están exitosamente aplicando las técnicas de atención plena en el tratamiento de numerosos desórdenes mentales como las depresiones y los comportamientos compulsivos.
Así como la práctica continuada de crucigramas y sudokus fortalece los módulos excitadores de las habilidades mentales asociadas a estos pasatiempos, las técnicas de meditación ejercitan los módulos inhibitorios de apetitos y miedos y les devuelven su capacidad y flexibilidad bloqueadoras.
El sufrimiento emocional es lo que el Buda busca acabar. Sufrimos con el deseo y la búsqueda de lo que carecemos; cuando lo obtenemos siempre queremos más. Sufrimos también con lo que tememos y cuando nos deshacemos de la amenaza nos asustamos con cosas nuevas. Arrancando de raíz las adicciones y las aversiones se eliminan las ansiedades y las angustias.
El Buda, por supuesto, nunca habló de neuronas ni usó jamás la palabra psicoterapia.
Pero para el Sabio era claro que las técnicas de meditación que él recomendaba no solo apaciguaban la mente sino que aplacaban las reacciones condicionadas de las adicciones y las aversiones. Veinticinco siglos después las ciencias cognitivas están llegando a conclusiones similares.
Gustavo Estrada
El cerebro humano es la estructura más compleja conocida por… bueno, por el mismo cerebro humano. Para programar sus tareas, sus cien millardos de neuronas (un uno más once ceros) se organizan en un número también enorme de módulos o circuitos neuronales, unas especies de microchips nerviosos, que permanentemente intercambian instrucciones en una asombrosa sinfonía de mensajes electroquímicos.
De esos módulos neuronales, unos, los que le ordenan acciones al organismo, se conocen como excitadores mientras que otros, los que impiden o controlan tales acciones, se denominan inhibidores.
Estos últimos son responsables tanto de parar cosas bloqueando los módulos excitadores como de autorizar su activación y definir la intensidad con la cual han de operar.
Para no atrofiarse, las neuronas requieren gimnasia. Las excitadoras se fortalecen con la repetición continuada de la tarea a su cargo; las inhibidoras se ejercitan mediante la práctica de la meditación de la atención plena (mindful meditation en inglés), frecuentemente referida como meditación budista.
Cuando un módulo inhibidor está al ciento por ciento de su facultad, su socio excitador se encuentra en cero, totalmente bloqueado; recíprocamente cuando uno inhibidor está en su nivel cero, el correspondiente excitador está a máxima capacidad.
El alumbrado de una habitación, por analogía, consiste de una lámpara “excitadora”, la función iluminadora, y un interruptor graduable “inhibidor” que decide tanto si envía o no electricidad a la lámpara como la intensidad con la cual quiere hacerlo.
Si la luz está apagada, el interruptor está cortando todo el flujo y bloqueando la función de la lámpara; si la luz está prendida, el inhibidor no solo está permitiendo el paso de la corriente sino que además está regulando el nivel de iluminación.
Los módulos inhibidores, en su mayoría, están permanente ocupados, a plena carga, bloqueando a sus contrapartes excitadoras las cuales, en consecuencia, se encuentran inactivas y quietas. Si así no ocurriera, enloqueceríamos en cuestión de segundos, pues nuestro cerebro intentaría hacer demasiadas cosas al mismo tiempo.
La armonía no es siempre perfecta y desafortunadamente la orquesta sinfónica cerebral se desafina con cierta facilidad.
Cuando los módulos inhibitorios hacen mal su trabajo y comienzan a permitir lo que deben evitar o a dosificar mal sus señales, entonces mente y cuerpo dejan de funcionar correctamente.
La glotonería, por ejemplo, resulta de trastornos en los módulos inhibitorios del apetito cuando, una vez estamos satisfechos y con el estómago razonablemente lleno, se abstienen de emitir oportunamente las órdenes de cerrar la boca.
Todas las adicciones —sean gula, lujuria, avaricia o alcoholismo— operan de manera similar. Y de la misma forma también operan las aversiones dañinas: El miedo es una señal nerviosa natural para que evadamos o enfrentemos peligros, señal ésta que debe apagarse tan pronto las amenazas se manejan o desaparecen. Si los módulos inhibitorios no paran las órdenes de alarma cuando los peligros ya han desaparecido, entonces desarrollamos pánicos o fobias recurrentes.
En las adicciones (los deseos descontrolados) y en las aversiones (los temores desordenados) se encuentra la raíz del sufrimiento; así lo enseñó el Buda. Los desórdenes mentales son una forma extrema de sufrimiento.
¿Cómo se ejercitan los módulos inhibitorios para que recuperen su forma correcta de operación? La meditación budista es una de las opciones. Los psicólogos cognitivos están exitosamente aplicando las técnicas de atención plena en el tratamiento de numerosos desórdenes mentales como las depresiones y los comportamientos compulsivos.
Así como la práctica continuada de crucigramas y sudokus fortalece los módulos excitadores de las habilidades mentales asociadas a estos pasatiempos, las técnicas de meditación ejercitan los módulos inhibitorios de apetitos y miedos y les devuelven su capacidad y flexibilidad bloqueadoras.
El sufrimiento emocional es lo que el Buda busca acabar. Sufrimos con el deseo y la búsqueda de lo que carecemos; cuando lo obtenemos siempre queremos más. Sufrimos también con lo que tememos y cuando nos deshacemos de la amenaza nos asustamos con cosas nuevas. Arrancando de raíz las adicciones y las aversiones se eliminan las ansiedades y las angustias.
El Buda, por supuesto, nunca habló de neuronas ni usó jamás la palabra psicoterapia.
Pero para el Sabio era claro que las técnicas de meditación que él recomendaba no solo apaciguaban la mente sino que aplacaban las reacciones condicionadas de las adicciones y las aversiones. Veinticinco siglos después las ciencias cognitivas están llegando a conclusiones similares.
Gustavo Estrada
Atención Plena
Mindfulness y estrés del profesional de la salud mental
Publicamos a continuación un artículo que nos han enviado el Lic. Martín Reynoso y el Dr. Máximo de la Vega, ambos del Equipo Mindfulness Argentina, en el que abordan el tema de los posibles beneficios que la práctica de mindfulness puede tener en los profesionales de la salud mental “para aliviar su estrés laboral y mejorar la empatía hacia el consultante”.
Nuevos abordajes en el trabajo con el estrés laboral de los profesionales de la Salud Mental: beneficios de la práctica sostenida de Mindfulness
Resumen:
Mindfulness (atención plena) es definido como la “atención intencional, momento a momento, sin reaccionar ni juzgar” (Kabat-Zinn, 1980, citado en Block-Lerner, Salters-Pedneault & Tull, 2005). Es una forma de atención consciente y ecuánime que reporta beneficios significativos en cualquier actividad que emprendamos.
La ciencia occidental se viene nutriendo de este aporte desde las últimas décadas del siglo pasado y la psicología en particular ha generado distintos modelos terapéuticos que utilizan mindfulness.
Un campo que también está siendo explorado en la actualidad es el de los profesionales de la salud mental que practican meditación mindfulness para aliviar su estrés laboral y mejorar la empatía hacia el consultante.
Ningún profesional de esta área de la salud escapa a la tensión cotidiana que significa estar en contacto con el sufrimiento de otra persona en el lapso de días, meses y años de su práctica profesional.
De todas formas, rara vez brindamos importancia a esta realidad ni tampoco solemos buscar alternativas viables que nos permitan protegernos de éste y otros factores estresantes.
Nuestro trabajo como equipo pionero de Mindfulness en la Argentina nos demuestra que, en el trabajo con psicoterapeutas que hacen el programa MBSR, los mismos alcanzan una comprensión y una aceptación de su estrés profesional que les permite realizar modificaciones significativas en la percepción y manejo del estrés.
Las primeras evidencias de estudios científicos van también en esa dirección y nos demuestran que la práctica sostenida mejora la empatía, la atención y comunicación interpersonal del profesional con su consultante.
Lambert & Barley estudiaron a psicoterapeutas que llevaban adelante una práctica de Mindfulness y demostraron que sus consultantes alcanzaban una evolución más auspiciosa que la de aquellos que no mantenían esa práctica.
Creemos que la práctica de Mindfulness puede transformase, en un futuro cercano, en una valiosa herramienta que nos proteja del estrés crónico y potencie nuestro rendimiento profesional.
Palabras clave: mindfulness, estrés laboral, profesionales de la salud mental, programa MBSR, factores estresantes, empatía, atención, ecuanimidad.
Abstract:
Mindfulness is defined as the “intentional attention, moment by moment, and nonjudgmentally” (Kabat-Zinn, 1980, cited in Block-Lerner, Salters-Pedneault & Tull, 2005). It is a conscious and equanimous attention that produces significant cognitive-emotional benefits whatever activity we face.
From the last decades of the past century, western science has been nourishing itself from its potential and particularly psychology has produced different Mindfulness therapeutic models.
Currently the field of the therapists who practice mindfulness to relieve themselves from stress and to improve their empathy toward consultants is being explored.
No mental health professional can avoid the tension of being in touch with consultant suffering throughout the days, months and years of his/her work.
Anyway, barely do we pay attention on this reality and, what is more, do not search for alternative ways that protect us from this and others stressful factors.
Our work as a Pioneer mindfulness team in Argentina reveals, in the mbsr programs with psychotherapists, that they reach a professional stress insight and acceptance that lead them to profound changes on stress perception and management.
First scientific evidences go also in this way, showing that sustained practice improves professional empathy, attention and interpersonal Communications with consultants.
Lambert & Barley´s (2002, cited in Fulton, 2005) studied the efficacy of the psychotherapists who practiced mindfulness persistently and showed they were more successful than those who did not practice at all.
We believe that the mindfulness practice can become, in the short time, in a helpful support in order to protect us from chronic stress and develop our professional performance.
¿Qué es Mindfulness?
Mindfulness (“atención plena”, su traducción más acertada) puede definirse como un tipo de atención “intencional, momento a momento y sin juzgar” (Kabat-Zinn, 1980, citado en Block-Lerner, Salters-Pedneault & Tull, 2005).
Es una actitud, una forma de estar presente con ecuanimidad sin sucumbir a la dinámica constante de nuestros pensamientos, sensaciones y emociones que impregnan cada uno de nuestros momentos.
Su práctica puede realizarse de manera formal e informal. La primera hace referencia a técnicas que se llevan adelante en un espacio y un tiempo de trabajo determinados y que permiten acceder a este tipo de atención. La segunda a la puesta en acción de esta forma de estar consciente en la vida cotidiana, es decir, en actividades como alimentarse, bañarse, caminar, trabajar, etc.
Este tipo de atención no reactiva, consciente y compasiva, alcanzó su cima en la figura de Siddartha Gautama (conocido vulgarmente como “Buda”), iniciador de una tradición religiosa y filosófica extendida por todo el mundo, el “budismo”, unos 2500 años atrás, si bien su práctica puede rastrearse mucho antes aún en los meditadores de la India.
Mindfulness constituye “la piedra angular del budismo” (Simón, 2007), pero no es exclusivo de éste. Cualquiera de nosotros ha experimentado instantes de conciencia ampliada, atención ecuánime y sereno estado emocional interno, quizás ante un paisaje que nos embelesa o una situación que nos conmueve positivamente.
El empuje de Mindfulness ha llegado incluso a la ciencia. Para Vicente Simón (2007) su aporte en la actualidad está relacionado con “la irrupción de prácticas meditativas orientales en la teoría y la práctica de la Psicología, de la psicoterapia y de la ciencia occidental”.
Atentos a esto, psicoterapeutas occidentales comenzaron a integrarlo a su trabajo profesional primero en forma asistemática pero luego, y observando los efectos beneficiosos de su práctica, al cuerpo teórico de distintos abordajes.
Los terapeutas cognitivos han ensayado distintos modelos terapéuticos que incorporan Mindfulness, tales como “Reducción de estrés basado en Mindfulness” (MBSR: Kabat-Zinn, 2003, citado en Simón, 2007), “terapia cognitiva basada en Mindfulness” (MBCT: Seagal, William y Teasdale, 2002), “terapia de aceptación y compromiso” (ACT: Hayes, Strosahl y Houts, 2005, citado en Simón, 2007) y los conductistas también, como Linehan (1993, citado en Simón, 2007) y su “terapia conductual dialéctica” (DBT).
Ya existe evidencia científica de la utilización de Mindfulness: la misma no sólo se circunscribe a sus efectos beneficiosos en estudios de casos en la medicina y la psicología sino también a cambios neurobiológicos registrados por modernos aparatos tecnológicos que monitorean la actividad cerebral de las personas en una forma dinámica. Siegel ha llamado a este campo en ciernes Neurobiología Interpersonal (Siegel, 2001, citado en Simón, 2007).
Aún resta mucho trabajo para brindarle un sólido estatus científico a Mindfulness, pero indudablemente estamos en presencia de una nueva puerta para impulsar el desarrollo de capacidades humanas solapadas o sin explorar.
Mindfulness y estrés
Jon Kabat-Zinn fue un visionario que integró Mindfulness, en la década del 70, a un programa psicoeducativo de salud.
En ese entonces (y aún hoy) la sociedad americana se encontraba atravesada por los efectos del estrés laboral y una amplia gama de patologías asociadas a éste se manifestaban de manera endémica y preocupante.
Kabat-Zinn inició su propuesta en el año 1979, en un sencillo espacio del Centro Médico de la Universidad de Massachusetts que con el tiempo se fue afianzando en esta unidad académica hasta adquirir fama mundial.
Hoy, el “Center for Mindfulness” es referencia inevitable para la formación de profesionales de la salud y de otras disciplinas que deseen establecer un puente entre la ciencia occidental y las prácticas orientales.
El formato original del programa MBSR (mindfulness based stress reduction) aún vigente, es de ocho encuentros de aproximadamente dos horas y media de duración, y una jornada de profundización de ocho horas un día sábado entre la semana sexta y séptima. Incluye también la entrega de soporte de audio (tres cd´s) para la práctica en el hogar y material bibliográfico.
En nuestro país, el programa de manejo y reducción de estrés (Mindfulness based stress reduction, MBSR) comenzó a transitarse en el año 2000 en Buenos Aires y hoy ya suma una década de intenso trabajo.
Mindfulness y estrés del profesional de la salud mental
Un aporte de la práctica de mindfulness que considero ampliamente beneficioso es el relacionado al profesional de la salud mental que lo incorpora a su vida cotidiana.
Bien conocido es el fenómeno de “burn out” en quienes estamos en contacto permanente con la sintomatología psicológica de nuestros consultantes y que acumulamos horas, días e inclusive años de trabajo continuo en la búsqueda de aliviar sus padecimientos.
¿Estamos preparados para semejante misión? ¿Tenemos firmes asideros donde mantener la ecuanimidad y el equilibrio mental?
La realidad parece indicarnos que naufragamos más de lo aconsejable en las aguas de nuestro propio sufrimiento y estrés, dificultando muchas veces un contacto profesional sano, atento y ecuánime con nuestros consultantes.
La desatención, el agobio, el aturdimiento y la insatisfacción atraviesan peligrosamente muchos momentos de nuestra práctica de consultorio, pero extrañamente poco se investiga o escribe sobre ello. Y aún más: ¡los efectos nocivos de estos síntomas parecen incrementarse en profesionales con más años de práctica en lugar de disminuir!
En nuestros programas basados en la meditación mindfulness observamos con satisfacción que aquellos psicólogos que se comprometen con una práctica cotidiana (que incluye ejercicios de reconocimiento de sensaciones físicas, emociones y pensamientos, ampliación de la experiencia sensorial y meditación de la atención plena entre otros) comienzan a hacer descubrimientos importantes con respecto a lo que los estresa, angustia y condiciona, transitando con singular éxito el doloroso camino que suele mediar en la recuperación de la salud integral mente-cuerpo.
Si nosotros nos beneficiamos de la práctica de la atención plena, seguramente podremos desarrollar con nuestros consultantes el factor más terapéutico de nuestro trabajo , cual es una sana empatía (lo que incluye atenderlo, escucharlo, respetarlo y aceptarlo plenamente).
Así, mientras más equilibrados permanezcamos más nos hacemos accesibles a nuestro interlocutor. Entonces: ¿qué esperamos para estudiar de qué manera desarrollar y potenciar estas cualidades/capacidades?
Lambert & Barley (2002, citado en Fulton, 2005) mencionan que las cualidades positivas del terapeuta que los consultantes valoran especialmente en su recuperación son la empatía, la calidez, la comprensión y la aceptación. Todas y cada una de ellas alcanzan un desarrollo importante con la práctica de Mindfulness. Los autores estudiaron a psicoterapeutas que llevaban adelante una práctica sostenida y demostraron que sus consultantes alcanzaban una evolución más positiva que la de aquellos que no mantenían esa práctica.
A todas luces estos avances y los que auspiciosamente puedan sumarse nos brindan una gran expectativa hacia la práctica de Mindfulness en beneficio de nosotros mismos, los profesionales de la salud mental y en beneficio de nuestros consultantes.
Referencias bibliográficas:
Barasch, M. I. (2005). Field notes on the compassionate life: A search for the soul of kindness. New York: Rodale.
Bien, T. (2006). Mindful therapy: A guide for therapists and helping professionals. Boston: Wisdom.
Block-Lerner, J., Salters-Pedneault, K. & Tull, M.T. (2005). Assessing mindfulness and experiential acceptance: Attemps to capture inherently elusive phenomena. En S.M. Orsillo & L. Roemer (Eds.), Acceptance and mindfulness-based approaches to anxiety (pp. 71-100). New York, NY: Springer.
Fulton, P.R. (2005). Mindfulness as clinical training. En C.K. Germer, R.D. Siegel & P.R. Fulton (Eds.), Mindfulness and psychotherapy (pp. 55-72). New York, NY: The Guilford Press.
Grepmair, L., Mitterlehner, F., Loew, T., Bachler, E., Rother, W. & Nickel, M. (2007). Promoting mindfulness in psychotherapists in training influences the treatment results of their patients: A randomized, double-bind, controlled study. Psychotherapy and psychosomatics, 76(6), 332-338.
Kabat-Zinn, J. (1994). Wherever you go, there you are: Mindfulness meditation in everyday life. New York: Hyperion.
Kabat-Zinn, J (2003). Vivir con plenitud las crisis. Buenos Aires: Editorial Kairós.
Kabat-Zinn, J. (2005). Coming to our senses. London: Piatkus Books Ltd.
Lambert, M.J. & Simon, W. (2008). The therapeutic relationship: Central and essential in psychotherapy outcome. En S.F. Hicks & T. Bien (Eds.), Mindfulness and the therapeutic relationship (pp. 19-34). New York, NY: The Guilford Press.
McClelland, D. C. (1986). Some reflections on the two psychologies of love. Journal of Personality, 54(2), 344–349.
Segal, Z., Williams, J., & Teasdale, J. (2002). Mindfulness-based cognitive therapy for depression: A new approach to preventing relapse. New York: Guilford Press.
Simón, V.M. (2007). Mindfulness y neurobiología. Revista de Psicoterapia, 17(66/67), 5-30.
Permalink: http://medicablogs.diariomedico.com/reflepsiones/2010/06/07/mindfulness-y-estres-del-profesional-de-la-salud-mental/
Autores:
* Lic. Martín Reynoso (Equipo Mindfulness Argentina. Área Psicología. Bs.As, Argentina. http://www.visionclara.com.ar/)
** Dr. Máximo de la Vega (Equipo Mindfulness Argentina. Director Área Médica. Bs.As, Argentina)
Fotografía: Flickr
Publicamos a continuación un artículo que nos han enviado el Lic. Martín Reynoso y el Dr. Máximo de la Vega, ambos del Equipo Mindfulness Argentina, en el que abordan el tema de los posibles beneficios que la práctica de mindfulness puede tener en los profesionales de la salud mental “para aliviar su estrés laboral y mejorar la empatía hacia el consultante”.
Nuevos abordajes en el trabajo con el estrés laboral de los profesionales de la Salud Mental: beneficios de la práctica sostenida de Mindfulness
Resumen:
Mindfulness (atención plena) es definido como la “atención intencional, momento a momento, sin reaccionar ni juzgar” (Kabat-Zinn, 1980, citado en Block-Lerner, Salters-Pedneault & Tull, 2005). Es una forma de atención consciente y ecuánime que reporta beneficios significativos en cualquier actividad que emprendamos.
La ciencia occidental se viene nutriendo de este aporte desde las últimas décadas del siglo pasado y la psicología en particular ha generado distintos modelos terapéuticos que utilizan mindfulness.
Un campo que también está siendo explorado en la actualidad es el de los profesionales de la salud mental que practican meditación mindfulness para aliviar su estrés laboral y mejorar la empatía hacia el consultante.
Ningún profesional de esta área de la salud escapa a la tensión cotidiana que significa estar en contacto con el sufrimiento de otra persona en el lapso de días, meses y años de su práctica profesional.
De todas formas, rara vez brindamos importancia a esta realidad ni tampoco solemos buscar alternativas viables que nos permitan protegernos de éste y otros factores estresantes.
Nuestro trabajo como equipo pionero de Mindfulness en la Argentina nos demuestra que, en el trabajo con psicoterapeutas que hacen el programa MBSR, los mismos alcanzan una comprensión y una aceptación de su estrés profesional que les permite realizar modificaciones significativas en la percepción y manejo del estrés.
Las primeras evidencias de estudios científicos van también en esa dirección y nos demuestran que la práctica sostenida mejora la empatía, la atención y comunicación interpersonal del profesional con su consultante.
Lambert & Barley estudiaron a psicoterapeutas que llevaban adelante una práctica de Mindfulness y demostraron que sus consultantes alcanzaban una evolución más auspiciosa que la de aquellos que no mantenían esa práctica.
Creemos que la práctica de Mindfulness puede transformase, en un futuro cercano, en una valiosa herramienta que nos proteja del estrés crónico y potencie nuestro rendimiento profesional.
Palabras clave: mindfulness, estrés laboral, profesionales de la salud mental, programa MBSR, factores estresantes, empatía, atención, ecuanimidad.
Abstract:
Mindfulness is defined as the “intentional attention, moment by moment, and nonjudgmentally” (Kabat-Zinn, 1980, cited in Block-Lerner, Salters-Pedneault & Tull, 2005). It is a conscious and equanimous attention that produces significant cognitive-emotional benefits whatever activity we face.
From the last decades of the past century, western science has been nourishing itself from its potential and particularly psychology has produced different Mindfulness therapeutic models.
Currently the field of the therapists who practice mindfulness to relieve themselves from stress and to improve their empathy toward consultants is being explored.
No mental health professional can avoid the tension of being in touch with consultant suffering throughout the days, months and years of his/her work.
Anyway, barely do we pay attention on this reality and, what is more, do not search for alternative ways that protect us from this and others stressful factors.
Our work as a Pioneer mindfulness team in Argentina reveals, in the mbsr programs with psychotherapists, that they reach a professional stress insight and acceptance that lead them to profound changes on stress perception and management.
First scientific evidences go also in this way, showing that sustained practice improves professional empathy, attention and interpersonal Communications with consultants.
Lambert & Barley´s (2002, cited in Fulton, 2005) studied the efficacy of the psychotherapists who practiced mindfulness persistently and showed they were more successful than those who did not practice at all.
We believe that the mindfulness practice can become, in the short time, in a helpful support in order to protect us from chronic stress and develop our professional performance.
¿Qué es Mindfulness?
Mindfulness (“atención plena”, su traducción más acertada) puede definirse como un tipo de atención “intencional, momento a momento y sin juzgar” (Kabat-Zinn, 1980, citado en Block-Lerner, Salters-Pedneault & Tull, 2005).
Es una actitud, una forma de estar presente con ecuanimidad sin sucumbir a la dinámica constante de nuestros pensamientos, sensaciones y emociones que impregnan cada uno de nuestros momentos.
Su práctica puede realizarse de manera formal e informal. La primera hace referencia a técnicas que se llevan adelante en un espacio y un tiempo de trabajo determinados y que permiten acceder a este tipo de atención. La segunda a la puesta en acción de esta forma de estar consciente en la vida cotidiana, es decir, en actividades como alimentarse, bañarse, caminar, trabajar, etc.
Este tipo de atención no reactiva, consciente y compasiva, alcanzó su cima en la figura de Siddartha Gautama (conocido vulgarmente como “Buda”), iniciador de una tradición religiosa y filosófica extendida por todo el mundo, el “budismo”, unos 2500 años atrás, si bien su práctica puede rastrearse mucho antes aún en los meditadores de la India.
Mindfulness constituye “la piedra angular del budismo” (Simón, 2007), pero no es exclusivo de éste. Cualquiera de nosotros ha experimentado instantes de conciencia ampliada, atención ecuánime y sereno estado emocional interno, quizás ante un paisaje que nos embelesa o una situación que nos conmueve positivamente.
El empuje de Mindfulness ha llegado incluso a la ciencia. Para Vicente Simón (2007) su aporte en la actualidad está relacionado con “la irrupción de prácticas meditativas orientales en la teoría y la práctica de la Psicología, de la psicoterapia y de la ciencia occidental”.
Atentos a esto, psicoterapeutas occidentales comenzaron a integrarlo a su trabajo profesional primero en forma asistemática pero luego, y observando los efectos beneficiosos de su práctica, al cuerpo teórico de distintos abordajes.
Los terapeutas cognitivos han ensayado distintos modelos terapéuticos que incorporan Mindfulness, tales como “Reducción de estrés basado en Mindfulness” (MBSR: Kabat-Zinn, 2003, citado en Simón, 2007), “terapia cognitiva basada en Mindfulness” (MBCT: Seagal, William y Teasdale, 2002), “terapia de aceptación y compromiso” (ACT: Hayes, Strosahl y Houts, 2005, citado en Simón, 2007) y los conductistas también, como Linehan (1993, citado en Simón, 2007) y su “terapia conductual dialéctica” (DBT).
Ya existe evidencia científica de la utilización de Mindfulness: la misma no sólo se circunscribe a sus efectos beneficiosos en estudios de casos en la medicina y la psicología sino también a cambios neurobiológicos registrados por modernos aparatos tecnológicos que monitorean la actividad cerebral de las personas en una forma dinámica. Siegel ha llamado a este campo en ciernes Neurobiología Interpersonal (Siegel, 2001, citado en Simón, 2007).
Aún resta mucho trabajo para brindarle un sólido estatus científico a Mindfulness, pero indudablemente estamos en presencia de una nueva puerta para impulsar el desarrollo de capacidades humanas solapadas o sin explorar.
Mindfulness y estrés
Jon Kabat-Zinn fue un visionario que integró Mindfulness, en la década del 70, a un programa psicoeducativo de salud.
En ese entonces (y aún hoy) la sociedad americana se encontraba atravesada por los efectos del estrés laboral y una amplia gama de patologías asociadas a éste se manifestaban de manera endémica y preocupante.
Kabat-Zinn inició su propuesta en el año 1979, en un sencillo espacio del Centro Médico de la Universidad de Massachusetts que con el tiempo se fue afianzando en esta unidad académica hasta adquirir fama mundial.
Hoy, el “Center for Mindfulness” es referencia inevitable para la formación de profesionales de la salud y de otras disciplinas que deseen establecer un puente entre la ciencia occidental y las prácticas orientales.
El formato original del programa MBSR (mindfulness based stress reduction) aún vigente, es de ocho encuentros de aproximadamente dos horas y media de duración, y una jornada de profundización de ocho horas un día sábado entre la semana sexta y séptima. Incluye también la entrega de soporte de audio (tres cd´s) para la práctica en el hogar y material bibliográfico.
En nuestro país, el programa de manejo y reducción de estrés (Mindfulness based stress reduction, MBSR) comenzó a transitarse en el año 2000 en Buenos Aires y hoy ya suma una década de intenso trabajo.
Mindfulness y estrés del profesional de la salud mental
Un aporte de la práctica de mindfulness que considero ampliamente beneficioso es el relacionado al profesional de la salud mental que lo incorpora a su vida cotidiana.
Bien conocido es el fenómeno de “burn out” en quienes estamos en contacto permanente con la sintomatología psicológica de nuestros consultantes y que acumulamos horas, días e inclusive años de trabajo continuo en la búsqueda de aliviar sus padecimientos.
¿Estamos preparados para semejante misión? ¿Tenemos firmes asideros donde mantener la ecuanimidad y el equilibrio mental?
La realidad parece indicarnos que naufragamos más de lo aconsejable en las aguas de nuestro propio sufrimiento y estrés, dificultando muchas veces un contacto profesional sano, atento y ecuánime con nuestros consultantes.
La desatención, el agobio, el aturdimiento y la insatisfacción atraviesan peligrosamente muchos momentos de nuestra práctica de consultorio, pero extrañamente poco se investiga o escribe sobre ello. Y aún más: ¡los efectos nocivos de estos síntomas parecen incrementarse en profesionales con más años de práctica en lugar de disminuir!
En nuestros programas basados en la meditación mindfulness observamos con satisfacción que aquellos psicólogos que se comprometen con una práctica cotidiana (que incluye ejercicios de reconocimiento de sensaciones físicas, emociones y pensamientos, ampliación de la experiencia sensorial y meditación de la atención plena entre otros) comienzan a hacer descubrimientos importantes con respecto a lo que los estresa, angustia y condiciona, transitando con singular éxito el doloroso camino que suele mediar en la recuperación de la salud integral mente-cuerpo.
Si nosotros nos beneficiamos de la práctica de la atención plena, seguramente podremos desarrollar con nuestros consultantes el factor más terapéutico de nuestro trabajo , cual es una sana empatía (lo que incluye atenderlo, escucharlo, respetarlo y aceptarlo plenamente).
Así, mientras más equilibrados permanezcamos más nos hacemos accesibles a nuestro interlocutor. Entonces: ¿qué esperamos para estudiar de qué manera desarrollar y potenciar estas cualidades/capacidades?
Lambert & Barley (2002, citado en Fulton, 2005) mencionan que las cualidades positivas del terapeuta que los consultantes valoran especialmente en su recuperación son la empatía, la calidez, la comprensión y la aceptación. Todas y cada una de ellas alcanzan un desarrollo importante con la práctica de Mindfulness. Los autores estudiaron a psicoterapeutas que llevaban adelante una práctica sostenida y demostraron que sus consultantes alcanzaban una evolución más positiva que la de aquellos que no mantenían esa práctica.
A todas luces estos avances y los que auspiciosamente puedan sumarse nos brindan una gran expectativa hacia la práctica de Mindfulness en beneficio de nosotros mismos, los profesionales de la salud mental y en beneficio de nuestros consultantes.
Referencias bibliográficas:
Barasch, M. I. (2005). Field notes on the compassionate life: A search for the soul of kindness. New York: Rodale.
Bien, T. (2006). Mindful therapy: A guide for therapists and helping professionals. Boston: Wisdom.
Block-Lerner, J., Salters-Pedneault, K. & Tull, M.T. (2005). Assessing mindfulness and experiential acceptance: Attemps to capture inherently elusive phenomena. En S.M. Orsillo & L. Roemer (Eds.), Acceptance and mindfulness-based approaches to anxiety (pp. 71-100). New York, NY: Springer.
Fulton, P.R. (2005). Mindfulness as clinical training. En C.K. Germer, R.D. Siegel & P.R. Fulton (Eds.), Mindfulness and psychotherapy (pp. 55-72). New York, NY: The Guilford Press.
Grepmair, L., Mitterlehner, F., Loew, T., Bachler, E., Rother, W. & Nickel, M. (2007). Promoting mindfulness in psychotherapists in training influences the treatment results of their patients: A randomized, double-bind, controlled study. Psychotherapy and psychosomatics, 76(6), 332-338.
Kabat-Zinn, J. (1994). Wherever you go, there you are: Mindfulness meditation in everyday life. New York: Hyperion.
Kabat-Zinn, J (2003). Vivir con plenitud las crisis. Buenos Aires: Editorial Kairós.
Kabat-Zinn, J. (2005). Coming to our senses. London: Piatkus Books Ltd.
Lambert, M.J. & Simon, W. (2008). The therapeutic relationship: Central and essential in psychotherapy outcome. En S.F. Hicks & T. Bien (Eds.), Mindfulness and the therapeutic relationship (pp. 19-34). New York, NY: The Guilford Press.
McClelland, D. C. (1986). Some reflections on the two psychologies of love. Journal of Personality, 54(2), 344–349.
Segal, Z., Williams, J., & Teasdale, J. (2002). Mindfulness-based cognitive therapy for depression: A new approach to preventing relapse. New York: Guilford Press.
Simón, V.M. (2007). Mindfulness y neurobiología. Revista de Psicoterapia, 17(66/67), 5-30.
Permalink: http://medicablogs.diariomedico.com/reflepsiones/2010/06/07/mindfulness-y-estres-del-profesional-de-la-salud-mental/
Autores:
* Lic. Martín Reynoso (Equipo Mindfulness Argentina. Área Psicología. Bs.As, Argentina. http://www.visionclara.com.ar/)
** Dr. Máximo de la Vega (Equipo Mindfulness Argentina. Director Área Médica. Bs.As, Argentina)
Fotografía: Flickr
Atebcion plena
La práctica de la ATENCIÓN PLENA
Entrenamiento en habilidades de Mindfulness para la reducción de la respuesta de estrés
Taller para padres de niños con TGD
La vida nos pone muchas veces en situación de aprender lecciones
importantes, y a veces definitivas, que atañen a nuestra existencia y la de
nuestra familia.
Esas situaciones críticas podemos considerarlas como una maldición o como una oportunidad para actualizar y desarrollar profundos y transformadores valores humanos, resultado de las respuestas que hemos podido ir respondiendo en contacto con esas situaciones críticas y exigentes.
Pueden cambiarnos y hacernos personas resentidas o infelices, o,
por el contrario, pueden ser oportunidades para el desarrollo de nuevas
perspectivas, más vinculadas con la amabilidad, la compasión y la bondad
amorosa.
La práctica de la Atención Plena nos puede servir de brújula en
ese camino, permitiéndonos un afrontamiento más eficaz de las situaciones a nivel físico, emocional y mental.
El término Atención o Conciencia Plena, Mindfulness, es un derivado del término Sati, que significa atención o conciencia, pero no una atención o conciencia ordinaria, sino atención correcta o completa.
Actualmente el término Mindfulness o Atención Plena se ha
conceptualizado de formas diversas:
Thich Naht Hanh: “Mindfulness es mantener viva la conciencia en
la realidad del momento presente “.
Kabat-Zinn: “La Atención Plena es una conciencia sin juicios que se
cultiva instante tras instante, mediante un tipo especial de atención abierta,
no reactiva y sin prejuicios en el momento presente ”.
Niapoteka Thera: “Mindfulness es la clara y resuelta conciencia de lo
que en realidad ocurre, a nosotros y en nosotros, en los momentos
sucesivos de la percepción”.
Aún se podrían añadir más definiciones, pero no añadiríamos una mayor comprensión de un proceso que es absolutamente experiencial y que implica a lo que somos realmente como seres humanos.
Algunas características de la Atención Plena o Mindfulness
1. Es una práctica de cultivar la atención y conciencia al momento presente (Meditación).
2. Es el proceso de ser consciente, centrado en el presente y sin
juicios.
3. Es un estado que implica cultivar estados esenciales no habituales
en nuestra mente: atención intencional, detenerse, percepción alerta,
sencillez, generosidad, control ejecutivo, no hacer, no esfuerzo, aceptación,
dejar ir, comprensión directa, etc.
Algunos beneficios de la práctica de la Atención Plena.
Los estudios ponen de manifiesto que la práctica de Mindfulness
produce cambios duraderos a corto, medio y largo plazo, en la estructura
interna del cerebro.
De hecho, el incremento de materia gris en zonas cerebrales implica neuroplasticidad. Estos cambios permiten una mejor integración de la información, una mayor flexibilidad de respuestas, y una reducción de las consecuencias negativas del estrés en nuestra salud física y emocional.
Mindfulness favorece la activación prefrontal izquierda del cerebro,
potenciando los estados de ánimo positivos. Favorece la ecuanimidad y
una mejor capacidad para hacer frente a emociones y situaciones negativas.
Desarrolla la calma, la empatía, la aceptación y la compasión.
Fortalece el equilibrio atencional, afectivo y cognitivo. Como expresa Siegel, mindfulness desarrolla una relación de amor sin temor hacia nuestra propia experiencia, la autocompasión, y de esto podemos deducir su tremendo valor terapéutico.
Es una herramienta muy útil para fomentar el bienestar psicofísico
de las personas en general, y de personas que sufren diferentes problemas o
trastornos físicos o psicológicos, ya que nos permite establecer una relación
diferente con lo que ocurre, sea dolor, pensamientos negativos, emociones
desadaptativas, conductas, sensaciones, problemas, etc. Potencia los
mecanismos inmunológicos y reduce el estrés, implicando una
autorregulación neuroendocrina.
Es decir, con la práctica de mindfulness estamos desarrollando una
perspectiva diferente hacia nosotros mismos y nuestra experiencia, esta
perspectiva se basa más en la empatía, la compasión y la amabilidad y conduce al organismo hacia el crecimiento y la complejidad en dos
sentidos: Diferenciación + Integración.
Contenido del programa
1. La importancia de la Atención Plena y algunos de sus
beneficios.
- Calidad de la mente / calidad de vida.
- Repercusiones a nivel físico y mental.
- Neurobiología de la Atención Plena.
2. La práctica de la Atención Plena (Mindfulness).
- Sentido y fundamentos.
- Requisitos y actitudes hacia la práctica.
- La práctica como un proceso.
3. La práctica de la Atención Plena a la respiración.
- El piloto automático.
- Modos de la mente: hacer o tener y Ser.
- Obstáculos en el proceso de la práctica.
4. El cuerpo como una ventana de la mente.
- Percepción y contacto con las sensaciones.
- Integrando una conciencia nueva del cuerpo y nuestra
relación con él.
5. Atención Plena y emociones.
- Conciencia e integración del proceso emocional.
- Estableciendo una relación diferente con nuestras emociones.
- Equilibrio emocional: empatía y resonancia.
- Autorregulación emocional.
6. Atención Plena a los contenidos mentales.
- La relación con nuestros pensamientos.
- Expectativas, juicios y creencias.
- La realidad como una construcción.
- Aprendiendo a relacionarnos con nuestros pensamientos.
- Relacionando pensamientos y sentimientos.
7. Atención Plena y potencial humano.
- Mindfulness y el desarrollo de nuestro potencial y nuestra
herencia evolutiva.
Para más información, ponedse en contacto con la Dra. Sonia Martínez,
directora del estudio.
Entrenamiento en habilidades de Mindfulness para la reducción de la respuesta de estrés
Taller para padres de niños con TGD
La vida nos pone muchas veces en situación de aprender lecciones
importantes, y a veces definitivas, que atañen a nuestra existencia y la de
nuestra familia.
Esas situaciones críticas podemos considerarlas como una maldición o como una oportunidad para actualizar y desarrollar profundos y transformadores valores humanos, resultado de las respuestas que hemos podido ir respondiendo en contacto con esas situaciones críticas y exigentes.
Pueden cambiarnos y hacernos personas resentidas o infelices, o,
por el contrario, pueden ser oportunidades para el desarrollo de nuevas
perspectivas, más vinculadas con la amabilidad, la compasión y la bondad
amorosa.
La práctica de la Atención Plena nos puede servir de brújula en
ese camino, permitiéndonos un afrontamiento más eficaz de las situaciones a nivel físico, emocional y mental.
El término Atención o Conciencia Plena, Mindfulness, es un derivado del término Sati, que significa atención o conciencia, pero no una atención o conciencia ordinaria, sino atención correcta o completa.
Actualmente el término Mindfulness o Atención Plena se ha
conceptualizado de formas diversas:
Thich Naht Hanh: “Mindfulness es mantener viva la conciencia en
la realidad del momento presente “.
Kabat-Zinn: “La Atención Plena es una conciencia sin juicios que se
cultiva instante tras instante, mediante un tipo especial de atención abierta,
no reactiva y sin prejuicios en el momento presente ”.
Niapoteka Thera: “Mindfulness es la clara y resuelta conciencia de lo
que en realidad ocurre, a nosotros y en nosotros, en los momentos
sucesivos de la percepción”.
Aún se podrían añadir más definiciones, pero no añadiríamos una mayor comprensión de un proceso que es absolutamente experiencial y que implica a lo que somos realmente como seres humanos.
Algunas características de la Atención Plena o Mindfulness
1. Es una práctica de cultivar la atención y conciencia al momento presente (Meditación).
2. Es el proceso de ser consciente, centrado en el presente y sin
juicios.
3. Es un estado que implica cultivar estados esenciales no habituales
en nuestra mente: atención intencional, detenerse, percepción alerta,
sencillez, generosidad, control ejecutivo, no hacer, no esfuerzo, aceptación,
dejar ir, comprensión directa, etc.
Algunos beneficios de la práctica de la Atención Plena.
Los estudios ponen de manifiesto que la práctica de Mindfulness
produce cambios duraderos a corto, medio y largo plazo, en la estructura
interna del cerebro.
De hecho, el incremento de materia gris en zonas cerebrales implica neuroplasticidad. Estos cambios permiten una mejor integración de la información, una mayor flexibilidad de respuestas, y una reducción de las consecuencias negativas del estrés en nuestra salud física y emocional.
Mindfulness favorece la activación prefrontal izquierda del cerebro,
potenciando los estados de ánimo positivos. Favorece la ecuanimidad y
una mejor capacidad para hacer frente a emociones y situaciones negativas.
Desarrolla la calma, la empatía, la aceptación y la compasión.
Fortalece el equilibrio atencional, afectivo y cognitivo. Como expresa Siegel, mindfulness desarrolla una relación de amor sin temor hacia nuestra propia experiencia, la autocompasión, y de esto podemos deducir su tremendo valor terapéutico.
Es una herramienta muy útil para fomentar el bienestar psicofísico
de las personas en general, y de personas que sufren diferentes problemas o
trastornos físicos o psicológicos, ya que nos permite establecer una relación
diferente con lo que ocurre, sea dolor, pensamientos negativos, emociones
desadaptativas, conductas, sensaciones, problemas, etc. Potencia los
mecanismos inmunológicos y reduce el estrés, implicando una
autorregulación neuroendocrina.
Es decir, con la práctica de mindfulness estamos desarrollando una
perspectiva diferente hacia nosotros mismos y nuestra experiencia, esta
perspectiva se basa más en la empatía, la compasión y la amabilidad y conduce al organismo hacia el crecimiento y la complejidad en dos
sentidos: Diferenciación + Integración.
Contenido del programa
1. La importancia de la Atención Plena y algunos de sus
beneficios.
- Calidad de la mente / calidad de vida.
- Repercusiones a nivel físico y mental.
- Neurobiología de la Atención Plena.
2. La práctica de la Atención Plena (Mindfulness).
- Sentido y fundamentos.
- Requisitos y actitudes hacia la práctica.
- La práctica como un proceso.
3. La práctica de la Atención Plena a la respiración.
- El piloto automático.
- Modos de la mente: hacer o tener y Ser.
- Obstáculos en el proceso de la práctica.
4. El cuerpo como una ventana de la mente.
- Percepción y contacto con las sensaciones.
- Integrando una conciencia nueva del cuerpo y nuestra
relación con él.
5. Atención Plena y emociones.
- Conciencia e integración del proceso emocional.
- Estableciendo una relación diferente con nuestras emociones.
- Equilibrio emocional: empatía y resonancia.
- Autorregulación emocional.
6. Atención Plena a los contenidos mentales.
- La relación con nuestros pensamientos.
- Expectativas, juicios y creencias.
- La realidad como una construcción.
- Aprendiendo a relacionarnos con nuestros pensamientos.
- Relacionando pensamientos y sentimientos.
7. Atención Plena y potencial humano.
- Mindfulness y el desarrollo de nuestro potencial y nuestra
herencia evolutiva.
Para más información, ponedse en contacto con la Dra. Sonia Martínez,
directora del estudio.
Atención Plena
La psicología apuesta por ejercitar la atención y la aceptación del presente
Los profesionales usan la meditación para aliviar dolores y manejar emociones | Este tipo de prácticas influye en la capacidad de controlar emociones | El "mindfulness" también se emplea en la formación de directivos
Por si alguien tiene dudas, basta pasar un rato en un autobús e ir mirando. Hablar por teléfono, estudiar, conducir, conversar, besar, dormir. Todos esos verbos se suelen conjugar a la vez, al menos, de dos en dos, además de viajar. Es difícil encontrar a una persona que sólo viaje y mire.
Diccionario básico: conceptos y expertos
"MINDFULNESS"
Se traduce por atención plena. Es el término que marca esta psicología de inspiración oriental pero insertada en las neurociencias, las que dan categoría de evidencia científica a este modo de tratar y aliviar el sufrimiento humano.
LA MEDITACIÓN
La meditación que se usa como herramienta psicológica pretende un apercibimiento lo más completo posible de lo que ocurre fuera y en la propia persona. para lograr una distancia que permita observar, saber.
EL PRESENTE
Ese conocimiento consciente de cada cosa, sensación o pensamiento que ocurre se aferra al momento presente, otra de las palabras clave de esta línea de la psicología en auge. El presente es lo que hay, lo que existe, porque ni el futuro ni el pasado están en realidad. Y estar en presente ayuda a limitar el impacto del dolor, de las emociones, del sufrimiento.
LA RESPIRACIÓN
Contemplarse y notarse mientras uno respira parece a veces angustioso, pero superado ese momento, consigue anclarse, como no lo hace ninguna otra cosa, a la realidad y al presente. Es uno de los ejercicios preferidos de los tratamientos de atención plena (mindfulness).
Incluye observar cómo el estómago sube y baja al inhalar y exhalar. Si otra idea se cruza por la mente, se anota y se dejar para otro momento y se vuelve a la película de la propia respiración, notar sus cambios, cómo evoluciona...
DANIEL J. SIEGEL
Neurólogo de la Escuela de Medicina de Harvard y profesor clínico asociado de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad California- Los Ángeles (UCLA). Investiga sobre la repercusión neurológica de ejercitar la meditación y muestra cómo se hacen visibles cambios en el cerebro.
Algunos de sus libros están traducidos al castellano bajo larguísimos títulos, como La mente en desarrollo: cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser (Ed. Declee de Brouwer) y Ser padres conscientes: un mejor conocimiento y comprensión de nosotros mismos contribuye a un desarrollo integral y sano de nuestros hijos (La Llave).
Psicóloga norteamericana que emprendió en los años 80 el desarrollo de lo que llaman la tercera generación de la psicología, la llamada dialéctica-conductual.
Se dedicó especialmente al trastorno límite de la personalidad (un torbellino de emociones e impulsos en el que abundan las ideas suicidas) y a víctimas de estrés postraumático.
Vio que si sólo se buscaba un cambio en las emociones y pensamientos de sus pacientes no avanzaba gran cosa e introdujo un primer paso, la aceptación de que la realidad era la que era (no confundir con resignación) y, a partir de esa conciencia de la realidad, buscar los cambios. Inspiradora de la mayoría de las técnicas que se usan para este tipo de trastornos es profesora y directora de investigación de terapias clínicas en la Universidad de Washington.
Ha editado en castellano su Manual de tratamiento de los trastornos de personalidad límite de Paidós.
JON KABAT-ZINN
Médico clínico de la Universidad de Massachusetts que en los años setenta introdujo estas técnicas para tratar el dolor crónico y reducir el estrés. Es uno de los grandes divulgadores de estas aplicaciones. Sus obras más representativas son La práctica de la atención plena, editado por Kairós; Mindfulness en la vida cotidiana, de Paidós, o Llamando a tu propia puerta. 108 enseñanzas sobre la atención plena, también de Kairós.
--------------------------------------------------------------------------------
La multitarea está presente en la visita al médico, que da la sensación de escuchar a medias porque a la vez mira la historia clínica, apunta los síntomas, calcula la medicación y parece de paso estar con la cabeza en los otros pacientes que le quedan; en el ir a recoger a los niños al colegio o hacer la compra y de paso ir contestando mensajes telefónicos y encajarlo todo en el plan de extraescolares; en dar respuesta a llamadas y al correo electrónico en un dos por uno mientras la cabeza va preparando el siguiente contacto. Realmente difícil hacer una sola cosa cada vez.
En medio de este desasosegante entorno, la psicología empieza a apostar por parar, atender y meditar. La meditación como herramienta terapéutica. La atención plena, enfocando con intensidad el momento.
Ese modo de gestionar este malestar emocional y esta dispersión se llama mindfulness (atención plena) y bebe de la meditación oriental. "La meditación atenta es un método cognitivo, un entrenamiento mental experimental y no una práctica sectaria", aclara Isabel S. Larraburu, psicóloga, colaboradora habitual del Magazine y autora del libro Atención plena (editorial Temas de Hoy).
Esta línea de tratamiento psicológico, que se empieza a introducir en los años setenta pero que se desarrolla ya en este siglo, se utiliza especialmente en la reducción del estrés, en el trastorno límite de la personalidad, también para convivir con el dolor crónico y para evitar las recaídas en la depresión y también en el liderazgo en la empresa. "Es un método cognitivo que tiene como finalidad su aplicación en todas la esferas de la actividad cotidiana", describe Larraburu.
Las palabras clave de esta modalidad terapéutica son atención y presente. No pasar de puntillas y más o menos enterarse de lo que ha pasado a dos pasos de uno, sino quitarse los auriculares cuando uno corre por la acera y percibir claramente la propia respiración, los coches que le rodean, el árbol junto al que se pasa, los otros viandantes. Se trata de lograr una percepción intensa, atenta y presente. Y volver a ella cada vez que otro pensamiento se cruza.
En el mundo empresarial se lleva también el mindfulness. Psicólogos que asesoran en la dirección y gestión emplean cada vez más esta corriente.
En su caso, la atención plena se traduce en el fomento de la autogestión, la capacidad de escucha, de aceptación de críticas, en no tener miedo a cómo uno es, en ser capaz de admitir errores, en saber ver en qué es bueno cada uno de los que le rodean, en saber pedir ayuda...
"Los resultados de este liderazgo maduro se suelen notar en el clima de trabajo y la motivación y eso, influye en los resultados", señala el profesor de Dirección de Recursos Humanos de Esade Ceferí Soler.
En el terreno de los problemas graves de salud, como en trastorno límite de personalidad (TLP), se le considera uno de los tratamientos más eficaces porque da herramientas a personas hipersensibles a toda clase de estímulos y muy impulsivos para darse cuenta de lo que les pasa, aceptar que uno es así y no regodearse en su rabia, en su malestar, en su sensación de vacío.
El entrenamiento proporciona a los pacientes conciencia de lo que ocurre y cierta distancia de observación. "Es muy distinto pensar que eres horrible y gorda que darte cuenta de que te viene ese pensamiento y que es sólo eso, un pensamiento", explica la psicóloga Mónica Lavilla, experta en TLP.
El aprendizaje de esa atención plena incluye observarse a sí mismo y al entorno tal cual, sin emitir juicios. Intenta proporcionar herramientas para entender lo que les pasa, aprender a no juzgar ni juzgarse (importante, porque muchos TLP sufren intenciones suicidas), pensar con calma para decidir qué hacer y domar así una impulsidad que trastoca profundamente sus vidas.
También se emplea ante el dolor crónico, cada vez más en los enfermos de cáncer. El entrenamiento en la atención ayuda a delimitar el dolor como tal sin que este lo ocupe todo. Tomar esa distancia sobre lo que a uno le pasa da también posibilidad de decidir qué puede hacer para modificar el momento, relajarse, dar una vuelta, distraerse...
En un terreno más leve, una de las mayores fuentes de sufrimiento psicológico actual es probablemente la falta de adaptación rápida a los cambios.
Herederos de un modelo de sociedad con férreas estructuras (de pareja, de trabajo, de educación, de modelo social) lo más difícil es adaptarse a esos cambios a pesar de que la realidad en la que se está insertado es precisamente cambiante, y cada vez a mayor velocidad.
"La discrepancia entre lo que se cree que debería ser y lo que es suele ser el problema principal", señala la psicóloga Isabel S. Larraburu.
El tratamiento de ese sufrimiento pasa por ganar agilidad y flexibilidad frente a esos cambios y para eso también se usa la atención intensa. "Se trata de estar en el presente, percibirlo atentamente, notar cada cosa que nos rodea, identificar lo que nos pasa sin pretender reaccionar.
Esa atención intensa permite mirar lo que pasa con cierto desdoblamiento, como desde fuera, proporciona buena información y nos hace más ágiles". Sin dejarse llevar por cuentos de hadas o por ideas de lo que debería ser, sino observando y adaptándose a la realidad tal cual es.
"Hay días que se lleva bien que te miren como un ser raro", explicaba recientemente en Barcelona el filósofo suizo Alexandre Jollien, que vive con una parálisis cerebral.
"Y hay días que eso te hiere. Es algo a lo que te tienes que enfrentar cada día. Cuando aceptas que un día sí puedes afrontarlo y otros no resulta más fácil. Es la clave".
Los profesionales usan la meditación para aliviar dolores y manejar emociones | Este tipo de prácticas influye en la capacidad de controlar emociones | El "mindfulness" también se emplea en la formación de directivos
Por si alguien tiene dudas, basta pasar un rato en un autobús e ir mirando. Hablar por teléfono, estudiar, conducir, conversar, besar, dormir. Todos esos verbos se suelen conjugar a la vez, al menos, de dos en dos, además de viajar. Es difícil encontrar a una persona que sólo viaje y mire.
Diccionario básico: conceptos y expertos
"MINDFULNESS"
Se traduce por atención plena. Es el término que marca esta psicología de inspiración oriental pero insertada en las neurociencias, las que dan categoría de evidencia científica a este modo de tratar y aliviar el sufrimiento humano.
LA MEDITACIÓN
La meditación que se usa como herramienta psicológica pretende un apercibimiento lo más completo posible de lo que ocurre fuera y en la propia persona. para lograr una distancia que permita observar, saber.
EL PRESENTE
Ese conocimiento consciente de cada cosa, sensación o pensamiento que ocurre se aferra al momento presente, otra de las palabras clave de esta línea de la psicología en auge. El presente es lo que hay, lo que existe, porque ni el futuro ni el pasado están en realidad. Y estar en presente ayuda a limitar el impacto del dolor, de las emociones, del sufrimiento.
LA RESPIRACIÓN
Contemplarse y notarse mientras uno respira parece a veces angustioso, pero superado ese momento, consigue anclarse, como no lo hace ninguna otra cosa, a la realidad y al presente. Es uno de los ejercicios preferidos de los tratamientos de atención plena (mindfulness).
Incluye observar cómo el estómago sube y baja al inhalar y exhalar. Si otra idea se cruza por la mente, se anota y se dejar para otro momento y se vuelve a la película de la propia respiración, notar sus cambios, cómo evoluciona...
DANIEL J. SIEGEL
Neurólogo de la Escuela de Medicina de Harvard y profesor clínico asociado de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad California- Los Ángeles (UCLA). Investiga sobre la repercusión neurológica de ejercitar la meditación y muestra cómo se hacen visibles cambios en el cerebro.
Algunos de sus libros están traducidos al castellano bajo larguísimos títulos, como La mente en desarrollo: cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser (Ed. Declee de Brouwer) y Ser padres conscientes: un mejor conocimiento y comprensión de nosotros mismos contribuye a un desarrollo integral y sano de nuestros hijos (La Llave).
Psicóloga norteamericana que emprendió en los años 80 el desarrollo de lo que llaman la tercera generación de la psicología, la llamada dialéctica-conductual.
Se dedicó especialmente al trastorno límite de la personalidad (un torbellino de emociones e impulsos en el que abundan las ideas suicidas) y a víctimas de estrés postraumático.
Vio que si sólo se buscaba un cambio en las emociones y pensamientos de sus pacientes no avanzaba gran cosa e introdujo un primer paso, la aceptación de que la realidad era la que era (no confundir con resignación) y, a partir de esa conciencia de la realidad, buscar los cambios. Inspiradora de la mayoría de las técnicas que se usan para este tipo de trastornos es profesora y directora de investigación de terapias clínicas en la Universidad de Washington.
Ha editado en castellano su Manual de tratamiento de los trastornos de personalidad límite de Paidós.
JON KABAT-ZINN
Médico clínico de la Universidad de Massachusetts que en los años setenta introdujo estas técnicas para tratar el dolor crónico y reducir el estrés. Es uno de los grandes divulgadores de estas aplicaciones. Sus obras más representativas son La práctica de la atención plena, editado por Kairós; Mindfulness en la vida cotidiana, de Paidós, o Llamando a tu propia puerta. 108 enseñanzas sobre la atención plena, también de Kairós.
--------------------------------------------------------------------------------
La multitarea está presente en la visita al médico, que da la sensación de escuchar a medias porque a la vez mira la historia clínica, apunta los síntomas, calcula la medicación y parece de paso estar con la cabeza en los otros pacientes que le quedan; en el ir a recoger a los niños al colegio o hacer la compra y de paso ir contestando mensajes telefónicos y encajarlo todo en el plan de extraescolares; en dar respuesta a llamadas y al correo electrónico en un dos por uno mientras la cabeza va preparando el siguiente contacto. Realmente difícil hacer una sola cosa cada vez.
En medio de este desasosegante entorno, la psicología empieza a apostar por parar, atender y meditar. La meditación como herramienta terapéutica. La atención plena, enfocando con intensidad el momento.
Ese modo de gestionar este malestar emocional y esta dispersión se llama mindfulness (atención plena) y bebe de la meditación oriental. "La meditación atenta es un método cognitivo, un entrenamiento mental experimental y no una práctica sectaria", aclara Isabel S. Larraburu, psicóloga, colaboradora habitual del Magazine y autora del libro Atención plena (editorial Temas de Hoy).
Esta línea de tratamiento psicológico, que se empieza a introducir en los años setenta pero que se desarrolla ya en este siglo, se utiliza especialmente en la reducción del estrés, en el trastorno límite de la personalidad, también para convivir con el dolor crónico y para evitar las recaídas en la depresión y también en el liderazgo en la empresa. "Es un método cognitivo que tiene como finalidad su aplicación en todas la esferas de la actividad cotidiana", describe Larraburu.
Las palabras clave de esta modalidad terapéutica son atención y presente. No pasar de puntillas y más o menos enterarse de lo que ha pasado a dos pasos de uno, sino quitarse los auriculares cuando uno corre por la acera y percibir claramente la propia respiración, los coches que le rodean, el árbol junto al que se pasa, los otros viandantes. Se trata de lograr una percepción intensa, atenta y presente. Y volver a ella cada vez que otro pensamiento se cruza.
En el mundo empresarial se lleva también el mindfulness. Psicólogos que asesoran en la dirección y gestión emplean cada vez más esta corriente.
En su caso, la atención plena se traduce en el fomento de la autogestión, la capacidad de escucha, de aceptación de críticas, en no tener miedo a cómo uno es, en ser capaz de admitir errores, en saber ver en qué es bueno cada uno de los que le rodean, en saber pedir ayuda...
"Los resultados de este liderazgo maduro se suelen notar en el clima de trabajo y la motivación y eso, influye en los resultados", señala el profesor de Dirección de Recursos Humanos de Esade Ceferí Soler.
En el terreno de los problemas graves de salud, como en trastorno límite de personalidad (TLP), se le considera uno de los tratamientos más eficaces porque da herramientas a personas hipersensibles a toda clase de estímulos y muy impulsivos para darse cuenta de lo que les pasa, aceptar que uno es así y no regodearse en su rabia, en su malestar, en su sensación de vacío.
El entrenamiento proporciona a los pacientes conciencia de lo que ocurre y cierta distancia de observación. "Es muy distinto pensar que eres horrible y gorda que darte cuenta de que te viene ese pensamiento y que es sólo eso, un pensamiento", explica la psicóloga Mónica Lavilla, experta en TLP.
El aprendizaje de esa atención plena incluye observarse a sí mismo y al entorno tal cual, sin emitir juicios. Intenta proporcionar herramientas para entender lo que les pasa, aprender a no juzgar ni juzgarse (importante, porque muchos TLP sufren intenciones suicidas), pensar con calma para decidir qué hacer y domar así una impulsidad que trastoca profundamente sus vidas.
También se emplea ante el dolor crónico, cada vez más en los enfermos de cáncer. El entrenamiento en la atención ayuda a delimitar el dolor como tal sin que este lo ocupe todo. Tomar esa distancia sobre lo que a uno le pasa da también posibilidad de decidir qué puede hacer para modificar el momento, relajarse, dar una vuelta, distraerse...
En un terreno más leve, una de las mayores fuentes de sufrimiento psicológico actual es probablemente la falta de adaptación rápida a los cambios.
Herederos de un modelo de sociedad con férreas estructuras (de pareja, de trabajo, de educación, de modelo social) lo más difícil es adaptarse a esos cambios a pesar de que la realidad en la que se está insertado es precisamente cambiante, y cada vez a mayor velocidad.
"La discrepancia entre lo que se cree que debería ser y lo que es suele ser el problema principal", señala la psicóloga Isabel S. Larraburu.
El tratamiento de ese sufrimiento pasa por ganar agilidad y flexibilidad frente a esos cambios y para eso también se usa la atención intensa. "Se trata de estar en el presente, percibirlo atentamente, notar cada cosa que nos rodea, identificar lo que nos pasa sin pretender reaccionar.
Esa atención intensa permite mirar lo que pasa con cierto desdoblamiento, como desde fuera, proporciona buena información y nos hace más ágiles". Sin dejarse llevar por cuentos de hadas o por ideas de lo que debería ser, sino observando y adaptándose a la realidad tal cual es.
"Hay días que se lleva bien que te miren como un ser raro", explicaba recientemente en Barcelona el filósofo suizo Alexandre Jollien, que vive con una parálisis cerebral.
"Y hay días que eso te hiere. Es algo a lo que te tienes que enfrentar cada día. Cuando aceptas que un día sí puedes afrontarlo y otros no resulta más fácil. Es la clave".
Conciencia Plena
Mindfulness: la aceptación y conciencia plena del momento presente
El término mindfulness no tiene una traducción exacta al español. Puede definirse como una atención y conciencia plena del momento presente. Es decir, se trata de centrarse de un modo activo y reflexivo en el aquí y el ahora, en contraposición a la fantasía o el soñar despierto.
Sin embargo, para entender del todo este término, es preciso tener en cuenta que no se trata de una reflexión valorativa, sino tan solo contemplativa. Se trata de observar sin juzgar, sin crítica ni rechazo, sin valoración alguna, sino aceptando la experiencia tal y como está aconteciendo.
El mindfulness es una filosofía de vida procedente del budismo Zen. Es el ideal Zen de vivir en el momento presente. Este concepto ha sido adoptado por las psicoterapias de última generación, como la terapia de aceptación y compromiso, la terapia de conducta dialéctica, o la psicoterapia analítica funcional.
Elementos principales del mindfulness
Centrarse en el momento presente
Consiste en sentir las cosas tal y como están sucediendo, sin pretender ejercer ningún control sobre ellas. Es decir, la persona que usa esta técnica no se centra en un pensamiento para modificarlo, sino que se centra en un pensamiento, actividad, imagen mental, etc. en sí mismo, sin pretender cambiarlo ni hacerlo desaparecer.
Eso ayuda a aceptar las experiencias tal y como son, sintiendo lo que sucede, sin huir, incluso aunque se trate de una emoción desagradable. Eso permite que lo que ha de suceder, suceda de un modo completo, dejando que cada experiencia sea vivida en su momento, en el presente.
Apertura a la experiencia y los hechos.
Consiste en centrarse en lo que se está viviendo, en vez de centrarse en las interpretaciones que pueden hacerse de dicha experiencia. La persona se centra en lo que siente y percibe, sin usar el lenguaje para interpretarlo o traducirlo, pues el lenguaje puede sustituir a lo real, lo hace uniforme y lo enmarca en cuadros predefinidos y estereotipados. Por tanto, la persona se limita a observar y sentir lo que aquello que observa le sugiere, dejando que unas sensaciones lleven a otras de un modo natural, sin ejercer control alguno.
Aceptación radical
Durante el mindfulness, la experiencia se acepta tal y como es, tanto si es positiva como si es negativa, tanto si es agradable como si resulta desagradable, aceptando las experiencias como naturales, como un observador que abriera tu mente y observara lo que en ella hay, sin valorar ni juzgar, sin decir "esto está bien" "esto está mal, "esto es horrible", "esto es maravillo", "esto es sucio"...
Se acepta tanto la experiencia como las reacciones a ellas, considerándolas naturales y normales. Así pues, las emociones negativas se ven como normales, no como algo horrible de lo que hay que huir, sino como parte de una experiencia humana que es necesario vivir.
Elección de las experiencias.
Las personas eligen con qué experiencias quieren usar esta técnica, es decir, eligen en qué desean centrarse. Una vez que han elegido la situación, han de vivirla tal y como es, aceptando todo lo que acontezca (las emociones, ideas, imágenes mentales, deseos, etc. que surjan durante la experiencia).
Renunciar al control
La aceptación implica enunciar al control. En vez de tratar de controlar las reacciones (como llanto, etc.) o emociones, debe experimentarlas tal y como se producen. Es decir, el objetivo no es reducir (controlar) el malestar (ira, tristeza, culpa, miedo...) sino experimentarlos tal y como aparecen.
Así pues, las técnicas de mindfulness pretenden lograr que la persona se deje llevar por sus sensaciones y emociones, dejando que actúen de forma natural. Esto permite que determinadas emociones, cambios fisiológicos, etc. que operan de forma autónoma se regulen de acuerdo con sus propios sistemas naturales de autorregulación.
Cuando se intenta bloquear o controlar las emociones, se alteran los mecanismos de autorregulación porque no se experimentan por completo, de forma que no se dispone de toda la información necesaria, porque cuando una persona intenta controlar o bloquear una emoción, deja de sentirla de un modo real y completo.
Esto no significa que ciertas técnicas psicológicas destinadas al manejo de emociones y comportamientos no sean eficaces. De hecho, las técnicas cognitivas pueden resultar mucho más eficaces después de usar el mindfulness, cuando una persona se ha permitido experimentar la situación por completo, y ha dejado que acuda a su mente toda emoción, idea, imagen mental, etc., las cuales le proporcionarán una valiosa información que podrá utilizar después para trabajar en la superación de un problema emocional.
Entre las aplicaciones de esta técnicas, la psicóloga Marsha Linehan ha desarrolla la terapia de conducta dialéctica, basada en mindfulness para el tratamiento del trastorno de la personalidad límite (Linehan, 1993). También se ha utilizado como parte de la terapia cognitiva de la depresión (Sherer-Dickson, 2004).
via: http://www.cepvi.com/articulos/mindfulness.shtml
El término mindfulness no tiene una traducción exacta al español. Puede definirse como una atención y conciencia plena del momento presente. Es decir, se trata de centrarse de un modo activo y reflexivo en el aquí y el ahora, en contraposición a la fantasía o el soñar despierto.
Sin embargo, para entender del todo este término, es preciso tener en cuenta que no se trata de una reflexión valorativa, sino tan solo contemplativa. Se trata de observar sin juzgar, sin crítica ni rechazo, sin valoración alguna, sino aceptando la experiencia tal y como está aconteciendo.
El mindfulness es una filosofía de vida procedente del budismo Zen. Es el ideal Zen de vivir en el momento presente. Este concepto ha sido adoptado por las psicoterapias de última generación, como la terapia de aceptación y compromiso, la terapia de conducta dialéctica, o la psicoterapia analítica funcional.
Elementos principales del mindfulness
Centrarse en el momento presente
Consiste en sentir las cosas tal y como están sucediendo, sin pretender ejercer ningún control sobre ellas. Es decir, la persona que usa esta técnica no se centra en un pensamiento para modificarlo, sino que se centra en un pensamiento, actividad, imagen mental, etc. en sí mismo, sin pretender cambiarlo ni hacerlo desaparecer.
Eso ayuda a aceptar las experiencias tal y como son, sintiendo lo que sucede, sin huir, incluso aunque se trate de una emoción desagradable. Eso permite que lo que ha de suceder, suceda de un modo completo, dejando que cada experiencia sea vivida en su momento, en el presente.
Apertura a la experiencia y los hechos.
Consiste en centrarse en lo que se está viviendo, en vez de centrarse en las interpretaciones que pueden hacerse de dicha experiencia. La persona se centra en lo que siente y percibe, sin usar el lenguaje para interpretarlo o traducirlo, pues el lenguaje puede sustituir a lo real, lo hace uniforme y lo enmarca en cuadros predefinidos y estereotipados. Por tanto, la persona se limita a observar y sentir lo que aquello que observa le sugiere, dejando que unas sensaciones lleven a otras de un modo natural, sin ejercer control alguno.
Aceptación radical
Durante el mindfulness, la experiencia se acepta tal y como es, tanto si es positiva como si es negativa, tanto si es agradable como si resulta desagradable, aceptando las experiencias como naturales, como un observador que abriera tu mente y observara lo que en ella hay, sin valorar ni juzgar, sin decir "esto está bien" "esto está mal, "esto es horrible", "esto es maravillo", "esto es sucio"...
Se acepta tanto la experiencia como las reacciones a ellas, considerándolas naturales y normales. Así pues, las emociones negativas se ven como normales, no como algo horrible de lo que hay que huir, sino como parte de una experiencia humana que es necesario vivir.
Elección de las experiencias.
Las personas eligen con qué experiencias quieren usar esta técnica, es decir, eligen en qué desean centrarse. Una vez que han elegido la situación, han de vivirla tal y como es, aceptando todo lo que acontezca (las emociones, ideas, imágenes mentales, deseos, etc. que surjan durante la experiencia).
Renunciar al control
La aceptación implica enunciar al control. En vez de tratar de controlar las reacciones (como llanto, etc.) o emociones, debe experimentarlas tal y como se producen. Es decir, el objetivo no es reducir (controlar) el malestar (ira, tristeza, culpa, miedo...) sino experimentarlos tal y como aparecen.
Así pues, las técnicas de mindfulness pretenden lograr que la persona se deje llevar por sus sensaciones y emociones, dejando que actúen de forma natural. Esto permite que determinadas emociones, cambios fisiológicos, etc. que operan de forma autónoma se regulen de acuerdo con sus propios sistemas naturales de autorregulación.
Cuando se intenta bloquear o controlar las emociones, se alteran los mecanismos de autorregulación porque no se experimentan por completo, de forma que no se dispone de toda la información necesaria, porque cuando una persona intenta controlar o bloquear una emoción, deja de sentirla de un modo real y completo.
Esto no significa que ciertas técnicas psicológicas destinadas al manejo de emociones y comportamientos no sean eficaces. De hecho, las técnicas cognitivas pueden resultar mucho más eficaces después de usar el mindfulness, cuando una persona se ha permitido experimentar la situación por completo, y ha dejado que acuda a su mente toda emoción, idea, imagen mental, etc., las cuales le proporcionarán una valiosa información que podrá utilizar después para trabajar en la superación de un problema emocional.
Entre las aplicaciones de esta técnicas, la psicóloga Marsha Linehan ha desarrolla la terapia de conducta dialéctica, basada en mindfulness para el tratamiento del trastorno de la personalidad límite (Linehan, 1993). También se ha utilizado como parte de la terapia cognitiva de la depresión (Sherer-Dickson, 2004).
via: http://www.cepvi.com/articulos/mindfulness.shtml
Atención Plena
RESUMEN
El objetivo del presente trabajo es realizar una introducción al mindfulness (o Atención Plena).
Primero, se realiza una descripción de lo que se ha denominado: el estado ordinario o “normal”de la mente. Después, se presentan algunos ejercicios básicos representativos de mindfulness; se describe el objetivo y los orígenes del mindfulness; su definición y significado; y, por último, sus
elementos y componentes claves[2].
ABSTRACT
The purpose of the present work is to carry out an introduction of mindfulness (or Atención
Plena). Firstly, a description of what has been designated: the ordinary or ‘usual’ state of the
mind is presented. After this, some basic exercises representative of mindfulness are presented;
the objective and the origins of mindfulness are described; its definition and meaning; and,
finally, their elements and key components[3].
Mindfulness y psicología clínica
La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que
genera toda verdadera ciencia.
El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y
sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto.
Saber que aquello que para nosotros es
impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la más radiante belleza,
sobre la cual nuestras embotadas facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese
conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión.
El ESTADO ORDINARIO DE LA MENTE: LA VOZ “DENTRO” DE LA CABEZA
“¿Qué tal?”[4] “¿Cómo estás?” “¿Cómo lo llevas?” “¿Cómo te va la vida?” “¿Eres
Preguntas aparentemente sencillas, que nos son formuladas y que formulamos con
frecuencia, a las que respondemos automática y apresuradamente con un: «Bien, bien, gracias.¿Y a ti?»; o, por ejemplo, con un: «Ahí voy… tirando».
[4] En aras de facilitar la comprensión del presente trabajo, en algunas ocasiones el autor se dirige al lector en segunda persona y en otras el texto está redactado en primera o tercera persona.
Mindfulness y psicología clínica
¿“Bien”? Sinceramente, ¿nos va “bien”? Decimos: “Tirando”. ¿“Tirando” de qué? ¿De
qué “tiramos”? ¿”Tiramos” de nuestra vida? Por cierto, decimos “ahí voy…”, pero, ¿hacia
dónde?, ¿hacia dónde vamos?
¿Quién no tiene la sensación de que, en general, parece que, hacemos del vivir un gran
esfuerzo? ¿Quién no tiene la sensación de que el vivir implica un gran trabajo? ¿No parece
como si el vivir se hubiese convertido en una gran y continua lucha? ¿En una carrera de
obstáculos? ¿En una pesada carga?
Observando el mundo, alrededor, al vecino, al amigo, a la pareja… ¿Cómo diríamos que
vive la gente?, ¿cómo diríamos que son sus vidas?, ¿son felices?, ¿viven con plenitud la vida?
Observándonos a nosotros mismos: ¿Cómo diríamos que vivimos?, ¿cómo diríamos que
es nuestra vida?, ¿vivimos una vida de calidad?, ¿una vida plena?
Quizá quepa que cada uno se formule las siguientes cuestiones: ¿Cómo he vivido y
cómo vivo actualmente mi vida?, ¿cuál es su calidad?, ¿y su cualidad?
¿Vivimos de un modo pleno, o por el contrario, lo que predomina en la cotidianidad de
nuestra vida, es cierta sensación de insatisfacción vital, de que nos falta algo, de que algo va
mal? ¿No está marcada esta sensación por el anhelo, el deseo, el miedo y la preocupación
constante? ¿No está condicionada por el llegar a ser, llegar a tener, llegar a…?
Realicemos un ejercicio (tomado de Mañas, 2007b): Imaginemos una balanza. Situemos
primero sobre uno de los platos, todas nuestras experiencias y sentimientos de anhelo, miedo,soledad, pena, dolor, desesperación, desdicha, aflicción y angustia; todos nuestros momentos de crisis, de enfermedad, de desasosiego; todas las adversidades y conflictos; incluyamos el malestar, la preocupación, la tensión, la ansiedad, la desesperanza y la incertidumbre, que
hayamos experimentado a lo largo de toda nuestra vida, y que experimentemos actualmente.
Después, coloquemos sobre el otro plato de la balanza todos los momentos que llamamos de
alegría o felicidad, que hayamos experimentado a lo largo de toda nuestra vida y que
experimentemos actualmente.
Ahora, honestamente, respondámonos a nosotros mismos,
¿hacia dónde se inclina la balanza?
¿Acaso no ha de estar irremediablemente relacionada la manera en la que vivimos en el
mundo con el instrumento que utilizamos para vivir en el mundo? ¿Acaso no ha de estar
relacionada con las “gafas” a través de las cuales vemos el mundo y filtramos la realidad?
¿Acaso no ha de estar relacionada con el funcionamiento de nuestra mente, de nuestro
pensamiento? ¿No sería, por tanto, ineludible plantearnos cómo funciona este instrumento?, ¿cómo funciona la mente?, ¿cómo funciona el pensamiento?
Tomémonos un minuto e intentemos responder a lo siguiente:
¿cuál es el estado
“ordinario” de la mente de la mayoría de los seres humanos?,
¿cuál es el estado psicológico en el que nos encontramos la mayor parte del tiempo?
Si nos resulta difícil responder, podemos plantearnos las preguntas de este modo:
¿cuál es el estado ordinario de mi mente?,
¿cuál es el
estado psicológico en el que me encuentro la mayor parte del tiempo?, ¿qué es lo que suele
hacer mi mente, mi pensamiento? Por favor, detengámonos un minuto, formulemos estas
cuestiones, intentemos responderlas.
Tales cuestiones deberían ser ineludibles para todas las personas, inexcusables para un
Mindfulness y psicología clínica
psicó-logo. Sin embargo, nos percatamos de que a duras penas podemos responder.
Probablemente porque requiere de una habilidad: la habilidad de observar; observar de un
modo especial.
De una manera que no hemos aprendido, que no hemos practicado, que nos
resulta casi, o completamente ajena. Mindfulness representa un modo especial de ver, un modo especial de observar[5].
La psicología[6] aún no ha descrito de un modo inequívoco y preciso el funcionamiento
ordinario de nuestra mente; no ha hecho una radiografía, una descripción minuciosa de cómo funciona, cuál es su movimiento, qué es lo que suele hacer, qué es lo que no suele hacer, qué le gusta, qué no le gusta, por qué hace lo que hace, cuál es su función, cuáles son sus intereses, sus
temores… y, lo más importante, su naturaleza fundamental y las leyes que controlan y
gobiernan su funcionamiento.
No obstante, desde diferentes fuentes hallamos descripciones de
lo que podríamos denominar el estado “ordinario” o “normal” de la mente humana.
Eckhart Tolle (2006b, p. 19) ha señalado que a pesar de las diferencias entre las antiguasreligiones y tradiciones espirituales de la humanidad, todas reconocen que el estado mental
ordinario o “normal” de la mente de la mayoría de los seres humanos, contiene un fuerte
elemento que podríamos denominar disfunción, e incluso locura.
Tolle continúa estableciendo las siguientes comparaciones:
el hinduismo se aproxima a esta disfunción como una forma de enfermedad mental colectiva llamada maya; que podría traducirse como el velo del engaño;
el
budismo utiliza el término dukkha para referirse al estado ordinario de la mente. Dukkha podría traducirse por sufrimiento, insatisfacción o desdicha y constituye una característica de la condición humana;
pecado es la palabra utilizada por el cristianismo para describir el estado
colectivo normal de la humanidad.
El significado originario de pecar es fallar en un objetivo, como un arquero que no da en el blanco. Por tanto, pecar significa no acertar con el sentido dela existencia humana. Su significado es vivir torpemente, ciegamente y, como consecuencia, sufrir y causar sufrimiento (Tolle, 2006b, p. 19).
Más adelante, Tolle (2006b, p. 61) apunta: «La mayoría de la gente está tan
completamente identificada con la voz de su cabeza –el torrente incesante de pensamiento
involuntario y compulsivo y las emociones que lo acompañan- que podríamos describirla como poseída por su mente. Cuando eres completamente inconsciente de esto, crees que el pensador
eres tú. Eso es la mente egótica.
La llamamos egótica porque hay un sentido del yo (ego) en
cada pensamiento, en cada recuerdo, interpretación, opinión, punto de vista, reacción, emoción.
En términos espirituales, esto es la inconsciencia». En un manual previo (Tolle, 2006a, p. 42)
estableció la siguiente aclaración: «La mente es un instrumento soberbio si se usa
correctamente. Sin embargo, si se usa incorrectamente se vuelve muy destructiva. Para decirlo
con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: generalmente no la
usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Esa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese
es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti».
[5] Fonéticamente, mindfulness se pronuncia del siguiente modo: / 'maindfulnəs /. Sería algo parecido a leer en
castellano la palabra “máindfulness”.
[6] Se verá más adelante, que, entre otras, ciertas aproximaciones analítico-conductuales, sí han establecido
determinadas relaciones explícitas entre el lenguaje, el sufrimiento y la psicopatología.
Mindfulness y psicología clínica
Los naguales, maestros espirituales de los toltecas, utilizan el término mitote. En la obra
de Butler-Bowdon (2007, p. 279) encontramos: «Toda tu mente es una niebla que los toltecas
llamaban mitote. Tu mente es un sueño en el que miles de personas hablan a la vez, y nadie
entiende a los demás. Esta es la condición de la mente humana –un gran mitote, y con ese gran
mitote no podemos ver quiénes somos realmente». Los toltecas también suelen emplear
directamente el vocablo soñar. Por otro lado, algunos maestros espirituales, como Krishnamurti
y Osho, también han descrito este estado mental ordinario errático como origen del sufrimiento
humano; generalmente utilizando el término “ego” (como Tolle) (véase por ejemplo
Krishnamurti, 1998; Osho, 2004). Nafs, es el vocablo utilizado por los sufíes para referirse a ese
estado egóico, al “ego” o falso “yo”. Un proverbio sufí dice: “Tu peor enemigo de entre tus
enemigos es tu nafs, que mora dentro de ti”. Los sufíes consideran al “yo” o nafs como el
enemigo más peligroso para el ser humano y, por ello, más que cualquier otra cosa,
recomiendan ser cautelosos respecto a él (véase Nurbakhsh, 1997). Según los sufíes, el nafs
busca reconocimiento, es hipócrita, arrogante y engreído, avaro y mezquino, codicioso,
veleidoso, indolente, falso, etc., es…, en definitiva, considerado el origen de todos nuestros
males.
Sogyal Rimpoché (1994) en su obra “El libro tibetano de la vida y de la muerte” [7]
utiliza diferentes comparaciones para describir el estado ordinario de la mente. Por ejemplo:
con el cielo y las nubes (el cielo representa la verdadera naturaleza de la mente y las nubes son
los pensamientos [la mente ordinaria] que, como nubes, aparecen y desaparecen; las nubes no
son el cielo, el cielo contiene a las nubes); con las olas del océano (equipara a los pensamientos
y a las emociones con las olas que también surgen y desaparecen; forman parte del océano pero
no son el océano. ya que es el océano quien contiene a las olas y no al contrario). Los budistas
también suelen comparar el funcionamiento de la mente ordinaria con un mono muy inquieto
que salta continuamente, de rama en rama, de árbol en árbol, incapaz de permanecer inmóvil y
tranquilo. Por otro lado, Ruiz y Mills (2004) en su trabajo “La voz del conocimiento” exponen,
también de forma magistral, amena y sencilla, el tema que estamos tratando. Estos autores
equiparan al pensamiento con un “mentiroso que vive dentro de nuestra cabeza”, que
denominan “la voz del conocimiento”, el cual se adueña completamente de nuestras vidas. Por
otro lado, René Descartes, en su obra “Discurso del método” (Descartes, 1983) señaló: que los
sentidos no siempre nos muestran la verdad y son muy subjetivos; que es imposible distinguir la
vigilia del sueño; y que puede que exista una especie de “genio maligno” que nos haga creer
como verdaderas cosas falsas. Probablemente, ese “genio maligno” sea equivalente a la voz que
oímos dentro de nuestra cabeza. En psicología, algunos analistas de conducta, utilizan los
términos “yo contenido” para referirse al significado o contenido literal de lo que pensamos, es
decir, al propio pensamiento (a la voz que habla); y utilizan los términos “yo contexto” para
referirse a esa parte observadora, a ese testigo imparcial que observa (este es uno de los
componentes terapéuticos claves de mindfulness en ciertas terapias: generar perspectiva o
desarrollar el “yo como contexto”) (e.g., Hayes, 2004a, 2004b; Hayes y Stroshal, 2004; Hayes,
Stroshal y Wilson, 1999; Mañas, 2008; Wilson y Luciano, 2002).
[7] Para una aproximación y compresión profunda del Budismo y de la meditación, se recomienda
encarecidamente al lector la lectura de esta obra.
Mindfulness y psicología clínica
Ortega y Gasset en su excepcional obra “El hombre y la gente” (Ortega y Gasset, 2001,
pp. 24-25) apunta: «Casi todo el mundo está alterado, y en la alteración el hombre pierde su
atributo más esencial: la posibilidad de meditar, de recogerse dentro de sí mismo para ponerse
consigo mismo de acuerdo y precisarse qué es lo que cree, lo que de verdad estima y lo que de
verdad detesta. La alteración le obnubila, le ciega, le obliga a actuar mecánicamente en un
frenético sonambulismo». Más adelante, estableciendo paralelismos y diferencias entre el ser
humano y el animal indica: «La bestia, en efecto vive en perpetuo miedo del mundo, y a la vez,
en perpetuo apetito de las cosas que en él hay que en él aparecen, un apetito indomable que se
dispara también sin freno ni inhibición posibles, lo mismo que el pavor. En uno y otro caso son
los objetos y acaecimientos del contorno quienes gobiernan la vida del animal, le traen y le
llevan como una marioneta. El no rige su existencia, no vive desde sí mismo, sino que está
siempre atento a lo que pasa fuera de él, a lo otro que él. Nuestro vocablo otro no es sino el
latino alter. Decir, pues que el animal no vive desde sí mismo sino desde lo otro, traído y llevado y
tiranizado por lo otro, equivale a decir que el animal vive siempre alterado, enajenado, que su
vida es constitutiva alteración». […] «Pero con esta diferencia esencial: que el hombre puede, de
cuando en cuando, suspender su ocupación directa con las cosas, desasirse de su derredor,
desentenderse de él, y sometiendo su facultad de atender a una torsión radical –incomprensible
zoológicamente–, volverse, por decirlo así, de espaldas al mundo y meterse dentro de sí, atender
a su propia intimidad o, lo que es igual, ocuparse de sí mismo y no de lo otro, de las cosas».
La mente o pensamiento (o si se prefiere, la voz que hay “dentro” de nuestra cabeza)
presenta ciertas particularidades, posee determinadas características. Si observamos muy
detenidamente nuestra mente, el movimiento de nuestros pensamientos, de nuestras emociones,
como a través de un microscopio, de un modo muy profundo, radical, meditativo, podríamos
describirlo así (Mañas, 2006): el pensamiento parece estar siempre presente, nunca ausente
(incluso cuando dormimos); parece ser incontrolable; suele estar divagando en el pasado o en el
futuro, casi nunca está en el presente, en el aquí y en el ahora; se mueve en el terreno de lo
conocido, de la memoria, del pasado; gran parte del tiempo está en lucha constante rechazando
lo que es e intentando cambiarlo; también es temeroso, se dedica a prevenir posibles males
futuros protegiéndose; se da continuidad a si mismo; se dedica a fantasear, proyectando
imágenes, situaciones e ideas; se mueve obedeciendo un principio hedonista (se aproxima hacia
lo que le proporciona seguridad, hacia lo que le resulta agradable y, se aleja o evita aquello que
le produce temor o le resulta aversivo); está, en parte, controlado por las contingencias
(especialmente de reforzamiento negativo); se relaciona con las emociones y con el cuerpo de
forma bidireccional; el contenido o significado literal del pensamiento influye notablemente en
la psicología de la persona; es relacional y arbitrario; la función de los estímulos puede
transferirse a otros y/o transformarse; está sometido al control estimular ejercido por ciertas
claves contextuales (internas: como un pensamiento, un recuerdo, una sensación; y externas:
como ver a un estímulo u oír un ruido); puede ser reaccionario, respondiente, automático;
presenta un fuerte componente de control; suele actuar según ciertos hábitos tales como la
queja, la agresividad, la impaciencia, la búsqueda de reconocimiento, las justificaciones, etc.; es
fragmentario, divisorio, sectario; por lo que, no es holístico, no puede acaparar la realidad en su
totalidad; puede ser repetitivo, obsesivo, valorativo, rumiativo, comparativo, condenatorio,
recriminatorio, neurótico, etc., generando con ello gran sufrimiento.
Para terminar, baste con la descripción realizada por Ramiro Calle (2005) sobre el estado
de la mente ordinaria:
Mindfulness y psicología clínica
«El estado de la mente ordinaria engendra sufrimiento. La mente es conflictiva,
voraz, insatisfecha. Su signo es el de la confusión. Es inestable, confusa. A menudo es
víctima de sus propias contradicciones, su ofuscación, su avidez y su aversión. Está
empeñada por la ignorancia, la división. Ha recreado durante años una enrarecida
atmósfera de miedo, paranoia, hostilidad y egocentrismo. En ella arraigan venenos como
el odio, los celos, la envidia y tantos otros. No es una mente bella. A veces hemos hecho
de nuestra mente un verdadero estercolero. Limpiamos minuciosamente el cuerpo, pero
tenemos la mente en el abandono. Una mente confusa genera confusión; una mente
agresiva produce agresividad. Si la mente es el fundamento de todo, como
acertadamente declaraba Buda, según sea la calidad de la mente así será lo que resulte de
ella. En una mente competitiva, ofuscada, condicionada por la insatisfactoriedad, no
puede haber compasión. Una mente así ni siquiera puede cooperar provechosamente. Es
una mente que se debate en su propia zozobra. Tal es la mente propia de la mayoría de
los seres humanos. Una mente en desorden, sin frescura, sin inocencia, sin vitalidad. Una
mente así crea desamor, hostilidad, confusión sobre la confusión y ansiedad sobre la
ansiedad. Asentada sobre sus condicionamientos limitadores, salpicada de
contaminaciones, estrecha por hábitos coagulados, llena de obstrucciones, etc., una
mente tal carece de claridad, de apertura, de provechosa creatividad. Los enfoques que
se derivan de una mente en tales condiciones tienen que ser forzosamente erróneos y
perjudiciales. Este tipo de mente es nocivo para uno mismo y para los demás, genera
violencia sin límite, y desde luego, es inservible para la real búsqueda interior y la
evolución consciente» (pp. 27-28).
DELIMITANDO EL TERRENO
De forma resumida, y según lo visto anteriormente, podríamos decir que el
denominador común de todas estas tradiciones espirituales, culturas y autores, parece ser el
reconocimiento de que la mente o pensamiento (i.e., el lenguaje), es el responsable, o está a la
base, del sufrimiento humano (Mañas y Sánchez, 2006; Mañas, 2007a, 2007b, 2007c). Desde
una perspectiva analítica-conductual (o contextualista-funcional), algunos autores han
establecido relaciones explícitas entre el lenguaje, el sufrimiento y la psicopatología; incluso, han
especificado lo que denominan contextos verbales responsables del llamado Trastorno de
Evitación Experiencial (TEE), que es un diagnóstico funcional en contraste con los
diagnósticos sindrómicos del DSM (para una exposición detallada sobre la relación entre
lenguaje, sufrimiento y psicopatología, véase Hayes y Stroshal, 2004; Hayes et al., 1999; Hayes y
Wilson, 1994; y, especialmente Barnes-Holmes, Barnes-Holmes, McHugh y Hayes, 2004;
Luciano, Valverde y Martínez, 2004; y en castellano, véase por ejemplo Gómez, Mesa y López,
2007; Luciano, 2001; Luciano y Hayes, 2001; Luciano, Valdivia, Gutiérrez y Páez, 2006; Mañas,
Silva y Mesa, 2004; Mañas, 2007a; Wilson y Luciano, 2002).
Un aspecto central a tratar es el de la identificación. Nos identificamos con nuestro
pensamiento. Es decir, podemos llegar a creer que somos esa voz que habla sin cesar “dentro”
de nosotros. Es como si no hubiese nadie ahí “dentro” aparte de de esa voz. Una voz, que
como hemos visto anteriormente, habla y habla sin parar, sin un minuto de tregua… muchas
veces criticando, reprochando, comparando, analizando, fantaseando, etc. Esta identificación ha
sido descrita, por algunos analistas de conducta, con los términos cognitive fusion (e.g., Hayes,
Mindfulness y psicología clínica
2004a, 2004b; Hayes et al., 1999; Mañas, 2007c; Wilson y Luciano, 2002) que podríamos
traducir por algo así como “fusión cognitiva”. De hecho, mindfulness es considerado como una
técnica de cognitive defusion (ver Blackledge, 2007); en castellano, se utilizan los términos
“desactivación del lenguaje” o “desactivación cognitiva” para referirse a la cognitive defusion.
Cabe hacer explícito que al identificarnos con los pensamientos lo hacemos con las
“cosas” del mundo externo; más exactamente con la “idea” que tenemos de esa “cosa”. Por
ejemplo, nos identificamos con nuestra casa, con nuestro coche, con nuestro trabajo, con
nuestro nombre, etc. De tal modo que es como si, en cierto sentido, “yo” fuese la casa, el
coche, el trabajo, el nombre…, es como si parte de mí estuviera en ellos, o como si ellos
formaran parte de mí.
Probablemente, la archiconocida sentencia “Cogito, ergo sum” (“Pienso, luego existo”, o
también “Pienso, luego soy”) de René Descartes, haya tenido mucho que ver en el hecho de
haberle conferido al pensamiento un estatus privilegiado en nuestra cultura[8]. Descartes
delimitó (o más bien asentó) la frontera entre dos mundos: el físico y el mental (res extensa y res
cogitans, respectivamente). Equiparó pensar con ser; es decir, soy porque pienso. Pero, entonces, ¿si
no pensamos no somos? Y otra cuestión, si cabe, más interesante: ¿acaso quién escucha la voz,
es la voz que habla? Dicho de otro modo, el que se da cuenta, la parte de uno que se da cuenta
de la voz, parece no ser la voz. Es más, cuando nos damos cuenta de ella, la voz sigue y sigue…
indiferente, insensible; parece no percatarse de que “alguien” o “algo” se está dando cuenta.
Jean-Paul Sartre dijo: “La consciencia que dice ‘existo’ no es la consciencia que piensa”. ¿Es
esta parte de uno que se da cuenta, este observador, este testigo, esta presencia, este tipo de
atención especial, una dimensión de consciencia diferente? ¿De qué estado psicológico o estado
mental estamos hablando?
Otro punto capital es el hábito de reaccionar[9] automatizado de la mente. La mente está
siempre reaccionando: captura un estímulo (e.g., un agravio, un recuerdo desagradable) y
responde (e.g., ofendiendo, intentando eliminarlo). Parece no haber espacio en medio; entre el
estímulo y la respuesta. En ese reaccionar no hay consciencia, no hay discriminación del
proceso entre las relaciones conducta-conducta (entre pensar, sentir y hacer; establecidas
arbitrariamente en la historia de la persona). En cierto sentido, hay esclavitud. Es como una
marioneta controlada por los hilos de los pensamientos y por los hilos de las emociones.
Simplemente: observémonos a nosotros mismos. Mindfulness implica ver el proceso, ser
consciente de él; practicar mindfulness es generar un espacio entre los estímulos (externos e
internos) y las respuestas (externas e internas), creando entre ambos un tiempo para responder
más adecuadamente, más habilidosamente, aportando con ello cierta libertad. Mindfulness es
cortar los hilos que controlan los movimientos de la marioneta. Implica hacer una brecha, un
hueco, un espacio. Haciendo una comparación, nuestro modo de estar en la vida (nuestro
estado ordinario) es como si tuviésemos conectado el “piloto automático”; como si no
fuésemos conscientes de lo que nos ocurre realmente, como si estuviésemos dormidos,
hipnotizados. No hay nadie observando; sólo el animal (“racional”) reaccionando.
[8] No obstante, han sido también otros los acontecimientos que lo han propiciado. Por ejemplo, el desarrollo de
la Física como ciencia debido a su aproximación mecanicista y fragmentaria de la realidad, o porque ha resultado
muy útil en algunos ámbitos como el de la tecnología (Mañas, 2006).
[9] Se utiliza el término reaccionar para enfatizar su carácter respondiente y automatizado, es decir, inconsciente (o
no discriminado) para nosotros, y diferenciarlo así del término responder o comportarse que podría implicar hacerlo
de forma consciente, esto es, discriminando el proceso.
Mindfulness y psicología clínica
Un aspecto clave, es que este reaccionar automatizado o impulsivo de la mente, está
basado fundamentalmente en un movimiento dicotómico, cuya base es puramente hedonista:
ante algo agradable (e.g., agua o comida si estamos privados de ella o una sensación de
bienestar) reacciona aproximándose, acercándose, para intentar conseguirlo, mantenerlo o tener
más; y, por el contrario, ante una estimulación aversiva (e.g., quemarnos con un fuego o
recordar la muerte de un pariente) reacciona alejándose, evitando o escapando para eliminarlo y
no estar en contacto con ello. Estaríamos hablando de dos tipos de contingencias:
reforzamiento positivo y negativo respectivamente; que pueden aplicarse al campo de la mente
y el pensamiento y no sólo al de la conducta observable (Mañas, 2006). Esto puede ser
adaptativo, pero lo cierto es que en muchos casos genera sufrimiento. Mindfulness genera
autoconocimiento en torno a este proceso y habilidades (o un repertorio conductual) para
neutralizarlo y responder de un modo más efectivo. A través de la práctica de mindfulness se
desarrolla la habilidad de permanecer presentes con una ecuanimidad inalterable ante toda
experiencia o estimulación (tanto agradable como desagradable, de origen interno como
externo), por lo que la mente deja de responder con avidez y aversión (aproximándose y
alejándose), permaneciendo inmóvil, atenta, calma y serena (Mañas, Gómez, Sánchez,
Fernández y Franco, 2008). Se trata de entrenarnos en diferenciarnos de nuestros pensamientos
y emociones, de no dejarnos arrastrar por ellos, de dejar de reaccionar; se trata de permitirnos
simplemente estar, simplemente ser.
¿Es posible un estado en el que la mente no esté reaccionando continuamente? ¿Puede la
mente dejar de reaccionar? ¿Puede cesar la voz que habla sin parar? ¿Puede haber sólo silencio?
¿Es posible un estado mental caracterizado por la serenidad, la calma, la tranquilidad…, por la
paz? ¿Puede la mente dejar de viajar al pasado y al futuro? ¿Puede la mente permanecer en el
aquí y en el ahora? ¿Puede dejar de moverse? ¿Puede estarse quieta? ¿Puede permanecer
inmóvil?
EJERCICIO BÁSICO REPRESENTATIVO DE MINDFULNESS
Mindfulness puede ser practicado de múltiples y diferentes maneras y su aplicación no es
exclusiva para el paciente, sino que también lo es para el propio terapeuta. Como se verá en
otro lugar (Mañas, 2008), la práctica de mindfulness o meditación abarca desde la práctica más
ortodoxa o tradicional (sería el caso de la meditación vipassana más conservadora, la practicada
en un templo budista); pasando por practicarse como un componente terapéutico clave dentro
de un programa de intervención, (durante numerosas horas y de diferentes modos); hasta la
mera realización de uno o varios ejercicios de mindfulness aislados dentro del curso de una
terapia. Este trabajo recoge sólo un par de ejercicios básicos representativos de cómo se
practica mindfulness.
Normalmente, la práctica de la meditación mindfulness comienza con la práctica de la
meditación concentración. Esto se hace así, porque como ya se ha visto anteriormente, la mente está
siempre divagando continuamente de un lugar a otro, arrastrada por la corriente incesante de
pensamientos, emociones, etc. El primer objetivo de la práctica de mindfulness es aquietar la
mente, calmarla, tornarla serena y tranquila. Para ello, se entrenará a la mente a permanecer
centrada (o concentrada) en un solo punto, en un solo estímulo, de forma constante, de un
modo ininterrumpido. El estímulo seleccionado recibe normalmente el nombre de “objeto” de
meditación. El objeto de meditación utilizado por excelencia es la propia respiración.
Mindfulness y psicología clínica
Mantener nuestra atención sobre nuestra propia respiración parece un reto bastante
sencillo. Pero, ¿podemos hacerlo? ¿Podemos mantener nuestra atención sobre nuestra
respiración de forma continuada? ¿Podemos mantenerla durante un minuto? ¿Podemos durante
treinta segundos? ¿Y durante diez segundos? ¿Podemos?
Veamos detenidamente las instrucciones a seguir para realizar un ejercicio básico
representativo de mindfulness, propuesto por Kabat-Zinn (2003, p. 95):
1. Adoptemos una postura cómoda, tumbados de espaldas o sentados. Si optamos por
sentarnos, mantengamos la columna recta y dejemos caer los hombros.
2. Cerremos los ojos si así nos sentimos más cómodos.
3. Fijemos la atención en el estómago y sintamos cómo sube y se expande suavemente al
inspirar, y desciende y se contrae al espirar.
4. Mantengámonos concentrados en la respiración “estando ahí” con cada inspiración y
espiración completas, como si cabalgásemos sobre las olas de nuestra respiración.
5. Cada vez que nos demos cuenta de que nuestra mente se ha alejado de la respiración,
tomemos nota de qué es lo que la apartó y devolvámosla al estómago y a la sensación de
cómo entra y sale de él.
6. Si nuestra mente se aleja mil veces de la respiración, nuestra “tarea” será sencillamente
la de devolverla cada una de ellas a la respiración sin que nos importe en lo que se haya
involucrado.
7. Practiquemos este ejercicio durante quince minutos [todos los días y en el momento
que más nos convenga, nos agrade o no, una vez a la semana y veamos cómo nos
sentimos al incorporar una práctica disciplinada de la meditación en nuestras vidas.
Percatémonos de lo que se siente al pasar un rato todos los días nada más que estando
con nuestra respiración y sin tener que hacer nada].
Si realizamos este ejercicio, aparentemente sencillo, ahora mismo, durante un par de
minutos, nos percataremos de que nos resulta imposible mantener nuestra atención de manera
continuada en nuestra respiración más allá de unos pocos segundos. La atención se desvía
hacia, o es capturada por, pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones corporales, etc.,
rápida y constantemente. Parte de los resultados de una reciente investigación (Mañas, Luciano
y Sánchez, 2008) mostraron que, en general, la mayoría de los participantes instruidos a seguir
esta instrucción durante periodos de diez minutos, apenas mantuvieron la atención en la
respiración unos cuantos segundos de manera ininterrumpida. La mayoría de los sujetos
informaron que su atención se desvió más de veinte, treinta, cuarenta veces, durante periodos
de diez minutos, es decir, casi de forma continua. Otro dato interesante de esta investigación,
fue establecer una jerarquía entre los diferentes tipos de estímulos o contenidos que capturaban
la atención según su frecuencia. El primero de ellos fue el pensamiento (incluyendo también a
los recuerdos e ideas); después las emociones (incluyendo a los sentimientos); seguido de las
“imágenes mentales” y; por último, por otros estímulos (otra categoría que pretendía incluir al
resto de la estimulación posible, como por ejemplo ruidos).
Mindfulness es una habilidad, por tanto, es susceptible de ser aprendida, entrenada. Podría
decirse que al principio de la práctica, la atención pasa muy poco tiempo focalizada en la
respiración antes de ser capturada por algún estímulo; y, por el contrario, transcurre mucho
Mindfulness y psicología clínica
tiempo hasta que nos percatamos de que nuestra atención se ha desviado. Con la práctica los
tiempos se invierten. Es decir, cuanto más practiquemos, la atención permanecerá más y más
tiempo concentrada sobre la respiración; y, simultáneamente, cada vez tardaremos menos en
darnos cuenta de que la atención se había desviado. Con una práctica continuada nos resultará
posible mantener la atención focalizada en la respiración de manera constante, durante más y
más tiempo. Esto, en sí mismo, ya es meditación; es un estado meditativo; se producen
cambios, experiencias, comprensiones súbitas o insights, en ocasiones muy significativas, que son
experimentadas por el meditador.
La meditación vipassana ortodoxa, o más conservadora, utiliza los términos samadhi o
samatha para referirse a este estado mental alcanzado a través de la concentración. Estos
términos podrían traducirse por quietud, tranquilidad, paz o serenidad (también se ha traducido
como “dominio” o “control” mental). El estado o la práctica que le sigue a samadhi es prajña o
pañña (leído “paña”), que vendría a equipararse más con la práctica en sí de mindfulness.
Básicamente consiste en desarrollar una actitud de apertura radical a toda experiencia (tanto
agradable como desagradable) a través del desarrollo y mantenimiento de un estado de
ecuanimidad inquebrantable (Mañas et al., 2008; véase también Goleman, 2006). Samadhi es
considerado de gran importancia. Podríamos decir que meditar (en este caso hacer pañña o
mindfulness) es hacer una operación muy profunda dentro de nosotros mismos, donde practicar
samadhi, sería como crear el instrumento o el bisturí con el que vamos a operar.
A continuación se presentan las instrucciones de otro ejercicio de mindfulness, también
propuesto por Kabat-Zinn (2003, p. 95), para ser practicado a lo largo del día:
1. Sintonicémonos con nuestra respiración varias veces al día sintiendo cómo nuestro
estómago sube y baja un par de veces.
2. Démonos cuenta, durante esos momentos, de nuestros pensamientos y sentimientos
simplemente observándolos, sin juzgarlos ni juzgarnos.
3. Prestemos, simultáneamente, atención a cualquier cambio en la manera que tengamos
de ver las cosas y en los sentimientos sobre nosotros mismos.
Este último ejercicio, recoge de forma explícita quizá el componente más importante de
la práctica de mindfulness: observar sin juzgar ni juzgarnos. Dicho de otro modo, permanecer en
un estado donde no se esté reaccionando continuamente, incluyendo especialmente, la
elaboración de juicios valorativos, recriminatorios y condenatorios, normalmente hacia nosotros
mismos y hacia nuestras experiencias.
La meditación o mindfulness requiere de entrenamiento. Haciendo una analogía, es como
desarrollar un músculo. Un músculo que nunca, o casi nunca hemos utilizado, por lo que está
atrofiado o simplemente no se ha desarrollado. Es como el infante que aprende a caminar.
Nunca utilizó los músculos de sus piernas. Al principio, durante algún tiempo, el niño mueve las
piernas. Más tarde se arrastra. Luego, gatea a cuatro patas. Practica durante semanas, durante
meses. Cuando los músculos se han desarrollado intenta erguirse, ponerse en pie, pero se cae
constante y rápidamente. Él lo intenta sin cesar, una y otra vez, una y otra vez… Cuando logra
al fin levantarse, permanece muy poco tiempo en posición bípeda antes de caer. Más tarde,
consigue dar un pasito y se cae. Continúa practicando, una y otra vez, una y otra vez. Luego
logra dar dos pasitos y medio antes de caerse. Luego tres. Con el tiempo, cinco. Hasta que logra
recorrer algunos metros. Al principio se va apoyando en todo lo que encuentra a su paso; con la
Mindfulness y psicología clínica
práctica deja de requerir tales apoyos. Con el tiempo consigue desplazarse con facilidad.
Practicando durante años, desarrollará músculos fuertes en sus piernas y otras habilidades como
el mantenimiento del equilibrio, la orientación, etc., y podrá caminar, incluso correr, saltar,
bailar, etc. Entrenarse en mindfulness es como aprender a caminar, requiere de práctica, mucha
práctica. Hacer samadhi, esto es, mantener la atención focalizada en un solo punto, percatarse de
cuando es capturada por otro estímulo y redirigirla de nuevo al objeto de meditación, sería
equivalente a todos los esfuerzos e intentos del infante para aprender a caminar; y hacer pañña,
con el desarrollo de habilidades como el equilibrio y la orientación, con ser capaces de correr,
saltar y bailar.
Haciendo otra comparación, es como si la mente ordinaria fuese un caballo salvaje. El
caballo lleva toda la vida yendo de un lugar a otro, galopando salvajemente a su antojo, según
sus instintos, según sus necesidades. Entrenarse en mindfulness es como domesticar al caballo.
Primero conseguiremos que se calme, que se tranquilice (recordemos que es salvaje y que nunca
lo han tocado, acariciado, que nunca ha visto a un humano). Una vez que se ha tranquilizado,
podremos acercarnos más y más, y suavemente, con calma y mucha paciencia (es decir,
practicando y practicando samadhi) el caballo se estará quieto, muy quieto, casi inmóvil y,
entonces, conseguiremos colocarle la silla de montar. Después podremos montarnos sobre ésta,
coger las riendas, y ordenarle al caballo que se dirija hacia donde queramos (esto sería parte de
la práctica de pañña).
OBJETIVO Y ORÍGENES DEL MINDFULNESS
El sufrimiento es inherente a la condición humana. Está a la base de la mayoría de los
diagnósticos clínicos. Es una experiencia compartida por todos los miembros de nuestra
especie, a través de las diferentes culturas, a lo largo de toda la historia de la humanidad. El
principal objetivo de la psicología, y más específicamente de la Psicología Clínica, es contribuir
al alivio del sufrimiento humano. Este es el objetivo primigenio del mindfulness.
Mindfulness no es algo nuevo, tratamos con algo realmente antiquísimo. No obstante,
hace muy poco tiempo (apenas treinta años en los Estados Unidos y actualmente en España)
que mindfulness ha acaparado la atención de la Psicología Clínica y ha sido incluido dentro de una
gran variedad de intervenciones y terapias psicológicas; de forma explícita o implícita; de un
modo exclusivo; o bien, integrándolo como un componente más dentro de un programa de
tratamiento compuesto por múltiples elementos o técnicas clínicas. De forma resumida podría
decirse, y siguiendo a Bishop et al. (2004), que la psicología contemporánea, ha adoptado al
mindfulness como una técnica para incrementar la consciencia y para responder más
habilidosamente a los procesos mentales que contribuyen al desarrollo de trastornos
psicopatológicos y a otro tipo de problemas del comportamiento.
¿De dónde viene? ¿Cuáles son sus orígenes? Mindfulness representa el corazón de las
enseñanzas originales de Siddhartha Gautama Sakyamuni, popularmente más conocido como
Buda (563 a. C.). El origen del mindfulness es el Budismo, concretamente el Budismo
Theravada[10], por lo que mindfulness tiene más de 25 siglos de antigüedad.
[10] El Budismo Theravada es una de las tres grandes clasificaciones del Budismo (practicado principalmente en
Tailandia, Birmania, Camboya y en Vietnam). Las otras dos son el Budismo Mahayana (que se corresponde con el
Budismo Zen y se localiza fundamentalmente en Vietnam, China, Japón y Corea) y, el Budismo Vajrayana
(relacionado con el Budismo Tibetano; originario del propio Tíbet, aunque también practicado en China y Japón).
Mindfulness y psicología clínica
Básicamente, el principal objetivo de las enseñanzas de Buda fueron, y continúan siendo,
la erradicación o cese del sufrimiento humano (e.g., Dalai Lama, 2007; Fulton y Sieguel, 2005;
Sogyal, 1994). La meditación o mindfulness, ideada y transmitida por Buda, constituye el método
o la vía para la consecución de dicho objetivo; mindfulness es considerado como “el corazón” de
la meditación budista (e.g., Nianaponika Thera, 1962, 1965; Silananda, 1990).
La transmisión de estas enseñanzas se corresponde con dos discursos o sermones de
Buda; a saber: el Anapanasati Sutra (Rosenberg, 1999) y el Satipathana Sutra (Nianaponika Thera,
1962). Después de más de dos siglos tras la muerte de Buda, estas enseñanzas fueron recogidas
en el Abhidharma, que es una de las tres divisiones de los textos esenciales del Budismo (las
otras dos son Sutta y Vinaya). El Abhidharma podría considerarse como la base de los
fundamentos teóricos del mindfulness (e.g., Nianaponika Thera, 1965, 1973, 1998), y el
Contextualismo Funcional su marco filosófico de referencia (véase Germer 2005a, pp. 24-26;
para una exposición más detallada sobre el Contextualismo Funcional y su relación con la
psicología, véase Biglan y Hayes, 1996; Guifford y Hayes, 1999; Hayes, 1993; Hayes, Hayes y
Reese, 1988; ver también Pepper, 1942).
Mindfulness se corresponde con un tipo de meditación denominada meditación vipassana
bhavana, o simplemente meditación vipassana (su nombre completo es Anapanavipassana que
significa “plena consciencia de la respiración”), y es la más antigua de todas las prácticas
meditativas budistas (para una descripción más exhaustiva de la meditación vipassana, véase por
ejemplo Calle, 1998; Hart, 1994; Thera, 2008; y para una aproximación a la meditación se
recomienda ver por ejemplo Calle, 2005; Harrison, 2004; Franco, 2007; y Sogial, 1994). A la
meditación vipassana también se la conoce como meditación insight o, simplemente, como meditación
mindfulness (en psicología generalmente se suele utilizar meditación mindfulness en lugar de
meditación insight).
La Psicología Budista diferencia dos métodos o tipos de meditación: la meditación insight
(vipassana o mindfulness) y la meditación concentración (samatha o samadhi) (véase por ejemplo Bishop
et al., 2004; Germer, 2005a, p. 15). Aunque se haya establecido esta diferenciación entre ambos
métodos, realmente la tradicional u ortodoxa meditación vipassana también implica, al menos al
inicio de su práctica, a la meditación concentración (Mañas et al., 2008; véase también Germer,
2005a). Ambos tipos de meditación parecen actuar sobre diferentes estructuras neuronales. De
forma resumida podría decirse que la meditación insight produce una activación del sistema
nervioso, en oposición a los efectos de la meditación concentración, donde lo que se consigue es una
respuesta de relajación (para más detalle sobre los cambios cognitivos, neurobiológicos y
anatómicos producidos por la meditación, véase Lazar, 2005, pp. 230-236).
DEFINIFICIÓN Y SIGNIFICADO DEL MINDFULNESS
La transmisión o comunicación de lo que es mindfulness, de su significado, implica una
gran dificultad. Los budistas dicen: “El dedo que señala a la Luna, no es la Luna”. De igual
modo, podríamos decir: “Las palabras aquí impresas, no son mindfulness”. Por aquí decimos:
“Una imagen vale más que mil palabras”. En este contexto podríamos apuntar: “Una
experiencia mindfulness vale más que leer mil artículos de mindfulness”.
La definición ofrecida por el Diccionario de la Real Academia Española, del término
“meditación” es: «Acción y efecto de meditar»; y el de “meditar”: «Aplicar con profunda
Mindfulness y psicología clínica
atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o
conseguirlo». Sin embargo, estas definiciones no coinciden enteramente con el verdadero
significado de lo que es la meditación en el ámbito que aquí nos compete. Occidente no
dispone de una terminología precisa para designar estados mentales descritos, en ocasiones de
forma amplia y muy profundamente, por Oriente.
De forma resumida, podríamos decir que “mindfulness” es el nombre que le han dado a la
meditación en Occidente. Dicho de otro modo, por no utilizar la palabra “meditación” utilizan
el término “mindfulness”; especialmente en el ámbito de la de la salud en general y en el de la
psicología en particular.
Mindfulness es un término inglés que no tiene traducción al castellano; lo mismo ocurre
con otras palabras como awareness o insight. Mindfulness es la traducción inglesa de la palabra Sati.
Sati es una palabra que procede de una lengua llamada Pali. Pali era la versión popular hablada
del sánscrito en la región donde vivió Buda y fue la misma que él utilizó en la transmisión de
sus enseñanzas. Sati incluye varios significados en inglés: awareness, attention y remembering (para
más detalle véase Germer, 2005a, p. 5).
Existen múltiples traducciones al español de la palabra Sati, por ejemplo: atención
desnuda, toma de conciencia, presencia alerta, alerta relajada, consciencia pura, visión clara,
visión cabal, o simplemente, meditación. No obstante, la traducción más utilizada en castellano
es “Atención Plena”. Atención plena también podría ser la traducción de Appamada; otra
palabra pali cuyo significado es “sin descuido” o “ausencia de locura”.
Mindfulness ha sido definido de múltiples maneras. Algunas definiciones de mindfulness, o
atención plena, son las siguientes: “Es la consciencia que emerge a través de poner atención
intencional, en el momento presente, de manera no condenatoria, del flujo de la experiencia
momento a momento” (Kabat-Zinn, 2003, p. 145); “es el mantenimiento de una consciencia
viva a la realidad del momento presente” (Hanh, 1976, p. 11); “es la observación no
condenatoria del fluir de toda la estimulación externa e interna tal como ella aparece” (Baer,
2003, p. 125); “es el mantenimiento de una atención completa a la experiencia momento a
momento” (Marlatt y Kristeller, 1999, p. 68); “es la clara y simple consciencia mental de lo que
nos está ocurriendo a nosotros y en nosotros en los sucesivos momentos de la percepción”
(Nianaponika Thera, 1972, p. 5); “es una atención y consciencia receptiva a los eventos y
experiencias presentes” (Brown y Ryan, 2003); “es la acción de desarrollar y mantener un
determinado tipo de atención especial a la experiencia presente, momento a momento, con una
actitud de aceptación radical, libre de todo control y juicios de valor” (Mañas, 2007c).
Jon Kabat-Zinn (2003), quién introdujo el mindfulness en occidente, describe este
característico modo de observar de la siguiente manera: «Consiste en el proceso de observar
expresamente cuerpo y mente, de permitir que nuestras experiencias se vayan desplegando de
momento en momento y de aceptarlas como son. No implica rechazar las ideas ni intentar
fijarlas ni suprimirlas ni controlar nada en absoluto que no sea el enfoque y la dirección de la
atención. [...] La atención plena no implica intentar ir a ningún sitio ni sentir algo especial, sino
que entraña el que nos permitamos a nosotros mismos estar donde ya estamos familiarizados
mas con nuestras propias experiencias presentes un momento tras otro». Otra definición
mucho más escueta ofrecida por Kabat-Zinn es: “Prestar atención de manera intencional al
momento presente, sin juzgar”.
Mindfulness también ha sido definido en términos de una habilidad meta-cognitiva
Mindfulness y psicología clínica
(Bishop et al., 2004); de una capacidad autorreguladora (Brown y Ryan, 2003); de una habilidad
de aceptación (Linehan, 1994); y en términos de control atencional (Teasdale, Segal y Williams,
1995), entre otros. Por otro lado, Germer, (2005a, p. 7), diferencia tres elementos
fundamentales ligados a la definición de mindfulness: (1) consciencia, (2) a la experiencia
presente, (3) con aceptación (para más detalle sobre el concepto de mindfulness en psicología ver
Bishop et al., 2004; Brown y Ryan, 2004; y Hayes y Feldman, 2004). No obstante, y como
afirma Gunaratana (2002): “Mindfulness no puede ser completamente capturado con palabras,
porque es muy sutil, es una experiencia no verbal”.
ELEMENTOS Y COMPONENTES CLAVES DEL MINDFULNESS
¿Cuáles so los componentes y elementos claves implicados en la práctica de mindfulness?
Dicho de otro modo, ¿cuáles son los procesos psicológicos involucrados en la práctica de los
ejercicios detallados anteriormente? Como se verá a continuación, existen múltiples y diferentes
propuestas. Sin embargo, es relativamente sencillo establecer comparaciones y nexos de unión
entre unas y otras.
Como se ha indicado anteriormente, son tres los elementos claves del mindfulness
propuestos por Germer (2005a, p. 7): (1) consciencia; (2) el momento presente; (3) y
aceptación. Estos tres elementos son interdependientes, es decir, se relacionan entre si. A su
vez, el primero de ellos, la consciencia, se divide en tres componentes diferentes: (a) parar; (b)
observar; y (c) volver (para más detalle, véase Germer, 2005b, pp. 116-119). Desde la
perspectiva de mindfulness, aceptación se refiere a ver las cosas tal cual ellas son en el momento
que nosotros llegamos a conocerlas, aceptando las experiencias placenteras y dolorosas tal cual
ellas aparecen (Germer, 2005a).
Con el objetivo de realizar una definición operativa de mindfulness, Bishop et al. (2004)
diferencian dos tipos de componentes implicados. El primer componente es el de la
autorregulación de la atención. El objetivo principal de este componente es el mantenimiento y
la re-dirección de la atención, implicando además la conducta de selección de estímulos
concretos. De este modo, se incrementa el reconocimiento de los eventos mentales en el
momento presente. Los procesos que incluye mindfulness o la atención plena son: (a) atención
sostenida; (b) conmutación de la atención; e, (c) inhibición de la elaboración de pensamientos,
sentimientos, sensaciones y emociones. El segundo componente propuesto por estos autores
es la orientación hacia la experiencia. Este componente implica adoptar un tipo de relación
particular hacia las propias experiencias en el momento presente. Este tipo de relación se
caracteriza por una actitud de curiosidad, apertura y aceptación. De este modo, se aprende a no
reaccionar automáticamente a la estimulación que se esté percibiendo.
Los elementos esenciales del mindfulness indicados por Vallejo (2006) son: (a) Centrarse
en el momento presente; (b) apertura a la experiencia y a los hechos; (c) aceptación radical; (d)
elección de las experiencias; y, (e) renunciar al control de los pensamientos, emociones, etc.
Por otro lado, Germer (2005a, p. 9) distingue diferentes cualidades para lo que denomina
“momentos mindfulness”: (a) No-conceptual. Mindfulness es consciencia sin quedar absortos en
nuestros propios procesos de pensamiento; (b) Centrado en el presente. Es decir, centrado en el
aquí y ahora”, no divagando en cuestiones relacionadas con el pasado o el futuro; (c) No-
condenatorio. Esto es, experimentar algo radical y enteramente sin elaborar juicios de crítica y
Mindfulness y psicología clínica
valoraciones como bueno o malo, positivo o negativo, correcto o incorrecto, etc; (d)
Intencional. Mindfulness siempre incluye la intención de dirigir la atención hacia algo, y de re-
dirigirla hacia ese algo cuando la atención se haya dispersado hacia otro lugar; (e) Observación
participante. Mindfulness no es desarrollar un testigo imparcial, sino que se trata de experimentar
la mente y el cuerpo de un modo muy íntimo; (f) No-verbal. La experiencia mindfulness no puede
ser capturada en palabras porque la consciencia ocurre antes de que las palabras aparezcan en la
mente; (g) Exploratorio. La consciencia mindfulness esta siempre investigando de forma muy sutil
los diferentes niveles de percepción; (h) Liberador. Cada momento de consciencia mindfulness
produce un estado de liberación del sufrimiento condicionado. Estas ocho cualidades podrían
ser consideradas como elementos claves, componentes o procesos psicológicos implicados en la
práctica de mindfulness.
Por otro lado, Hayes y Wilson (2003) ha indicado que algunos elementos importantes
relacionados con mindfulness son la exposición, el cambio cognitivo, la autorregulación, la
relajación y la aceptación.
Por su parte, Kabat-Zinn (2003) señala los siguientes elementos capitales relacionados
con la actitud hacia la práctica de la atención plena: (a) No juzgar; (b) paciencia; (c) mente de
principiante; (d) confianza; (e) no esforzarse; (f) aceptación; y, (g) ceder. Por otro lado, también
hace explícito la relevancia del compromiso, la autodisciplina y la intencionalidad durante la
práctica (para más detalle véase Kabat-Zinn, 2003, p. 67-81).
Para finalizar, se describen brevemente los tres componentes claves de la tradicional u
ortodoxa meditación vipassana (Mañas et al., 2008). Estos son: Síla, samadhi y pañña. Algunos han
sido comentados con anterioridad. Sila está relacionada con los preceptos o normas morales;
con la ética y la disciplina. Samadhi es el dominio o control de la mente; se alcanza a través de
un entrenamiento basado en mantener concentrada a la mente en un solo punto. Pañña es el
proceso de purificación de la mente. La práctica de pañña, la sabiduría de pañña, se asienta sobre
la comprensión de la verdad o realidad de anicca, que podría traducirse por impermanencia o
cambio. A través de la práctica de pañña se desarrolla un estado de ecuanimidad inquebrantable
ante toda estimulación, tanto agradable como aversiva. De forma muy resumida podríamos
decir que pañña consiste en entrenar a la mente a no reaccionar con avidez o aversión ante la
estimulación y experiencias que se van presentando momento a momento durante la práctica de
la meditación. Esta estimulación que emerge (agradable y desagradable) recibe el nombre de
sankaras. A través de la práctica continua, la mente deja de reaccionar a los sankaras, provocando
con ello que la aparición de estos disminuya progresivamente, hasta llegar a extinguirse. La
mente deja de reaccionar con aversión y avidez desapareciendo su hábito de funcionar de forma
errática y compulsiva, desapareciendo con ello la ignorancia y desarrollándose un gran
autoconocimiento.
CONCLUYENDO
La antiquísima meditación vipassana, originaria del Budismo, está siendo actualmente
utilizada por la Psicología, y otras Ciencias de la Salud, bajo la rúbrica de meditación mindfulness.
Son múltiples las terapias y aproximaciones que actualmente la emplean, y lo hacen de modos
muy diferentes (véase Mañas, 2008). Mindfulness se presenta a la Psicología, y muy especialmente
a la Psicología Clínica, como una alternativa terapéutica, como una nueva técnica de
intervención o método clínico, o incluso si se prefiere, como una filosofía de intervención, e
Mindfulness y psicología clínica
Quizá uno de los aspectos más definitorios de la técnica sea que a través de la práctica se
desarrolla y mantiene un repertorio caracterizado principalmente por establecer un tipo de
relación muy especial (muy diferente al usual) con nuestros eventos privados (i.e., pensamientos,
emociones, recuerdos, sensaciones, etc.), es decir, con nosotros mismos y, por consiguiente, con
la manera en la que vivimos nuestra vida y nos relacionamos con los demás. Este tipo de
relación especial se basa fundamentalmente en ser conscientes de nuestros eventos privados,
esto es, percatarnos de ellos, darnos cuenta, discriminarlos, etc., en definitiva, diferenciarnos de
ellos, dejar de identificarnos con ellos. La meditación o mindfulness genera autoconocimiento, es
decir, facilita la discriminación de nuestro propio comportamiento. También implica observar
nuestros eventos privados sin juzgarlos ni juzgarnos a nosotros mismos, aceptándolos tal cual
son, tal cual aparecen y desaparecen, abandonando la lucha y el control, desapareciendo la
reacción compulsiva y errática, manteniendo una actitud serena y atenta.
La idiosincrasia de la propia técnica, hace que resulte especialmente valiosa en la praxis
de la Psicología Clínica. Por ejemplo, uno de los principales objetivos de intervención de la
mayoría de las terapias cognitivas clásicas y las terapias cognitivo-conductuales tradicionales que
imperan actualmente, es el control, la eliminación, la sustitución, el cambio, etc., de los
pensamientos negativos por otros más deseables. Sin embargo, en ocasiones esto no funciona y
genera más problemas y sufrimiento. Diferentes investigaciones han demostrado que tales
intentos de control pueden llegar a incrementar la intensidad, la frecuencia, la duración, e
incluso, la accesibilidad a la estimulación no deseada (e.g., Cioffi y Holloway, 1993; Gross y
Levenson, 1993, 1997; Gutiérrez, Luciano, Rodríguez y Fink, 2004; Webner y Erber, 1992). En
este contexto, mindfulness representa una alternativa terapéutica muy valiosa. Se desea hacer
explícito que el objetivo de mindfulness no es dejar de pensar o no tener eventos privados
desagradables; sino más bien, de lo que se trata es de desarrollar un repertorio especial, más
flexible y útil, para relacionarnos con ellos. Dicho de otro modo, se trata de aprender a estar –y
ser– con nosotros mismos de un modo muy diferente; de una manera auténtica y genuina,
profunda, intensa y llena de vida.
Es interesante advertir que desde un punto de vista conductual podría considerarse la
práctica de samadhi como un proceso de transferencia del control ejercido por unos estímulos
hacia otros. Es decir, quizá el fuerte control contextual que ejerce el contenido literal de un
pensamiento o una sensación (e.g., “no valgo para nada” y miedo, respectivamente), pueda
transferirse a las sensaciones propioceptivas producidas por la propia respiración. O bien,
podría tratarse de un proceso de extinción (e.g., del control ejercido por una emoción) y de un
proceso de discriminación progresiva (i.e., sentir cada vez más y más la sensación producida por
la propia respiración y de forma más continuada) que facilitaría, en último término, el desarrollo
de ciertas claves contextuales, que con la práctica llegarían a ejercer mayor control que las
previas. Por lo que la mente, dejaría de ir de un lugar a otro, cesaría su movimiento, quedaría
sometida a otro tipo de control contextual u otras claves estimulares diferentes (en este caso las
sensaciones propioceptivas de la respiración). Quizá, incluso, quepa plantearnos que pueda
dejar de estar sometida bajo control contextual. En cuanto a la práctica de pañña, quizá los
procesos conductuales implicados más evidentes sean el de la extinción (producida por la
exposición a los eventos privados) y el de desarrollar ciertas operantes, que conformarían clases
de respuestas (en el sentido más funcional o skinneriano). Practicar, desarrollar y mantener una
conducta (actitud) ecuánime ante cierto tipo de estimulación mientras meditamos sentados en
Mindfulness y psicología clínica
una habitación, podría suponer desarrollar un repertorio que pudiera aplicarse en otros
contextos y condiciones muy diferentes, a través de conductas también topográficamente muy
diferentes pero con idéntica función.
Es probable que hayamos experimentado a lo largo de nuestra vida ciertos momentos
que podríamos denominar momentos mindfulness o momentos meditativos. Sin embargo,
probablemente nos resulta difícil recordarlos, ya que suelen ser muy poco frecuentes, y
principalmente, porque normalmente nos pasan desapercibidos, es decir, no los discriminamos.
La realización de ciertas actividades podría propiciar o generar determinados estados, sino
estados mindfulness per se, sí estados que podemos discriminar como diferentes al estado
ordinario o habitual de la mente. Dicho de otro modo, podemos discriminar que nuestro estado
mental o psicológico ha cambiado. Estas actividades podrían ser muy diferentes, como por
ejemplo: hacer un típico ejercicio de relajación, hacer deporte o algún esfuerzo físico
considerable, practicar Tai-Chi, Yoga o Qi-Gong, hasta, por ejemplo, rezar el propio rosario. En
un sentido estricto, y desde un punto de vista funcional, los procesos psicológicos implicados
en rezar el rosario (como hacen los cristianos), podrían no ser muy diferentes de aquellos
involucrados en recitar un mantra (como hacen los budistas), danzar sobre uno mismo (como
hacen los derviches), ingerir ciertas sustancias psicotrópicas (como hacen los chamanes) o tocar
la guitarra (como lo hizo Jimi Hendrix). Por lo que, practicar diferentes actividades, aunque en
apariencia muy diferentes (i.e., topográficamte distintas) podrían producir efectos muy similares
(i.e., podrían ser funcionalmente equivalentes).
Los humanos hemos ido y regresado con vida de la Luna. Hemos descifrado el genoma
humano. Hemos logrado hacer crecer células madre de médula ósea hasta convertirlas en
tejidos de órganos específicos, como el corazón. Recientemente, hemos creado, y ubicado bajo
tierra, lo que hemos denominado “la máquina del siglo XXI” (el Gran Colisionador de
Hadrones o LHC), comúnmente llamado el gran acelerador de partículas, que mide veintisiete
kilómetros de longitud. En esta ocasión buscamos “la partícula de Dios”. Parece ser que hemos
avanzado mucho tecnológicamente pero, ¿en qué grado lo hemos hecho psicológicamente?
Este trabajo comenzó con una cita de Albert Einstein y termina con un poema de Pablo
Neruda (tomado de Kabat-Zinn, 2003, pp. 518-519). La poesía puede ser como una mirada,
como una caricia…, hace posible comunicarnos como no lo hacen las palabras.
Mindfulness y psicología clínica
Mindfulness y psicología clínica
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El objetivo del presente trabajo es realizar una introducción al mindfulness (o Atención Plena).
Primero, se realiza una descripción de lo que se ha denominado: el estado ordinario o “normal”de la mente. Después, se presentan algunos ejercicios básicos representativos de mindfulness; se describe el objetivo y los orígenes del mindfulness; su definición y significado; y, por último, sus
elementos y componentes claves[2].
ABSTRACT
The purpose of the present work is to carry out an introduction of mindfulness (or Atención
Plena). Firstly, a description of what has been designated: the ordinary or ‘usual’ state of the
mind is presented. After this, some basic exercises representative of mindfulness are presented;
the objective and the origins of mindfulness are described; its definition and meaning; and,
finally, their elements and key components[3].
Mindfulness y psicología clínica
La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que
genera toda verdadera ciencia.
El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y
sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto.
Saber que aquello que para nosotros es
impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la más radiante belleza,
sobre la cual nuestras embotadas facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese
conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión.
El ESTADO ORDINARIO DE LA MENTE: LA VOZ “DENTRO” DE LA CABEZA
“¿Qué tal?”[4] “¿Cómo estás?” “¿Cómo lo llevas?” “¿Cómo te va la vida?” “¿Eres
Preguntas aparentemente sencillas, que nos son formuladas y que formulamos con
frecuencia, a las que respondemos automática y apresuradamente con un: «Bien, bien, gracias.¿Y a ti?»; o, por ejemplo, con un: «Ahí voy… tirando».
[4] En aras de facilitar la comprensión del presente trabajo, en algunas ocasiones el autor se dirige al lector en segunda persona y en otras el texto está redactado en primera o tercera persona.
Mindfulness y psicología clínica
¿“Bien”? Sinceramente, ¿nos va “bien”? Decimos: “Tirando”. ¿“Tirando” de qué? ¿De
qué “tiramos”? ¿”Tiramos” de nuestra vida? Por cierto, decimos “ahí voy…”, pero, ¿hacia
dónde?, ¿hacia dónde vamos?
¿Quién no tiene la sensación de que, en general, parece que, hacemos del vivir un gran
esfuerzo? ¿Quién no tiene la sensación de que el vivir implica un gran trabajo? ¿No parece
como si el vivir se hubiese convertido en una gran y continua lucha? ¿En una carrera de
obstáculos? ¿En una pesada carga?
Observando el mundo, alrededor, al vecino, al amigo, a la pareja… ¿Cómo diríamos que
vive la gente?, ¿cómo diríamos que son sus vidas?, ¿son felices?, ¿viven con plenitud la vida?
Observándonos a nosotros mismos: ¿Cómo diríamos que vivimos?, ¿cómo diríamos que
es nuestra vida?, ¿vivimos una vida de calidad?, ¿una vida plena?
Quizá quepa que cada uno se formule las siguientes cuestiones: ¿Cómo he vivido y
cómo vivo actualmente mi vida?, ¿cuál es su calidad?, ¿y su cualidad?
¿Vivimos de un modo pleno, o por el contrario, lo que predomina en la cotidianidad de
nuestra vida, es cierta sensación de insatisfacción vital, de que nos falta algo, de que algo va
mal? ¿No está marcada esta sensación por el anhelo, el deseo, el miedo y la preocupación
constante? ¿No está condicionada por el llegar a ser, llegar a tener, llegar a…?
Realicemos un ejercicio (tomado de Mañas, 2007b): Imaginemos una balanza. Situemos
primero sobre uno de los platos, todas nuestras experiencias y sentimientos de anhelo, miedo,soledad, pena, dolor, desesperación, desdicha, aflicción y angustia; todos nuestros momentos de crisis, de enfermedad, de desasosiego; todas las adversidades y conflictos; incluyamos el malestar, la preocupación, la tensión, la ansiedad, la desesperanza y la incertidumbre, que
hayamos experimentado a lo largo de toda nuestra vida, y que experimentemos actualmente.
Después, coloquemos sobre el otro plato de la balanza todos los momentos que llamamos de
alegría o felicidad, que hayamos experimentado a lo largo de toda nuestra vida y que
experimentemos actualmente.
Ahora, honestamente, respondámonos a nosotros mismos,
¿hacia dónde se inclina la balanza?
¿Acaso no ha de estar irremediablemente relacionada la manera en la que vivimos en el
mundo con el instrumento que utilizamos para vivir en el mundo? ¿Acaso no ha de estar
relacionada con las “gafas” a través de las cuales vemos el mundo y filtramos la realidad?
¿Acaso no ha de estar relacionada con el funcionamiento de nuestra mente, de nuestro
pensamiento? ¿No sería, por tanto, ineludible plantearnos cómo funciona este instrumento?, ¿cómo funciona la mente?, ¿cómo funciona el pensamiento?
Tomémonos un minuto e intentemos responder a lo siguiente:
¿cuál es el estado
“ordinario” de la mente de la mayoría de los seres humanos?,
¿cuál es el estado psicológico en el que nos encontramos la mayor parte del tiempo?
Si nos resulta difícil responder, podemos plantearnos las preguntas de este modo:
¿cuál es el estado ordinario de mi mente?,
¿cuál es el
estado psicológico en el que me encuentro la mayor parte del tiempo?, ¿qué es lo que suele
hacer mi mente, mi pensamiento? Por favor, detengámonos un minuto, formulemos estas
cuestiones, intentemos responderlas.
Tales cuestiones deberían ser ineludibles para todas las personas, inexcusables para un
Mindfulness y psicología clínica
psicó-logo. Sin embargo, nos percatamos de que a duras penas podemos responder.
Probablemente porque requiere de una habilidad: la habilidad de observar; observar de un
modo especial.
De una manera que no hemos aprendido, que no hemos practicado, que nos
resulta casi, o completamente ajena. Mindfulness representa un modo especial de ver, un modo especial de observar[5].
La psicología[6] aún no ha descrito de un modo inequívoco y preciso el funcionamiento
ordinario de nuestra mente; no ha hecho una radiografía, una descripción minuciosa de cómo funciona, cuál es su movimiento, qué es lo que suele hacer, qué es lo que no suele hacer, qué le gusta, qué no le gusta, por qué hace lo que hace, cuál es su función, cuáles son sus intereses, sus
temores… y, lo más importante, su naturaleza fundamental y las leyes que controlan y
gobiernan su funcionamiento.
No obstante, desde diferentes fuentes hallamos descripciones de
lo que podríamos denominar el estado “ordinario” o “normal” de la mente humana.
Eckhart Tolle (2006b, p. 19) ha señalado que a pesar de las diferencias entre las antiguasreligiones y tradiciones espirituales de la humanidad, todas reconocen que el estado mental
ordinario o “normal” de la mente de la mayoría de los seres humanos, contiene un fuerte
elemento que podríamos denominar disfunción, e incluso locura.
Tolle continúa estableciendo las siguientes comparaciones:
el hinduismo se aproxima a esta disfunción como una forma de enfermedad mental colectiva llamada maya; que podría traducirse como el velo del engaño;
el
budismo utiliza el término dukkha para referirse al estado ordinario de la mente. Dukkha podría traducirse por sufrimiento, insatisfacción o desdicha y constituye una característica de la condición humana;
pecado es la palabra utilizada por el cristianismo para describir el estado
colectivo normal de la humanidad.
El significado originario de pecar es fallar en un objetivo, como un arquero que no da en el blanco. Por tanto, pecar significa no acertar con el sentido dela existencia humana. Su significado es vivir torpemente, ciegamente y, como consecuencia, sufrir y causar sufrimiento (Tolle, 2006b, p. 19).
Más adelante, Tolle (2006b, p. 61) apunta: «La mayoría de la gente está tan
completamente identificada con la voz de su cabeza –el torrente incesante de pensamiento
involuntario y compulsivo y las emociones que lo acompañan- que podríamos describirla como poseída por su mente. Cuando eres completamente inconsciente de esto, crees que el pensador
eres tú. Eso es la mente egótica.
La llamamos egótica porque hay un sentido del yo (ego) en
cada pensamiento, en cada recuerdo, interpretación, opinión, punto de vista, reacción, emoción.
En términos espirituales, esto es la inconsciencia». En un manual previo (Tolle, 2006a, p. 42)
estableció la siguiente aclaración: «La mente es un instrumento soberbio si se usa
correctamente. Sin embargo, si se usa incorrectamente se vuelve muy destructiva. Para decirlo
con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: generalmente no la
usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Esa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese
es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti».
[5] Fonéticamente, mindfulness se pronuncia del siguiente modo: / 'maindfulnəs /. Sería algo parecido a leer en
castellano la palabra “máindfulness”.
[6] Se verá más adelante, que, entre otras, ciertas aproximaciones analítico-conductuales, sí han establecido
determinadas relaciones explícitas entre el lenguaje, el sufrimiento y la psicopatología.
Mindfulness y psicología clínica
Los naguales, maestros espirituales de los toltecas, utilizan el término mitote. En la obra
de Butler-Bowdon (2007, p. 279) encontramos: «Toda tu mente es una niebla que los toltecas
llamaban mitote. Tu mente es un sueño en el que miles de personas hablan a la vez, y nadie
entiende a los demás. Esta es la condición de la mente humana –un gran mitote, y con ese gran
mitote no podemos ver quiénes somos realmente». Los toltecas también suelen emplear
directamente el vocablo soñar. Por otro lado, algunos maestros espirituales, como Krishnamurti
y Osho, también han descrito este estado mental ordinario errático como origen del sufrimiento
humano; generalmente utilizando el término “ego” (como Tolle) (véase por ejemplo
Krishnamurti, 1998; Osho, 2004). Nafs, es el vocablo utilizado por los sufíes para referirse a ese
estado egóico, al “ego” o falso “yo”. Un proverbio sufí dice: “Tu peor enemigo de entre tus
enemigos es tu nafs, que mora dentro de ti”. Los sufíes consideran al “yo” o nafs como el
enemigo más peligroso para el ser humano y, por ello, más que cualquier otra cosa,
recomiendan ser cautelosos respecto a él (véase Nurbakhsh, 1997). Según los sufíes, el nafs
busca reconocimiento, es hipócrita, arrogante y engreído, avaro y mezquino, codicioso,
veleidoso, indolente, falso, etc., es…, en definitiva, considerado el origen de todos nuestros
males.
Sogyal Rimpoché (1994) en su obra “El libro tibetano de la vida y de la muerte” [7]
utiliza diferentes comparaciones para describir el estado ordinario de la mente. Por ejemplo:
con el cielo y las nubes (el cielo representa la verdadera naturaleza de la mente y las nubes son
los pensamientos [la mente ordinaria] que, como nubes, aparecen y desaparecen; las nubes no
son el cielo, el cielo contiene a las nubes); con las olas del océano (equipara a los pensamientos
y a las emociones con las olas que también surgen y desaparecen; forman parte del océano pero
no son el océano. ya que es el océano quien contiene a las olas y no al contrario). Los budistas
también suelen comparar el funcionamiento de la mente ordinaria con un mono muy inquieto
que salta continuamente, de rama en rama, de árbol en árbol, incapaz de permanecer inmóvil y
tranquilo. Por otro lado, Ruiz y Mills (2004) en su trabajo “La voz del conocimiento” exponen,
también de forma magistral, amena y sencilla, el tema que estamos tratando. Estos autores
equiparan al pensamiento con un “mentiroso que vive dentro de nuestra cabeza”, que
denominan “la voz del conocimiento”, el cual se adueña completamente de nuestras vidas. Por
otro lado, René Descartes, en su obra “Discurso del método” (Descartes, 1983) señaló: que los
sentidos no siempre nos muestran la verdad y son muy subjetivos; que es imposible distinguir la
vigilia del sueño; y que puede que exista una especie de “genio maligno” que nos haga creer
como verdaderas cosas falsas. Probablemente, ese “genio maligno” sea equivalente a la voz que
oímos dentro de nuestra cabeza. En psicología, algunos analistas de conducta, utilizan los
términos “yo contenido” para referirse al significado o contenido literal de lo que pensamos, es
decir, al propio pensamiento (a la voz que habla); y utilizan los términos “yo contexto” para
referirse a esa parte observadora, a ese testigo imparcial que observa (este es uno de los
componentes terapéuticos claves de mindfulness en ciertas terapias: generar perspectiva o
desarrollar el “yo como contexto”) (e.g., Hayes, 2004a, 2004b; Hayes y Stroshal, 2004; Hayes,
Stroshal y Wilson, 1999; Mañas, 2008; Wilson y Luciano, 2002).
[7] Para una aproximación y compresión profunda del Budismo y de la meditación, se recomienda
encarecidamente al lector la lectura de esta obra.
Mindfulness y psicología clínica
Ortega y Gasset en su excepcional obra “El hombre y la gente” (Ortega y Gasset, 2001,
pp. 24-25) apunta: «Casi todo el mundo está alterado, y en la alteración el hombre pierde su
atributo más esencial: la posibilidad de meditar, de recogerse dentro de sí mismo para ponerse
consigo mismo de acuerdo y precisarse qué es lo que cree, lo que de verdad estima y lo que de
verdad detesta. La alteración le obnubila, le ciega, le obliga a actuar mecánicamente en un
frenético sonambulismo». Más adelante, estableciendo paralelismos y diferencias entre el ser
humano y el animal indica: «La bestia, en efecto vive en perpetuo miedo del mundo, y a la vez,
en perpetuo apetito de las cosas que en él hay que en él aparecen, un apetito indomable que se
dispara también sin freno ni inhibición posibles, lo mismo que el pavor. En uno y otro caso son
los objetos y acaecimientos del contorno quienes gobiernan la vida del animal, le traen y le
llevan como una marioneta. El no rige su existencia, no vive desde sí mismo, sino que está
siempre atento a lo que pasa fuera de él, a lo otro que él. Nuestro vocablo otro no es sino el
latino alter. Decir, pues que el animal no vive desde sí mismo sino desde lo otro, traído y llevado y
tiranizado por lo otro, equivale a decir que el animal vive siempre alterado, enajenado, que su
vida es constitutiva alteración». […] «Pero con esta diferencia esencial: que el hombre puede, de
cuando en cuando, suspender su ocupación directa con las cosas, desasirse de su derredor,
desentenderse de él, y sometiendo su facultad de atender a una torsión radical –incomprensible
zoológicamente–, volverse, por decirlo así, de espaldas al mundo y meterse dentro de sí, atender
a su propia intimidad o, lo que es igual, ocuparse de sí mismo y no de lo otro, de las cosas».
La mente o pensamiento (o si se prefiere, la voz que hay “dentro” de nuestra cabeza)
presenta ciertas particularidades, posee determinadas características. Si observamos muy
detenidamente nuestra mente, el movimiento de nuestros pensamientos, de nuestras emociones,
como a través de un microscopio, de un modo muy profundo, radical, meditativo, podríamos
describirlo así (Mañas, 2006): el pensamiento parece estar siempre presente, nunca ausente
(incluso cuando dormimos); parece ser incontrolable; suele estar divagando en el pasado o en el
futuro, casi nunca está en el presente, en el aquí y en el ahora; se mueve en el terreno de lo
conocido, de la memoria, del pasado; gran parte del tiempo está en lucha constante rechazando
lo que es e intentando cambiarlo; también es temeroso, se dedica a prevenir posibles males
futuros protegiéndose; se da continuidad a si mismo; se dedica a fantasear, proyectando
imágenes, situaciones e ideas; se mueve obedeciendo un principio hedonista (se aproxima hacia
lo que le proporciona seguridad, hacia lo que le resulta agradable y, se aleja o evita aquello que
le produce temor o le resulta aversivo); está, en parte, controlado por las contingencias
(especialmente de reforzamiento negativo); se relaciona con las emociones y con el cuerpo de
forma bidireccional; el contenido o significado literal del pensamiento influye notablemente en
la psicología de la persona; es relacional y arbitrario; la función de los estímulos puede
transferirse a otros y/o transformarse; está sometido al control estimular ejercido por ciertas
claves contextuales (internas: como un pensamiento, un recuerdo, una sensación; y externas:
como ver a un estímulo u oír un ruido); puede ser reaccionario, respondiente, automático;
presenta un fuerte componente de control; suele actuar según ciertos hábitos tales como la
queja, la agresividad, la impaciencia, la búsqueda de reconocimiento, las justificaciones, etc.; es
fragmentario, divisorio, sectario; por lo que, no es holístico, no puede acaparar la realidad en su
totalidad; puede ser repetitivo, obsesivo, valorativo, rumiativo, comparativo, condenatorio,
recriminatorio, neurótico, etc., generando con ello gran sufrimiento.
Para terminar, baste con la descripción realizada por Ramiro Calle (2005) sobre el estado
de la mente ordinaria:
Mindfulness y psicología clínica
«El estado de la mente ordinaria engendra sufrimiento. La mente es conflictiva,
voraz, insatisfecha. Su signo es el de la confusión. Es inestable, confusa. A menudo es
víctima de sus propias contradicciones, su ofuscación, su avidez y su aversión. Está
empeñada por la ignorancia, la división. Ha recreado durante años una enrarecida
atmósfera de miedo, paranoia, hostilidad y egocentrismo. En ella arraigan venenos como
el odio, los celos, la envidia y tantos otros. No es una mente bella. A veces hemos hecho
de nuestra mente un verdadero estercolero. Limpiamos minuciosamente el cuerpo, pero
tenemos la mente en el abandono. Una mente confusa genera confusión; una mente
agresiva produce agresividad. Si la mente es el fundamento de todo, como
acertadamente declaraba Buda, según sea la calidad de la mente así será lo que resulte de
ella. En una mente competitiva, ofuscada, condicionada por la insatisfactoriedad, no
puede haber compasión. Una mente así ni siquiera puede cooperar provechosamente. Es
una mente que se debate en su propia zozobra. Tal es la mente propia de la mayoría de
los seres humanos. Una mente en desorden, sin frescura, sin inocencia, sin vitalidad. Una
mente así crea desamor, hostilidad, confusión sobre la confusión y ansiedad sobre la
ansiedad. Asentada sobre sus condicionamientos limitadores, salpicada de
contaminaciones, estrecha por hábitos coagulados, llena de obstrucciones, etc., una
mente tal carece de claridad, de apertura, de provechosa creatividad. Los enfoques que
se derivan de una mente en tales condiciones tienen que ser forzosamente erróneos y
perjudiciales. Este tipo de mente es nocivo para uno mismo y para los demás, genera
violencia sin límite, y desde luego, es inservible para la real búsqueda interior y la
evolución consciente» (pp. 27-28).
DELIMITANDO EL TERRENO
De forma resumida, y según lo visto anteriormente, podríamos decir que el
denominador común de todas estas tradiciones espirituales, culturas y autores, parece ser el
reconocimiento de que la mente o pensamiento (i.e., el lenguaje), es el responsable, o está a la
base, del sufrimiento humano (Mañas y Sánchez, 2006; Mañas, 2007a, 2007b, 2007c). Desde
una perspectiva analítica-conductual (o contextualista-funcional), algunos autores han
establecido relaciones explícitas entre el lenguaje, el sufrimiento y la psicopatología; incluso, han
especificado lo que denominan contextos verbales responsables del llamado Trastorno de
Evitación Experiencial (TEE), que es un diagnóstico funcional en contraste con los
diagnósticos sindrómicos del DSM (para una exposición detallada sobre la relación entre
lenguaje, sufrimiento y psicopatología, véase Hayes y Stroshal, 2004; Hayes et al., 1999; Hayes y
Wilson, 1994; y, especialmente Barnes-Holmes, Barnes-Holmes, McHugh y Hayes, 2004;
Luciano, Valverde y Martínez, 2004; y en castellano, véase por ejemplo Gómez, Mesa y López,
2007; Luciano, 2001; Luciano y Hayes, 2001; Luciano, Valdivia, Gutiérrez y Páez, 2006; Mañas,
Silva y Mesa, 2004; Mañas, 2007a; Wilson y Luciano, 2002).
Un aspecto central a tratar es el de la identificación. Nos identificamos con nuestro
pensamiento. Es decir, podemos llegar a creer que somos esa voz que habla sin cesar “dentro”
de nosotros. Es como si no hubiese nadie ahí “dentro” aparte de de esa voz. Una voz, que
como hemos visto anteriormente, habla y habla sin parar, sin un minuto de tregua… muchas
veces criticando, reprochando, comparando, analizando, fantaseando, etc. Esta identificación ha
sido descrita, por algunos analistas de conducta, con los términos cognitive fusion (e.g., Hayes,
Mindfulness y psicología clínica
2004a, 2004b; Hayes et al., 1999; Mañas, 2007c; Wilson y Luciano, 2002) que podríamos
traducir por algo así como “fusión cognitiva”. De hecho, mindfulness es considerado como una
técnica de cognitive defusion (ver Blackledge, 2007); en castellano, se utilizan los términos
“desactivación del lenguaje” o “desactivación cognitiva” para referirse a la cognitive defusion.
Cabe hacer explícito que al identificarnos con los pensamientos lo hacemos con las
“cosas” del mundo externo; más exactamente con la “idea” que tenemos de esa “cosa”. Por
ejemplo, nos identificamos con nuestra casa, con nuestro coche, con nuestro trabajo, con
nuestro nombre, etc. De tal modo que es como si, en cierto sentido, “yo” fuese la casa, el
coche, el trabajo, el nombre…, es como si parte de mí estuviera en ellos, o como si ellos
formaran parte de mí.
Probablemente, la archiconocida sentencia “Cogito, ergo sum” (“Pienso, luego existo”, o
también “Pienso, luego soy”) de René Descartes, haya tenido mucho que ver en el hecho de
haberle conferido al pensamiento un estatus privilegiado en nuestra cultura[8]. Descartes
delimitó (o más bien asentó) la frontera entre dos mundos: el físico y el mental (res extensa y res
cogitans, respectivamente). Equiparó pensar con ser; es decir, soy porque pienso. Pero, entonces, ¿si
no pensamos no somos? Y otra cuestión, si cabe, más interesante: ¿acaso quién escucha la voz,
es la voz que habla? Dicho de otro modo, el que se da cuenta, la parte de uno que se da cuenta
de la voz, parece no ser la voz. Es más, cuando nos damos cuenta de ella, la voz sigue y sigue…
indiferente, insensible; parece no percatarse de que “alguien” o “algo” se está dando cuenta.
Jean-Paul Sartre dijo: “La consciencia que dice ‘existo’ no es la consciencia que piensa”. ¿Es
esta parte de uno que se da cuenta, este observador, este testigo, esta presencia, este tipo de
atención especial, una dimensión de consciencia diferente? ¿De qué estado psicológico o estado
mental estamos hablando?
Otro punto capital es el hábito de reaccionar[9] automatizado de la mente. La mente está
siempre reaccionando: captura un estímulo (e.g., un agravio, un recuerdo desagradable) y
responde (e.g., ofendiendo, intentando eliminarlo). Parece no haber espacio en medio; entre el
estímulo y la respuesta. En ese reaccionar no hay consciencia, no hay discriminación del
proceso entre las relaciones conducta-conducta (entre pensar, sentir y hacer; establecidas
arbitrariamente en la historia de la persona). En cierto sentido, hay esclavitud. Es como una
marioneta controlada por los hilos de los pensamientos y por los hilos de las emociones.
Simplemente: observémonos a nosotros mismos. Mindfulness implica ver el proceso, ser
consciente de él; practicar mindfulness es generar un espacio entre los estímulos (externos e
internos) y las respuestas (externas e internas), creando entre ambos un tiempo para responder
más adecuadamente, más habilidosamente, aportando con ello cierta libertad. Mindfulness es
cortar los hilos que controlan los movimientos de la marioneta. Implica hacer una brecha, un
hueco, un espacio. Haciendo una comparación, nuestro modo de estar en la vida (nuestro
estado ordinario) es como si tuviésemos conectado el “piloto automático”; como si no
fuésemos conscientes de lo que nos ocurre realmente, como si estuviésemos dormidos,
hipnotizados. No hay nadie observando; sólo el animal (“racional”) reaccionando.
[8] No obstante, han sido también otros los acontecimientos que lo han propiciado. Por ejemplo, el desarrollo de
la Física como ciencia debido a su aproximación mecanicista y fragmentaria de la realidad, o porque ha resultado
muy útil en algunos ámbitos como el de la tecnología (Mañas, 2006).
[9] Se utiliza el término reaccionar para enfatizar su carácter respondiente y automatizado, es decir, inconsciente (o
no discriminado) para nosotros, y diferenciarlo así del término responder o comportarse que podría implicar hacerlo
de forma consciente, esto es, discriminando el proceso.
Mindfulness y psicología clínica
Un aspecto clave, es que este reaccionar automatizado o impulsivo de la mente, está
basado fundamentalmente en un movimiento dicotómico, cuya base es puramente hedonista:
ante algo agradable (e.g., agua o comida si estamos privados de ella o una sensación de
bienestar) reacciona aproximándose, acercándose, para intentar conseguirlo, mantenerlo o tener
más; y, por el contrario, ante una estimulación aversiva (e.g., quemarnos con un fuego o
recordar la muerte de un pariente) reacciona alejándose, evitando o escapando para eliminarlo y
no estar en contacto con ello. Estaríamos hablando de dos tipos de contingencias:
reforzamiento positivo y negativo respectivamente; que pueden aplicarse al campo de la mente
y el pensamiento y no sólo al de la conducta observable (Mañas, 2006). Esto puede ser
adaptativo, pero lo cierto es que en muchos casos genera sufrimiento. Mindfulness genera
autoconocimiento en torno a este proceso y habilidades (o un repertorio conductual) para
neutralizarlo y responder de un modo más efectivo. A través de la práctica de mindfulness se
desarrolla la habilidad de permanecer presentes con una ecuanimidad inalterable ante toda
experiencia o estimulación (tanto agradable como desagradable, de origen interno como
externo), por lo que la mente deja de responder con avidez y aversión (aproximándose y
alejándose), permaneciendo inmóvil, atenta, calma y serena (Mañas, Gómez, Sánchez,
Fernández y Franco, 2008). Se trata de entrenarnos en diferenciarnos de nuestros pensamientos
y emociones, de no dejarnos arrastrar por ellos, de dejar de reaccionar; se trata de permitirnos
simplemente estar, simplemente ser.
¿Es posible un estado en el que la mente no esté reaccionando continuamente? ¿Puede la
mente dejar de reaccionar? ¿Puede cesar la voz que habla sin parar? ¿Puede haber sólo silencio?
¿Es posible un estado mental caracterizado por la serenidad, la calma, la tranquilidad…, por la
paz? ¿Puede la mente dejar de viajar al pasado y al futuro? ¿Puede la mente permanecer en el
aquí y en el ahora? ¿Puede dejar de moverse? ¿Puede estarse quieta? ¿Puede permanecer
inmóvil?
EJERCICIO BÁSICO REPRESENTATIVO DE MINDFULNESS
Mindfulness puede ser practicado de múltiples y diferentes maneras y su aplicación no es
exclusiva para el paciente, sino que también lo es para el propio terapeuta. Como se verá en
otro lugar (Mañas, 2008), la práctica de mindfulness o meditación abarca desde la práctica más
ortodoxa o tradicional (sería el caso de la meditación vipassana más conservadora, la practicada
en un templo budista); pasando por practicarse como un componente terapéutico clave dentro
de un programa de intervención, (durante numerosas horas y de diferentes modos); hasta la
mera realización de uno o varios ejercicios de mindfulness aislados dentro del curso de una
terapia. Este trabajo recoge sólo un par de ejercicios básicos representativos de cómo se
practica mindfulness.
Normalmente, la práctica de la meditación mindfulness comienza con la práctica de la
meditación concentración. Esto se hace así, porque como ya se ha visto anteriormente, la mente está
siempre divagando continuamente de un lugar a otro, arrastrada por la corriente incesante de
pensamientos, emociones, etc. El primer objetivo de la práctica de mindfulness es aquietar la
mente, calmarla, tornarla serena y tranquila. Para ello, se entrenará a la mente a permanecer
centrada (o concentrada) en un solo punto, en un solo estímulo, de forma constante, de un
modo ininterrumpido. El estímulo seleccionado recibe normalmente el nombre de “objeto” de
meditación. El objeto de meditación utilizado por excelencia es la propia respiración.
Mindfulness y psicología clínica
Mantener nuestra atención sobre nuestra propia respiración parece un reto bastante
sencillo. Pero, ¿podemos hacerlo? ¿Podemos mantener nuestra atención sobre nuestra
respiración de forma continuada? ¿Podemos mantenerla durante un minuto? ¿Podemos durante
treinta segundos? ¿Y durante diez segundos? ¿Podemos?
Veamos detenidamente las instrucciones a seguir para realizar un ejercicio básico
representativo de mindfulness, propuesto por Kabat-Zinn (2003, p. 95):
1. Adoptemos una postura cómoda, tumbados de espaldas o sentados. Si optamos por
sentarnos, mantengamos la columna recta y dejemos caer los hombros.
2. Cerremos los ojos si así nos sentimos más cómodos.
3. Fijemos la atención en el estómago y sintamos cómo sube y se expande suavemente al
inspirar, y desciende y se contrae al espirar.
4. Mantengámonos concentrados en la respiración “estando ahí” con cada inspiración y
espiración completas, como si cabalgásemos sobre las olas de nuestra respiración.
5. Cada vez que nos demos cuenta de que nuestra mente se ha alejado de la respiración,
tomemos nota de qué es lo que la apartó y devolvámosla al estómago y a la sensación de
cómo entra y sale de él.
6. Si nuestra mente se aleja mil veces de la respiración, nuestra “tarea” será sencillamente
la de devolverla cada una de ellas a la respiración sin que nos importe en lo que se haya
involucrado.
7. Practiquemos este ejercicio durante quince minutos [todos los días y en el momento
que más nos convenga, nos agrade o no, una vez a la semana y veamos cómo nos
sentimos al incorporar una práctica disciplinada de la meditación en nuestras vidas.
Percatémonos de lo que se siente al pasar un rato todos los días nada más que estando
con nuestra respiración y sin tener que hacer nada].
Si realizamos este ejercicio, aparentemente sencillo, ahora mismo, durante un par de
minutos, nos percataremos de que nos resulta imposible mantener nuestra atención de manera
continuada en nuestra respiración más allá de unos pocos segundos. La atención se desvía
hacia, o es capturada por, pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones corporales, etc.,
rápida y constantemente. Parte de los resultados de una reciente investigación (Mañas, Luciano
y Sánchez, 2008) mostraron que, en general, la mayoría de los participantes instruidos a seguir
esta instrucción durante periodos de diez minutos, apenas mantuvieron la atención en la
respiración unos cuantos segundos de manera ininterrumpida. La mayoría de los sujetos
informaron que su atención se desvió más de veinte, treinta, cuarenta veces, durante periodos
de diez minutos, es decir, casi de forma continua. Otro dato interesante de esta investigación,
fue establecer una jerarquía entre los diferentes tipos de estímulos o contenidos que capturaban
la atención según su frecuencia. El primero de ellos fue el pensamiento (incluyendo también a
los recuerdos e ideas); después las emociones (incluyendo a los sentimientos); seguido de las
“imágenes mentales” y; por último, por otros estímulos (otra categoría que pretendía incluir al
resto de la estimulación posible, como por ejemplo ruidos).
Mindfulness es una habilidad, por tanto, es susceptible de ser aprendida, entrenada. Podría
decirse que al principio de la práctica, la atención pasa muy poco tiempo focalizada en la
respiración antes de ser capturada por algún estímulo; y, por el contrario, transcurre mucho
Mindfulness y psicología clínica
tiempo hasta que nos percatamos de que nuestra atención se ha desviado. Con la práctica los
tiempos se invierten. Es decir, cuanto más practiquemos, la atención permanecerá más y más
tiempo concentrada sobre la respiración; y, simultáneamente, cada vez tardaremos menos en
darnos cuenta de que la atención se había desviado. Con una práctica continuada nos resultará
posible mantener la atención focalizada en la respiración de manera constante, durante más y
más tiempo. Esto, en sí mismo, ya es meditación; es un estado meditativo; se producen
cambios, experiencias, comprensiones súbitas o insights, en ocasiones muy significativas, que son
experimentadas por el meditador.
La meditación vipassana ortodoxa, o más conservadora, utiliza los términos samadhi o
samatha para referirse a este estado mental alcanzado a través de la concentración. Estos
términos podrían traducirse por quietud, tranquilidad, paz o serenidad (también se ha traducido
como “dominio” o “control” mental). El estado o la práctica que le sigue a samadhi es prajña o
pañña (leído “paña”), que vendría a equipararse más con la práctica en sí de mindfulness.
Básicamente consiste en desarrollar una actitud de apertura radical a toda experiencia (tanto
agradable como desagradable) a través del desarrollo y mantenimiento de un estado de
ecuanimidad inquebrantable (Mañas et al., 2008; véase también Goleman, 2006). Samadhi es
considerado de gran importancia. Podríamos decir que meditar (en este caso hacer pañña o
mindfulness) es hacer una operación muy profunda dentro de nosotros mismos, donde practicar
samadhi, sería como crear el instrumento o el bisturí con el que vamos a operar.
A continuación se presentan las instrucciones de otro ejercicio de mindfulness, también
propuesto por Kabat-Zinn (2003, p. 95), para ser practicado a lo largo del día:
1. Sintonicémonos con nuestra respiración varias veces al día sintiendo cómo nuestro
estómago sube y baja un par de veces.
2. Démonos cuenta, durante esos momentos, de nuestros pensamientos y sentimientos
simplemente observándolos, sin juzgarlos ni juzgarnos.
3. Prestemos, simultáneamente, atención a cualquier cambio en la manera que tengamos
de ver las cosas y en los sentimientos sobre nosotros mismos.
Este último ejercicio, recoge de forma explícita quizá el componente más importante de
la práctica de mindfulness: observar sin juzgar ni juzgarnos. Dicho de otro modo, permanecer en
un estado donde no se esté reaccionando continuamente, incluyendo especialmente, la
elaboración de juicios valorativos, recriminatorios y condenatorios, normalmente hacia nosotros
mismos y hacia nuestras experiencias.
La meditación o mindfulness requiere de entrenamiento. Haciendo una analogía, es como
desarrollar un músculo. Un músculo que nunca, o casi nunca hemos utilizado, por lo que está
atrofiado o simplemente no se ha desarrollado. Es como el infante que aprende a caminar.
Nunca utilizó los músculos de sus piernas. Al principio, durante algún tiempo, el niño mueve las
piernas. Más tarde se arrastra. Luego, gatea a cuatro patas. Practica durante semanas, durante
meses. Cuando los músculos se han desarrollado intenta erguirse, ponerse en pie, pero se cae
constante y rápidamente. Él lo intenta sin cesar, una y otra vez, una y otra vez… Cuando logra
al fin levantarse, permanece muy poco tiempo en posición bípeda antes de caer. Más tarde,
consigue dar un pasito y se cae. Continúa practicando, una y otra vez, una y otra vez. Luego
logra dar dos pasitos y medio antes de caerse. Luego tres. Con el tiempo, cinco. Hasta que logra
recorrer algunos metros. Al principio se va apoyando en todo lo que encuentra a su paso; con la
Mindfulness y psicología clínica
práctica deja de requerir tales apoyos. Con el tiempo consigue desplazarse con facilidad.
Practicando durante años, desarrollará músculos fuertes en sus piernas y otras habilidades como
el mantenimiento del equilibrio, la orientación, etc., y podrá caminar, incluso correr, saltar,
bailar, etc. Entrenarse en mindfulness es como aprender a caminar, requiere de práctica, mucha
práctica. Hacer samadhi, esto es, mantener la atención focalizada en un solo punto, percatarse de
cuando es capturada por otro estímulo y redirigirla de nuevo al objeto de meditación, sería
equivalente a todos los esfuerzos e intentos del infante para aprender a caminar; y hacer pañña,
con el desarrollo de habilidades como el equilibrio y la orientación, con ser capaces de correr,
saltar y bailar.
Haciendo otra comparación, es como si la mente ordinaria fuese un caballo salvaje. El
caballo lleva toda la vida yendo de un lugar a otro, galopando salvajemente a su antojo, según
sus instintos, según sus necesidades. Entrenarse en mindfulness es como domesticar al caballo.
Primero conseguiremos que se calme, que se tranquilice (recordemos que es salvaje y que nunca
lo han tocado, acariciado, que nunca ha visto a un humano). Una vez que se ha tranquilizado,
podremos acercarnos más y más, y suavemente, con calma y mucha paciencia (es decir,
practicando y practicando samadhi) el caballo se estará quieto, muy quieto, casi inmóvil y,
entonces, conseguiremos colocarle la silla de montar. Después podremos montarnos sobre ésta,
coger las riendas, y ordenarle al caballo que se dirija hacia donde queramos (esto sería parte de
la práctica de pañña).
OBJETIVO Y ORÍGENES DEL MINDFULNESS
El sufrimiento es inherente a la condición humana. Está a la base de la mayoría de los
diagnósticos clínicos. Es una experiencia compartida por todos los miembros de nuestra
especie, a través de las diferentes culturas, a lo largo de toda la historia de la humanidad. El
principal objetivo de la psicología, y más específicamente de la Psicología Clínica, es contribuir
al alivio del sufrimiento humano. Este es el objetivo primigenio del mindfulness.
Mindfulness no es algo nuevo, tratamos con algo realmente antiquísimo. No obstante,
hace muy poco tiempo (apenas treinta años en los Estados Unidos y actualmente en España)
que mindfulness ha acaparado la atención de la Psicología Clínica y ha sido incluido dentro de una
gran variedad de intervenciones y terapias psicológicas; de forma explícita o implícita; de un
modo exclusivo; o bien, integrándolo como un componente más dentro de un programa de
tratamiento compuesto por múltiples elementos o técnicas clínicas. De forma resumida podría
decirse, y siguiendo a Bishop et al. (2004), que la psicología contemporánea, ha adoptado al
mindfulness como una técnica para incrementar la consciencia y para responder más
habilidosamente a los procesos mentales que contribuyen al desarrollo de trastornos
psicopatológicos y a otro tipo de problemas del comportamiento.
¿De dónde viene? ¿Cuáles son sus orígenes? Mindfulness representa el corazón de las
enseñanzas originales de Siddhartha Gautama Sakyamuni, popularmente más conocido como
Buda (563 a. C.). El origen del mindfulness es el Budismo, concretamente el Budismo
Theravada[10], por lo que mindfulness tiene más de 25 siglos de antigüedad.
[10] El Budismo Theravada es una de las tres grandes clasificaciones del Budismo (practicado principalmente en
Tailandia, Birmania, Camboya y en Vietnam). Las otras dos son el Budismo Mahayana (que se corresponde con el
Budismo Zen y se localiza fundamentalmente en Vietnam, China, Japón y Corea) y, el Budismo Vajrayana
(relacionado con el Budismo Tibetano; originario del propio Tíbet, aunque también practicado en China y Japón).
Mindfulness y psicología clínica
Básicamente, el principal objetivo de las enseñanzas de Buda fueron, y continúan siendo,
la erradicación o cese del sufrimiento humano (e.g., Dalai Lama, 2007; Fulton y Sieguel, 2005;
Sogyal, 1994). La meditación o mindfulness, ideada y transmitida por Buda, constituye el método
o la vía para la consecución de dicho objetivo; mindfulness es considerado como “el corazón” de
la meditación budista (e.g., Nianaponika Thera, 1962, 1965; Silananda, 1990).
La transmisión de estas enseñanzas se corresponde con dos discursos o sermones de
Buda; a saber: el Anapanasati Sutra (Rosenberg, 1999) y el Satipathana Sutra (Nianaponika Thera,
1962). Después de más de dos siglos tras la muerte de Buda, estas enseñanzas fueron recogidas
en el Abhidharma, que es una de las tres divisiones de los textos esenciales del Budismo (las
otras dos son Sutta y Vinaya). El Abhidharma podría considerarse como la base de los
fundamentos teóricos del mindfulness (e.g., Nianaponika Thera, 1965, 1973, 1998), y el
Contextualismo Funcional su marco filosófico de referencia (véase Germer 2005a, pp. 24-26;
para una exposición más detallada sobre el Contextualismo Funcional y su relación con la
psicología, véase Biglan y Hayes, 1996; Guifford y Hayes, 1999; Hayes, 1993; Hayes, Hayes y
Reese, 1988; ver también Pepper, 1942).
Mindfulness se corresponde con un tipo de meditación denominada meditación vipassana
bhavana, o simplemente meditación vipassana (su nombre completo es Anapanavipassana que
significa “plena consciencia de la respiración”), y es la más antigua de todas las prácticas
meditativas budistas (para una descripción más exhaustiva de la meditación vipassana, véase por
ejemplo Calle, 1998; Hart, 1994; Thera, 2008; y para una aproximación a la meditación se
recomienda ver por ejemplo Calle, 2005; Harrison, 2004; Franco, 2007; y Sogial, 1994). A la
meditación vipassana también se la conoce como meditación insight o, simplemente, como meditación
mindfulness (en psicología generalmente se suele utilizar meditación mindfulness en lugar de
meditación insight).
La Psicología Budista diferencia dos métodos o tipos de meditación: la meditación insight
(vipassana o mindfulness) y la meditación concentración (samatha o samadhi) (véase por ejemplo Bishop
et al., 2004; Germer, 2005a, p. 15). Aunque se haya establecido esta diferenciación entre ambos
métodos, realmente la tradicional u ortodoxa meditación vipassana también implica, al menos al
inicio de su práctica, a la meditación concentración (Mañas et al., 2008; véase también Germer,
2005a). Ambos tipos de meditación parecen actuar sobre diferentes estructuras neuronales. De
forma resumida podría decirse que la meditación insight produce una activación del sistema
nervioso, en oposición a los efectos de la meditación concentración, donde lo que se consigue es una
respuesta de relajación (para más detalle sobre los cambios cognitivos, neurobiológicos y
anatómicos producidos por la meditación, véase Lazar, 2005, pp. 230-236).
DEFINIFICIÓN Y SIGNIFICADO DEL MINDFULNESS
La transmisión o comunicación de lo que es mindfulness, de su significado, implica una
gran dificultad. Los budistas dicen: “El dedo que señala a la Luna, no es la Luna”. De igual
modo, podríamos decir: “Las palabras aquí impresas, no son mindfulness”. Por aquí decimos:
“Una imagen vale más que mil palabras”. En este contexto podríamos apuntar: “Una
experiencia mindfulness vale más que leer mil artículos de mindfulness”.
La definición ofrecida por el Diccionario de la Real Academia Española, del término
“meditación” es: «Acción y efecto de meditar»; y el de “meditar”: «Aplicar con profunda
Mindfulness y psicología clínica
atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o
conseguirlo». Sin embargo, estas definiciones no coinciden enteramente con el verdadero
significado de lo que es la meditación en el ámbito que aquí nos compete. Occidente no
dispone de una terminología precisa para designar estados mentales descritos, en ocasiones de
forma amplia y muy profundamente, por Oriente.
De forma resumida, podríamos decir que “mindfulness” es el nombre que le han dado a la
meditación en Occidente. Dicho de otro modo, por no utilizar la palabra “meditación” utilizan
el término “mindfulness”; especialmente en el ámbito de la de la salud en general y en el de la
psicología en particular.
Mindfulness es un término inglés que no tiene traducción al castellano; lo mismo ocurre
con otras palabras como awareness o insight. Mindfulness es la traducción inglesa de la palabra Sati.
Sati es una palabra que procede de una lengua llamada Pali. Pali era la versión popular hablada
del sánscrito en la región donde vivió Buda y fue la misma que él utilizó en la transmisión de
sus enseñanzas. Sati incluye varios significados en inglés: awareness, attention y remembering (para
más detalle véase Germer, 2005a, p. 5).
Existen múltiples traducciones al español de la palabra Sati, por ejemplo: atención
desnuda, toma de conciencia, presencia alerta, alerta relajada, consciencia pura, visión clara,
visión cabal, o simplemente, meditación. No obstante, la traducción más utilizada en castellano
es “Atención Plena”. Atención plena también podría ser la traducción de Appamada; otra
palabra pali cuyo significado es “sin descuido” o “ausencia de locura”.
Mindfulness ha sido definido de múltiples maneras. Algunas definiciones de mindfulness, o
atención plena, son las siguientes: “Es la consciencia que emerge a través de poner atención
intencional, en el momento presente, de manera no condenatoria, del flujo de la experiencia
momento a momento” (Kabat-Zinn, 2003, p. 145); “es el mantenimiento de una consciencia
viva a la realidad del momento presente” (Hanh, 1976, p. 11); “es la observación no
condenatoria del fluir de toda la estimulación externa e interna tal como ella aparece” (Baer,
2003, p. 125); “es el mantenimiento de una atención completa a la experiencia momento a
momento” (Marlatt y Kristeller, 1999, p. 68); “es la clara y simple consciencia mental de lo que
nos está ocurriendo a nosotros y en nosotros en los sucesivos momentos de la percepción”
(Nianaponika Thera, 1972, p. 5); “es una atención y consciencia receptiva a los eventos y
experiencias presentes” (Brown y Ryan, 2003); “es la acción de desarrollar y mantener un
determinado tipo de atención especial a la experiencia presente, momento a momento, con una
actitud de aceptación radical, libre de todo control y juicios de valor” (Mañas, 2007c).
Jon Kabat-Zinn (2003), quién introdujo el mindfulness en occidente, describe este
característico modo de observar de la siguiente manera: «Consiste en el proceso de observar
expresamente cuerpo y mente, de permitir que nuestras experiencias se vayan desplegando de
momento en momento y de aceptarlas como son. No implica rechazar las ideas ni intentar
fijarlas ni suprimirlas ni controlar nada en absoluto que no sea el enfoque y la dirección de la
atención. [...] La atención plena no implica intentar ir a ningún sitio ni sentir algo especial, sino
que entraña el que nos permitamos a nosotros mismos estar donde ya estamos familiarizados
mas con nuestras propias experiencias presentes un momento tras otro». Otra definición
mucho más escueta ofrecida por Kabat-Zinn es: “Prestar atención de manera intencional al
momento presente, sin juzgar”.
Mindfulness también ha sido definido en términos de una habilidad meta-cognitiva
Mindfulness y psicología clínica
(Bishop et al., 2004); de una capacidad autorreguladora (Brown y Ryan, 2003); de una habilidad
de aceptación (Linehan, 1994); y en términos de control atencional (Teasdale, Segal y Williams,
1995), entre otros. Por otro lado, Germer, (2005a, p. 7), diferencia tres elementos
fundamentales ligados a la definición de mindfulness: (1) consciencia, (2) a la experiencia
presente, (3) con aceptación (para más detalle sobre el concepto de mindfulness en psicología ver
Bishop et al., 2004; Brown y Ryan, 2004; y Hayes y Feldman, 2004). No obstante, y como
afirma Gunaratana (2002): “Mindfulness no puede ser completamente capturado con palabras,
porque es muy sutil, es una experiencia no verbal”.
ELEMENTOS Y COMPONENTES CLAVES DEL MINDFULNESS
¿Cuáles so los componentes y elementos claves implicados en la práctica de mindfulness?
Dicho de otro modo, ¿cuáles son los procesos psicológicos involucrados en la práctica de los
ejercicios detallados anteriormente? Como se verá a continuación, existen múltiples y diferentes
propuestas. Sin embargo, es relativamente sencillo establecer comparaciones y nexos de unión
entre unas y otras.
Como se ha indicado anteriormente, son tres los elementos claves del mindfulness
propuestos por Germer (2005a, p. 7): (1) consciencia; (2) el momento presente; (3) y
aceptación. Estos tres elementos son interdependientes, es decir, se relacionan entre si. A su
vez, el primero de ellos, la consciencia, se divide en tres componentes diferentes: (a) parar; (b)
observar; y (c) volver (para más detalle, véase Germer, 2005b, pp. 116-119). Desde la
perspectiva de mindfulness, aceptación se refiere a ver las cosas tal cual ellas son en el momento
que nosotros llegamos a conocerlas, aceptando las experiencias placenteras y dolorosas tal cual
ellas aparecen (Germer, 2005a).
Con el objetivo de realizar una definición operativa de mindfulness, Bishop et al. (2004)
diferencian dos tipos de componentes implicados. El primer componente es el de la
autorregulación de la atención. El objetivo principal de este componente es el mantenimiento y
la re-dirección de la atención, implicando además la conducta de selección de estímulos
concretos. De este modo, se incrementa el reconocimiento de los eventos mentales en el
momento presente. Los procesos que incluye mindfulness o la atención plena son: (a) atención
sostenida; (b) conmutación de la atención; e, (c) inhibición de la elaboración de pensamientos,
sentimientos, sensaciones y emociones. El segundo componente propuesto por estos autores
es la orientación hacia la experiencia. Este componente implica adoptar un tipo de relación
particular hacia las propias experiencias en el momento presente. Este tipo de relación se
caracteriza por una actitud de curiosidad, apertura y aceptación. De este modo, se aprende a no
reaccionar automáticamente a la estimulación que se esté percibiendo.
Los elementos esenciales del mindfulness indicados por Vallejo (2006) son: (a) Centrarse
en el momento presente; (b) apertura a la experiencia y a los hechos; (c) aceptación radical; (d)
elección de las experiencias; y, (e) renunciar al control de los pensamientos, emociones, etc.
Por otro lado, Germer (2005a, p. 9) distingue diferentes cualidades para lo que denomina
“momentos mindfulness”: (a) No-conceptual. Mindfulness es consciencia sin quedar absortos en
nuestros propios procesos de pensamiento; (b) Centrado en el presente. Es decir, centrado en el
aquí y ahora”, no divagando en cuestiones relacionadas con el pasado o el futuro; (c) No-
condenatorio. Esto es, experimentar algo radical y enteramente sin elaborar juicios de crítica y
Mindfulness y psicología clínica
valoraciones como bueno o malo, positivo o negativo, correcto o incorrecto, etc; (d)
Intencional. Mindfulness siempre incluye la intención de dirigir la atención hacia algo, y de re-
dirigirla hacia ese algo cuando la atención se haya dispersado hacia otro lugar; (e) Observación
participante. Mindfulness no es desarrollar un testigo imparcial, sino que se trata de experimentar
la mente y el cuerpo de un modo muy íntimo; (f) No-verbal. La experiencia mindfulness no puede
ser capturada en palabras porque la consciencia ocurre antes de que las palabras aparezcan en la
mente; (g) Exploratorio. La consciencia mindfulness esta siempre investigando de forma muy sutil
los diferentes niveles de percepción; (h) Liberador. Cada momento de consciencia mindfulness
produce un estado de liberación del sufrimiento condicionado. Estas ocho cualidades podrían
ser consideradas como elementos claves, componentes o procesos psicológicos implicados en la
práctica de mindfulness.
Por otro lado, Hayes y Wilson (2003) ha indicado que algunos elementos importantes
relacionados con mindfulness son la exposición, el cambio cognitivo, la autorregulación, la
relajación y la aceptación.
Por su parte, Kabat-Zinn (2003) señala los siguientes elementos capitales relacionados
con la actitud hacia la práctica de la atención plena: (a) No juzgar; (b) paciencia; (c) mente de
principiante; (d) confianza; (e) no esforzarse; (f) aceptación; y, (g) ceder. Por otro lado, también
hace explícito la relevancia del compromiso, la autodisciplina y la intencionalidad durante la
práctica (para más detalle véase Kabat-Zinn, 2003, p. 67-81).
Para finalizar, se describen brevemente los tres componentes claves de la tradicional u
ortodoxa meditación vipassana (Mañas et al., 2008). Estos son: Síla, samadhi y pañña. Algunos han
sido comentados con anterioridad. Sila está relacionada con los preceptos o normas morales;
con la ética y la disciplina. Samadhi es el dominio o control de la mente; se alcanza a través de
un entrenamiento basado en mantener concentrada a la mente en un solo punto. Pañña es el
proceso de purificación de la mente. La práctica de pañña, la sabiduría de pañña, se asienta sobre
la comprensión de la verdad o realidad de anicca, que podría traducirse por impermanencia o
cambio. A través de la práctica de pañña se desarrolla un estado de ecuanimidad inquebrantable
ante toda estimulación, tanto agradable como aversiva. De forma muy resumida podríamos
decir que pañña consiste en entrenar a la mente a no reaccionar con avidez o aversión ante la
estimulación y experiencias que se van presentando momento a momento durante la práctica de
la meditación. Esta estimulación que emerge (agradable y desagradable) recibe el nombre de
sankaras. A través de la práctica continua, la mente deja de reaccionar a los sankaras, provocando
con ello que la aparición de estos disminuya progresivamente, hasta llegar a extinguirse. La
mente deja de reaccionar con aversión y avidez desapareciendo su hábito de funcionar de forma
errática y compulsiva, desapareciendo con ello la ignorancia y desarrollándose un gran
autoconocimiento.
CONCLUYENDO
La antiquísima meditación vipassana, originaria del Budismo, está siendo actualmente
utilizada por la Psicología, y otras Ciencias de la Salud, bajo la rúbrica de meditación mindfulness.
Son múltiples las terapias y aproximaciones que actualmente la emplean, y lo hacen de modos
muy diferentes (véase Mañas, 2008). Mindfulness se presenta a la Psicología, y muy especialmente
a la Psicología Clínica, como una alternativa terapéutica, como una nueva técnica de
intervención o método clínico, o incluso si se prefiere, como una filosofía de intervención, e
Mindfulness y psicología clínica
Quizá uno de los aspectos más definitorios de la técnica sea que a través de la práctica se
desarrolla y mantiene un repertorio caracterizado principalmente por establecer un tipo de
relación muy especial (muy diferente al usual) con nuestros eventos privados (i.e., pensamientos,
emociones, recuerdos, sensaciones, etc.), es decir, con nosotros mismos y, por consiguiente, con
la manera en la que vivimos nuestra vida y nos relacionamos con los demás. Este tipo de
relación especial se basa fundamentalmente en ser conscientes de nuestros eventos privados,
esto es, percatarnos de ellos, darnos cuenta, discriminarlos, etc., en definitiva, diferenciarnos de
ellos, dejar de identificarnos con ellos. La meditación o mindfulness genera autoconocimiento, es
decir, facilita la discriminación de nuestro propio comportamiento. También implica observar
nuestros eventos privados sin juzgarlos ni juzgarnos a nosotros mismos, aceptándolos tal cual
son, tal cual aparecen y desaparecen, abandonando la lucha y el control, desapareciendo la
reacción compulsiva y errática, manteniendo una actitud serena y atenta.
La idiosincrasia de la propia técnica, hace que resulte especialmente valiosa en la praxis
de la Psicología Clínica. Por ejemplo, uno de los principales objetivos de intervención de la
mayoría de las terapias cognitivas clásicas y las terapias cognitivo-conductuales tradicionales que
imperan actualmente, es el control, la eliminación, la sustitución, el cambio, etc., de los
pensamientos negativos por otros más deseables. Sin embargo, en ocasiones esto no funciona y
genera más problemas y sufrimiento. Diferentes investigaciones han demostrado que tales
intentos de control pueden llegar a incrementar la intensidad, la frecuencia, la duración, e
incluso, la accesibilidad a la estimulación no deseada (e.g., Cioffi y Holloway, 1993; Gross y
Levenson, 1993, 1997; Gutiérrez, Luciano, Rodríguez y Fink, 2004; Webner y Erber, 1992). En
este contexto, mindfulness representa una alternativa terapéutica muy valiosa. Se desea hacer
explícito que el objetivo de mindfulness no es dejar de pensar o no tener eventos privados
desagradables; sino más bien, de lo que se trata es de desarrollar un repertorio especial, más
flexible y útil, para relacionarnos con ellos. Dicho de otro modo, se trata de aprender a estar –y
ser– con nosotros mismos de un modo muy diferente; de una manera auténtica y genuina,
profunda, intensa y llena de vida.
Es interesante advertir que desde un punto de vista conductual podría considerarse la
práctica de samadhi como un proceso de transferencia del control ejercido por unos estímulos
hacia otros. Es decir, quizá el fuerte control contextual que ejerce el contenido literal de un
pensamiento o una sensación (e.g., “no valgo para nada” y miedo, respectivamente), pueda
transferirse a las sensaciones propioceptivas producidas por la propia respiración. O bien,
podría tratarse de un proceso de extinción (e.g., del control ejercido por una emoción) y de un
proceso de discriminación progresiva (i.e., sentir cada vez más y más la sensación producida por
la propia respiración y de forma más continuada) que facilitaría, en último término, el desarrollo
de ciertas claves contextuales, que con la práctica llegarían a ejercer mayor control que las
previas. Por lo que la mente, dejaría de ir de un lugar a otro, cesaría su movimiento, quedaría
sometida a otro tipo de control contextual u otras claves estimulares diferentes (en este caso las
sensaciones propioceptivas de la respiración). Quizá, incluso, quepa plantearnos que pueda
dejar de estar sometida bajo control contextual. En cuanto a la práctica de pañña, quizá los
procesos conductuales implicados más evidentes sean el de la extinción (producida por la
exposición a los eventos privados) y el de desarrollar ciertas operantes, que conformarían clases
de respuestas (en el sentido más funcional o skinneriano). Practicar, desarrollar y mantener una
conducta (actitud) ecuánime ante cierto tipo de estimulación mientras meditamos sentados en
Mindfulness y psicología clínica
una habitación, podría suponer desarrollar un repertorio que pudiera aplicarse en otros
contextos y condiciones muy diferentes, a través de conductas también topográficamente muy
diferentes pero con idéntica función.
Es probable que hayamos experimentado a lo largo de nuestra vida ciertos momentos
que podríamos denominar momentos mindfulness o momentos meditativos. Sin embargo,
probablemente nos resulta difícil recordarlos, ya que suelen ser muy poco frecuentes, y
principalmente, porque normalmente nos pasan desapercibidos, es decir, no los discriminamos.
La realización de ciertas actividades podría propiciar o generar determinados estados, sino
estados mindfulness per se, sí estados que podemos discriminar como diferentes al estado
ordinario o habitual de la mente. Dicho de otro modo, podemos discriminar que nuestro estado
mental o psicológico ha cambiado. Estas actividades podrían ser muy diferentes, como por
ejemplo: hacer un típico ejercicio de relajación, hacer deporte o algún esfuerzo físico
considerable, practicar Tai-Chi, Yoga o Qi-Gong, hasta, por ejemplo, rezar el propio rosario. En
un sentido estricto, y desde un punto de vista funcional, los procesos psicológicos implicados
en rezar el rosario (como hacen los cristianos), podrían no ser muy diferentes de aquellos
involucrados en recitar un mantra (como hacen los budistas), danzar sobre uno mismo (como
hacen los derviches), ingerir ciertas sustancias psicotrópicas (como hacen los chamanes) o tocar
la guitarra (como lo hizo Jimi Hendrix). Por lo que, practicar diferentes actividades, aunque en
apariencia muy diferentes (i.e., topográficamte distintas) podrían producir efectos muy similares
(i.e., podrían ser funcionalmente equivalentes).
Los humanos hemos ido y regresado con vida de la Luna. Hemos descifrado el genoma
humano. Hemos logrado hacer crecer células madre de médula ósea hasta convertirlas en
tejidos de órganos específicos, como el corazón. Recientemente, hemos creado, y ubicado bajo
tierra, lo que hemos denominado “la máquina del siglo XXI” (el Gran Colisionador de
Hadrones o LHC), comúnmente llamado el gran acelerador de partículas, que mide veintisiete
kilómetros de longitud. En esta ocasión buscamos “la partícula de Dios”. Parece ser que hemos
avanzado mucho tecnológicamente pero, ¿en qué grado lo hemos hecho psicológicamente?
Este trabajo comenzó con una cita de Albert Einstein y termina con un poema de Pablo
Neruda (tomado de Kabat-Zinn, 2003, pp. 518-519). La poesía puede ser como una mirada,
como una caricia…, hace posible comunicarnos como no lo hacen las palabras.
Mindfulness y psicología clínica
Mindfulness y psicología clínica
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