Mindfulness no tiene una palabra equivalente en el idioma español pero podríamos traducirla como atención plena. Para alcanzar la conciencia plena debemos entrar a través de la relajación. Un verdadero desafío para esta vida acelerada de hoy día. Una manera de lograrlo es al modo en Krishna nos sugiere en el Bhagavad Gita, capítulo 2, esloca 38 (trad. Ed.Hastinapura):
“Aceptando por igual el placer y el dolor, la ganancia y la pérdida, el triunfo y la derrota, apréstate a la batalla. Así no caerás en error.”
Practicar la atención plena implica percibir la realidad como si se tratara de la primera vez, despojándose de cualquier expectativa previa. . Esto permite descubrir nuevos aspectos ya que cuando se observa algo con un prejuicio sólo se ve aquello que se espera ver. La atención plena es mirar la realidad con ojos recién estrenados, con ojos de principiante.
Cuando la información procedente de los órganos de los sentidos se abre paso a través de sistemas sensoriales hacia zonas cada vez más elevadas del sistema nervioso, se ve constreñida y modelada por la actividad nerviosa de extensas redes neuronales, que la filtran con criterios basados en la experiencia vital previa de cada sujeto.
En términos neurofisiológicos, esa influencia que nos filtra la percepción de la realidad ha sido bautizada por Engel, Fries y Singer (2001) como procesamiento de arriba abajo, en oposición al procesamiento de abajo arriba, que describe la entrada de información “fresca” desde los órganos sensoriales.
Hay amplia evidencia – escriben Engel, Fries y Singer (2001)-, de que el procesamiento de estímulos está controlado por influencias de arriba abajo que conforman poderosamente las dinámicas intrínsecas de las redes tálamo - corticales y crean constantemente predicciones acerca de los eventos sensoriales entrantes. ¨
Los procesos de arriba abajo poseen un alto valor para la supervivencia al facilitar una toma rápida de decisiones, necesarias para sobrevivir.
En ese proceso de clasificación de la información, que trata de hacer encajar todo lo nuevo en categorías y moldes viejos se pierde una gran parte del material entrante, precisamente la más novedosa, la que no se deja asimilar fácilmente a las categorías previamente establecidas.
El sistema impone una serie de filtros automáticos que resaltan los aspectos ya conocidos de la realidad y atenúan, o eliminan del todo, los aspectos novedosos de la misma.
Los procesos de arriba abajo son muy poderosos ya que como dice Siegel (2007), están respaldados por una conectividad neural muy potente –mucho más potente que la incertidumbre de vivir en el aquí y ahora.
La información del aquí y ahora (de abajo arriba) tiene, por tanto, muchas dificultades para hacer llegar a la conciencia su auténtico mensaje. Esa información entrante o primaria ha sido clasificada por Siegel (2007) en 8 sentidos o corrientes de información sensorial, clasificación muy útil, sobre todo a la hora de representarnos mentalmente la información que manejamos al practicar la atención plena.
Estos ocho sentidos son: los cinco órganos de los sentidos clásicos, la interocepción (incluyendo las sensaciones viscerales y propioceptivas), la comprensión de la mente (de la propia y de la ajena) y, por último, el octavo sentido, el relacional, que nos informa sobre la existencia de resonancia o disonancia en nuestras relaciones interpersonales.
Lo interesante es que podemos relacionar cada una de las ocho corrientes informativas, o aferentes (de abajo a arriba) con sus zonas cerebrales correspondientes. Los cinco sentidos tradicionales tienen sus áreas primarias en las regiones posteriores de la corteza cerebral (menos el olfato).
Las sensaciones interoceptivas implican a la porción somatosensorial de la corteza y las zonas medias prefrontales, junto con la ínsula, que mapea estados viscerales.
En los estados de auto-conciencia interviene la corteza prefrontal medial y en la elaboración de las relaciones interpersonales están implicados los circuitos de células en espejo y la propia corteza prefrontal medial.
En condiciones normales, toda esa riqueza informativa se ve restringida por las influencias de arriba abajo, que ejercen su papel simplificador y modulador a todos los niveles. Entonces los matices presente en los niveles sensoriales iniciales se va perdiendo a medida que los procesos de arriba abajo surten su efecto y asimilan su contenido informativo a categorías previamente determinadas.
La pregunta es cómo hacemos para desactivar el proceso de arriba abajo, para mirar la realidad con ojos de principiantes.
El mindfulness es la técnica que nos permite prestar una atención más plena a esas ocho corrientes de información que acceden al espacio de la conciencia. Al prestar una atención especial y detallada a la información entrante, comenzamos a dificultar el funcionamiento de los procesos de arriba abajo y favorecemos la llegada de más riqueza informativa a las instancias prefrontales.
El proceso de prestar una atención especial a cualquiera de las ocho corrientes informativas requiere que una parte del cortex prefrontal, concretamente la corteza prefrontal dorso-lateral (CPFDL) , se active al tiempo que recibe la información que está siendo privilegiada en ese momento.
A su vez al tener la atención dirigida a las corrientes sensoriales (con la participación de la CPFDL estamos implicando nuestra capacidad de auto-observación, es decir la metacognición que nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha (y que implica la intervención de las zonas más mediales del cortex prefrontal, incluyendo la corteza órbitofrontal) entonces tendremos la oportunidad de flexibilizar la respuesta, desconectando, por decirlo así, la automaticidad que, se produce cuando dejamos que la corriente de arriba abajo module la respuesta. Esto se conoce como SODA; Si Observas, Desconectas la Automaticidad.
.Es interesante señalar que si la auto-observación se mantiene durante bastante tiempo (como la práctica cotidiana y constante de mindfulness permite), llega un momento en que realmente podemos ver o apreciar las características de los procesos de arriba abajo.
La auto observación, es decir la metacognición nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha flexibilizando las respuestas y desconectando, la automaticidad con la que habitualmente nos manejamos.
Al desechar los juicios previos nos abrirnos a la novedad y aceptamos la incertidumbre.
La mente sin expectativa es como un observador que ve pasar las emociones pero no se implica con ninguna. De esta manera, la mente del observador va adquiriendo apertura, flexibilidad y paciencia. Simplemente, observa y aprende.
A nivel neurofisiológico está comprobado que el mindfulness estimula la zona prefrontal de la corteza que según Stuss y Benson (1986 ) funciona en tres niveles.
El primer nivel es el de integración y organización de la información procedente de otras regiones cerebrales posteriores, con la finalidad de formar representaciones cargadas de sentido.
La información integrada se refiere tanto a aspectos cognitivos, como afectivos y motores. El segundo nivel se encarga de lo que se denominan funciones ejecutivas, que son aquellas que dirigen y controlan las conductas integradas del organismo (especialmente en respuesta a situaciones nuevas), que requieren soluciones creativas y que no pueden ser afrontadas por los mecanismos automatizados de rango inferior. Y el tercer nivel se encarga de la auto-conciencia, de la conciencia del propio self y de la propia mente. En los últimos años esta función se ha ampliado también al conocimiento de la mente de los demás, la llamada tdreoría de la mente.
Según el Dr. Simon la práctica prolongada de mindfulness, produce cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cerebrales cruciales para los procesos de integración, cambios que, yendo más allá de la actividad concreta que los provocó, acaban modificando una gran cantidad de comportamientos y formas de reacción del individuo, de manera que tienen un efecto multiplicador sobre su vida y sus relaciones interpersonales.
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